sábado, 3 de mayo de 2014

Adiós, Montevideo Querido!

Regresamos a Washington. Antes del primero de agosto. Desde que lo supe, he comenzado a despedirme de Montevideo con nostalgia adelantada. Saboreando cada detalle. Ha sido un año magnífico. El mejor. (Aunque una espera que cada nuevo año sea mejor que el anterior). He disfrutado intensamente y trataré de seguirlo haciendo hasta el último minuto que me quede en la ciudad donde, parafraseando la vieja canción, queda enterrado mi corazón.

miércoles, 29 de enero de 2014

La Playa

Enero es el mes de la playa. Mientras Punta del Este se llena de argentinos y brasileños, los orientales se van a las playas de Rocha. Rocha es el último departamento de Uruguay por el lado de la costa antes de llegar a Brasil. Para llegar allá la carretera pasa por paisajes rurales preciosos: alguna que otra plantación de soya y olivares, pero la gran mayoría del viaje se ven inmensos pastizales con vacas coloradas y otras con ovejas recientemente trasquiladas. Lo que J que hizo caer en cuenta es que lo que lo hace aún más hermoso es que no hay gente. No hay vendedores a la vera del camino, no hay caseríos, solo unas pocas estaciones de policía, que son unas casas pintadas de azul con una bandera uruguaya y un letrero, y algunas escuelas rurales.

Hemos pasado en Rocha los dos últimos fines de semana. El primer fin de semana fuimos a explorar. Salimos el viernes de Montevideo a la salida del trabajo de J y llegamos a la playa Jose Ignacio (en Maldonado, no en Rocha) a las 7. José Ignacio es la playa chic del momento. La gente linda de Argentina va ahí. Es bastante recluida porque la carretera que llega ahí desde Punta se acaba después de algunos kilómetros más porque falta un puente para cruzar un lago. La playa es impecable. Tuvimos la suerte que el mar estaba tibio, así que estuvimos saltando olas por más de una hora. Después deshicimos camino y fuimos a Punta, donde habíamos contratado una habitación de hotel por internet.

A la mañana siguiente salimos hacia Rocha. Visitamos La Paloma, La Pedrera y Barra Valiza. Me encantó la Pedrera. El pueblito es bellísimo, estilo hippy-chic, con lugares muy agradables donde comer y casas pequeñas pero buenas. La Paloma no nos gustó. Es un pueblo más antiguo, seguramente, la primera playa de Rocha que se desarrolló y no tiene ninguna gracia, excepto una playa muy buena, pero todas las playas de Rocha son magníficas. Barra Valiza no nos gustó tampoco: puro hippy, nada chic. Muchas carpas, muchos jóvenes, mucha guitarra. La gracia de Barra Valiza son unas dunas espectaculares que uno siente que por detrás de una de ellas va a aparecer, en cualquier momento, Lawrence of Arabia a todo galope. Almas más aventureras que nosotros las atraviesan a pie y llegan a Cabo Polonio en tres horas. Cabo Polonio es la playa más espectacular que hemos conocido. Estuvimos ahí en navidad. Es un pueblo que solo se puede llegar a pie (a través de las dunas) o en unos camiones que salen desde el pie de la carretera y llevan al centro del pueblo en 30 minutos. Cabo Polonio es como me imagino un pueblo en la playa hace 100 años. Muy elemental. Está también lleno de hippies pero tiene dos cosas (aparte de la playa) que lo hacen encantador: es muy pintoresco y tiene una colonia gigantesca de lobos marinos en las rocas frente al faro.

El segundo fin de semana arrendamos una cabaña en La Pedrera. El clima fue atroz: vientos helados y las calles (de tierra) hechas un solo barrizal por todo lo que había llovido esa semana. Fue un paseo donde hubo mucho tiempo para la lectura. Comimos rico e hicimos otro paseo que me había llamado la atención de un folleto: visita a un bosque de ombúes. Estos árboles maravillosos (aunque se discute si son árboles o arbustos: tienen tamaño de árboles pero no tienen madera, son como hechos de láminas de cartulina) y centenarios merecen la pena una visita. Yo pienso aprovechar cada huésped que venga a Uruguay para volver a ir al bosque de ombúes.

martes, 7 de enero de 2014

Spinning

Hoy fui a mi primera clase de spinning. Es una disciplina que incluye lo desagradable del ciclismo (pedalear) y excluye lo agradable (mirar el paisaje). Me imagino que a mí se me hizo más duro porque la última vez que anduve en bicicleta fue por Francia, con la Coqui, en 1990. 

Llegué temprano, me acerqué a la profesora y le explique que era nueva en la disciplina. Ella me enseño cómo ajustar el sillín y los pedales y para qué lado girar una perilla que pone los pedales más o menos duros según se vaya indicando durante la clase. Llegaron otros cuatro participantes y comenzó la clase al ritmo ensordecedor de una música elegida para motivar a los ciclistas a que den el todo. Los primeros 15 minutos me sentía como Lance Armstrong. Los otros 45 fueron pura agonía, y eso que no pude seguir el ritmo de la clase y me pasé la mayor parte del tiempo en "recuperación" que es seguir pedaleando pero con la perilla en el nivel de cero resistencia. 

Mi parte preferida de spinning es que cuando uno llega a la clase, hay una toalla limpia y fragante colocada sobre el manubrio de cada bicicleta estacionaria. Después descubrí que es una estrategia para que no se inunde la sala con el sudor de los ciclistas.

Hice también el hallazgo que la base de mi pelvis, esa que parece un antifaz, termina en dos puntas, si no no se explica por qué durante la clase sentía que me iba a perforar la parte adiposa de mi cuerpo que estaba en contacto con el sillín. Debe ser un defecto genético, porque no parecía afectar los traseros de los otros. 

No puedo esperar a la próxima clase!




Corta de Lengua

Confieso que una de las ilusiones que me animaban antes de venir a Montevideo, era aprender a hablar rioplatense. Se trata, sin duda, de una lengua muy cercana al español que yo manejo. Y me apena reportar que no se me ha pegado ni un poquito, ni la entonación, ni el vocabulario, ni la inusual conjugación verbal.

Caballos!

Hoy fuimos al hipódromo a ver el gran clásico internacional que se corre cada 6 de enero (es feriado acá). A pesar de que las carreras de caballo me han gustado siempre, nunca había estado en un hipódromo.

Cuando era una niña muy pequeña y vivía en la California Norte, recuerdo que mi mamá compraba y sellaba en el abasto las boletas para el 5 y 6. Una ella, y otra mi papá. No sabría si mi mamá seguía las carreras por la tele o si más bien revisaba en el periódico si había acertado con su minúscula apuesta, que era técnicamente una lotería. Cuando nos cambiamos de barrio, creo que dejó el 5 y 6.

Me sorprendió que J accediera a acompañarme al hipódromo. Lo decidí esta misma tarde, no sabía cómo llegar, ni si íbamos a conseguir entrar. Sólo sabía el nombre del hipódromo y la hora de la carrera estelar, la número 17 de la noche, que partiría a las 20:50. Llegamos a las 19:00. Nos acercamos a la taquilla y compramos entradas para la tribuna oficial. Por el precio de la entrada nos daban una escarapela para colgarse al cuello y un programa de cien página papel couché a color. Hasta ahí todo bien, solo que había tanta gente que no había asientos, y hasta era difícil encontrar un lugar donde estar de pie!

A los 10 minutos de haber llegado largó la carrera número 16, que era de 1200 metros. Arrancó del otro lado de la pista y me electrocutó la visión de estos caballos corriendo. Es totalmente diferente en persona, aunque estoy segura de que mejor se ve por televisión, pues de los miles y miles de personas en el hipódromo, muchísimas estaban dentro del edificio mirando en monitores (y cómodamente sentados en el aire acondicionado).

Como quedaba mucho tiempo para la siguiente carrera, y en esa tribuna no había donde descansar, nos fuimos a explorar el hipódromo. La tribuna oficial está en el edificio más antiguo, construido en 1910, precioso. Hay otras dos tribunas más modernas con entradas más baratas. Cuando salimos del edificio principal, nos encontramos con las pesebreras donde estaban exhibiendo los caballos para la próxima carrera, en estricto orden, a un par de metros de unas pocas decenas de aficionados que estábamos ahí. Yo le miré los ojos a al favorito, Forgotten, que a mí me parecieron extrañamente sumisos (Paging Tyra!). Después de un ratito, los sacaron y dieron unas vueltita, aún desmontados, por un mini parque al pie de las pesebreras, donde los caballo pasaban a un metro de nosotros. Ahí me fijé que solo había un caballo con las patas sin vendar. Un alazán muy lindo llamado Hielo. Eso me dio muy buena espina, será que como yo soy de pata frágil, conozco en primera persona cuánto duelen los tendones de los tobillos, y el tenue alivio que brindan las tobilleras... 

Cuando se llevaron los caballos a la pista, nos dirigimos a la tribuna para ver la carrera. A duras penas encontramos unos centímetros en una grada donde pararnos. Hay latas de sardinas que tienen más espacio que esa tribuna a la hora de la largada de este clásico. Esta carrera era de 2400 metros, así que los caballos pasaron dos veces frente a nosotros. Durante unos minutos las tribunas se hincharon de gritos y nervios. En la última curva, la que estaba más alejada de nuestro puesto cerca de la llegada, tomó la punta y se comenzó a despegar: Hielo!!! Forgotten lo persiguió pero no lo pudo alcanzar, y como su nombre lo presagia, el segundo puesto lo destina al olvido.

Había tres carreras más y hubiéramos podido ir a inspeccionar los siguiente caballitos, pero ya era hora de volver a casa. Demasiadas emociones para una sola tarde de verano. Al final del programa está el calendario hípico para el resto del año y creo que todos los fines de semana hay carreras. J no va a regresar nunca más, espantado por la multitud e incomodidad, pero yo no puedo esperar para volver. Así que vénganme a visitar para tener una buena excusa. Les va a encantar! 

viernes, 3 de enero de 2014

Año viejo, año nuevo

Los últimos días de diciembre pensé que me iba a derretir. Temperaturas exteriores de 34 a 37 centígrados. Ni una nube en en cielo para distraer los rayos del sol. Y en el departamento ni aire acondicionado, ni ventilador, ni siquiera un abanico. Un verdadero suplicio.

El 30 compré un ventilador en la Tienda Inglesa. Acá cuando uno pregunta dónde comprar algo, la respuesta es siempre la Tienda Inglesa. No hay una Tienda Inglesa cerca de donde yo vivo. Una vez me fui en bus a conocer este emporio de todo lo que uno pueda necesitar y me dejó fría. Pero cuando pregunté dónde podía conseguir un ventilador, ya debí haber anticipado que la respuesta iba a ser Tienda Inglesa. 

Mi ventilador, que me sigue por toda la casa, es similar al que tenía en Washington, una torrecita blanca discreta y según el vendedor, muy silencioso. Espero que quien haya heredado mi ventilador en Washington, sepa que tiene un gran producto contra el bochorno.

El 31 tuvimos que esperar hasta la noche para que refresque y podamos ir a caminar por la rambla. A las 10 y media la rambla estaba casi desierta, cuando lo común es que a cualquier hora esté abarrotada. Y lo más impresionante es que la mayoría de los edificios estaban totalmente oscuros. Otros tenían un solo departamento con luz. Nos imaginamos que los residentes de estos departamentos con vista al mar estaban en Punta del Este para las fiestas, pero no se puede ir un millón y medio de gentes de una ciudad.

Regresamos al departamento y J sacó los quesitos, el prosciutto de Parma y las aceitunas y abrió el champagne. Y hasta ahí la fiesta, porque nos pusimos a ver una película en la tele. Hasta que a 5 para las 12 comenzó a reventar la pólvora. Un magno espectáculo, que nos hizo correr de ventana en ventana. Qué bellos colores, qué ruido tan alegre, y qué cantidad de explosiones! Los fuegos artificiales siguieron increíblemente durante más de media hora. Y acá la intendencia no participa, eran particulares que se gastaron su propia plata para que se queme en coloridas chispas contra el cielo azabache. 

El 1 de enero, por la noche, comenzó a llover. Y siguió lloviendo y lloviendo como si nunca fuese a parar. El 2 la lluvia era portentosa, como para ponerse a escribir una novela de fragatas y bucaneros. La niebla espesa, el viento aullando. Nunca he disfrutado tanto un clima tan espantoso. Porque por fin refrescó. 

sábado, 21 de diciembre de 2013

Ladrones

Al primer ladrón lo vi en plena rambla en hora pico. Yo estaba esperando que la luz se ponga verde para sacar el pie del freno cuando vi que J se agitó. Yo al ladrón lo vi unos segundos, quizás él me miró también, y mientras mi carro aceleraba, el ladrón pasó por detrás, toreando el tráfico. Había estado a punto de romperle la ventanilla de atrás al auto que estaba al lado del nuestro. J vio todo. La conductora y casi víctima nunca se enteró de la que se salvó porque la luz se puso en verde en el momento crucial. Desde entonces intento estar más al tanto de lo que pasa en la calle, especialmente cuando estoy parada en un semáforo. Una suele asilarse del mundo cuando está dentro del auto con las ventanas cerradas y Gardel cantando a todo pulmón por la radio.

Hoy salíamos de la Pulpería, J, A y yo. Nos encaminábamos hacia al departamento cuando escuchamos a un hombre gritando: paren al ladrón. El ladrón, un flaco con zapatos deportivos, corría con gran zancada, la víctima y su amigo corría detrás. Venían los tres directamente hacia nosotros. La víctima nos increpó. No se queden ahí parados, por favor ayúdenme. Nosotros nos quedamos paralizados. A tres metros de nosotros el ladrón lanzó un celular cambió ligeramente el rumbo para evitarnos y siguió su carrera. La víctima recogió su teléfono y regresó con el amigo por donde había venido. A nosotros nos dio risa. Risa nerviosa por nuestros reflejos lentos, nuestra renuencia a involucrarnos, nuestra pequeña cobardía. No todos tenemos madera de héroes.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Pancho el Cuida Coches

Ayer cuando salía del club, Pancho hizo señas para preguntarme desde la vereda del frente: Maria, dónde dejaste el mini?. Pancho es el que cuida los carros afuera del club. En el escalafón social uruguayo, los cuida coches están solo arriba de los mendigos y de los que minan la basura y se llevan su botín en carretas tiradas por un caballo flaco.

Yo muy de vez en cuando llevo el coche al club. Prefiero caminar desde el departamento, porque así agrego 1 km y pico de ida y vuelta y me sirve de calentamiento muscular antes de meterme a la pileta.

Frutas y otros Comestibles

Me causó gracia la semana pasada cuando mi mamá me preguntaba si había por acá alguna fruta de estación, similar a lo que pasa en Chile con algunas frutas que están disponibles solo en micro-temporadas.

Mi mamá no entiende Uruguay. Y no tiene por qué entenderlo, no creo que haya estado acá más de un día o dos en su vida. Uruguay no es lugar de sutilezas. No hace falta más que una visita a un supermercado y una comida en un restaurante para verificarlo. Acá las frutas disponibles son las misma que se encuentran en los libros que lee Charlie Pardo: manzana, naranja, banana, ciruela. Y solo hay una clase de manzana, naranja, banana, ciruela. Ahora en primavera, hay duraznos. Una montaña de duraznos, todos iguales. En los restaurantes hay carne, pollo, pescado. Generalmente con papas fritas (se les dice solo fritas, y siempre son iguales de deliciosas). Hay pasta también. Y el pescado es pescado, blanco, sin identidad, ya sea apanado, a la marinera (enharinado y frito) o grillado (así se dice). Ensalada es sin temor a equivocarse, mixta de lechuga tomate y cebolla. Un sánduche comprende triángulos de pan blanco con una loncha de jamón y una de queso. 

En el único rubro alimentario donde hay variedad es en las tartas (hay tanta variedad que algunas personas le dicen tartas y otras tortas). La tarta es un quiche sobre una masa. En los contenidos de las tartas es donde se aplica la creatividad oriental. De zapallitos, de verduras mixtas, de cebolla, de brócoli, de cualquier cosa. Me imagino que no todas son vegetarianas, especialmente acá donde le meten jamón y panceta a todo, como si creciera en los árboles (panceta le dicen al tocino). Otra área de variedad culinaria son las empanadas. Si se les ocurre algo que se pueda meter dentro de una masa para convertirla en empanada estará a la venta. Y el premio se lo lleva el Chivito, que es el equivalente oriental de la hamburguesa: un emparedado que además de un pedazo de lomo frito de res tiene todo lo que les entre entre dos panes. Es como una explosión volcánica de comida. A mi me intimida tanto el chivito que nunca lo he probado.

Cuando la gente sale a comer, la opción es carne o italiano. O La Pasiva. Creo que ya les conté de La Pasiva, un emporio de la comida, cuya variada y voluminosa carta es el orgullo del pueblo uruguayo. J y yo (y todos los uruguayos) tenemos a la pasiva como default. Está en todos lados, tiene unos comedores con muchas mesas así que siempre hay puesto, y es último en cerrar. Los otros restaurantes tienen horarios rarísimos y es común encontrarlo cerrado cuando uno tiene hambre. No así La Pasiva. Yo a veces voy sola y me siento en la barra, donde puedo supervisar cómo fríen mi pescado y preparan mi licuado de naranja y durazno de lata (nectar de los dioses).

Así que la respuesta es no, no hay delicadas frutas para degustar, ni gastronomía creativa, ni infinita variedad de nada. Acá cada uno tiene un puñado de lugares donde va siempre y ya sabe qué va a pedir en cada uno. Uno de los nuestros se llama Bar Lobo. Queda a tres cuadras de la casa y conocemos a todos los que trabajan allí. Saludamos con beso y nos contamos cosas. Ya saben que L pide el ceviche (actualmente es ceviche con durazno, pero cuando se acabe la temporada de duraznos...), que J siempre se decide por asado de tira jugoso y que yo no voy a querer el margarita que me prepara Lucia, la administradora y barwoman. Ismael, el sommelier, ya sabe los vinos que me gustan y siempre hablamos de Peñarol. Manuel, uno de los meseros, me dijo la otra noche que por supuesto que nos encontraban mesa aunque estaba el lugar reventando de gente: ustedes son de la casa, fue lo que dijo. Considero que esto compensa la falta de sofisticación culinaria y variedad de productos exóticos.  

In Love with Shakespeare

Este relato no pertenece en este blog, porque no tiene nada que ver con Montevideo, excepto que Shakespeare es mi actual obsesión. Así que le dedico a Shakespeare horas de lectura y reflexión que le quito a las aventuras que podría estar viviendo por la ciudad. 

Aparte de esta actividad programada y estructurada hasta abril de 2016, esta semana tuve dos encuentros extracurriculares con Shakespeare. El primero fue cuando dándole vueltas a los canales de la tele me encontré con una de las primera escenas de Shakespeare in Love. Hace muchísimos años que no la veía y me sorprendió cuánto he aprendido sobre la vida y obra de Shakespeare en estos últimos dos años. Entendí innumerables referencias insertadas para el goce de expertos. Me quedé con la sensación de que hay otra montaña de chistes que solo entenderé cuando haya terminado este ciclo y me queda una cita pendiente con la película para entonces. 

Mi segundo momento de nostalgia Shakespeareana fue la noticia de la muerte de Peter O'Toole. Aparte de recrearme en lo bello que era cuando hizo Lawrence de Arabia (ustedes saben que mi pecado es la estética), recordé una entrevista que le hizo una periodista de ATC de NPR hace unos años, cuando estaba promocionando su película Venus. Aparte de las historias y anécdotas de su vida, contadas con profunda inteligencia y sensibilidad, no sé por qué salió que siempre tenía a su lado los sonetos de Shakespeare, que los leía todo el tiempo y que incluso ya se los sabía de memoria, porque eran los compañeros de su vida.


martes, 17 de diciembre de 2013

Calor

Me enteré por mi mamá que hay una ola de calor en Montevideo. Como yo detesto tanto el frio y la oscuridad del invierno, trato de disfrutar a plenitud el verano, alegrándome de cada grado que escala el termómetro y mandando a callar a quien sea que comienza a quejarse que que hace mucho calor. 

Recién hace dos noches sentí un bochorno asfixiante mientras dormía. Cosa rara, no había ni un poquito de brisa, acá donde los vientos del sur aúllan a cualquier hora. J, que es una persona maravillosa y comparado conmigo, que soy un manojo de neurosis, tiene pocos temas, detesta el aire acondicionado y ni siquiera tolera el ventilador. Así que estoy acostumbrada a dormir con calor. Calor de Washington en Agosto, Calor de Santa Marta, Calor de cualquier lado. 

En Washington tenía un ventilador silencioso y discreto que sacaba de su escondite de vez en cuando y tenía que colocar en un ángulo preciso para que a J no le llegue ni un soplidito de viento. Ese ventilador se lo regalé a alguien antes de venir. Espero que le sirva, pues yo lo extraño mucho y debí de haberlo traído (también extraño mi aspiradora Dyson, pero ese es otra historia para el blog). 

Hoy fui al shopping dispuesta a comprar un ventilador, pensando que el verdadero verano recién comienza oficialmente la próxima semana y que estos próximos tres meses pueden ser dantescos. Anoche se agotaron los ventiladores. En todas las tiendas. Todos los montevideanos pensaron lo mismo que yo y corrieron a comprarse los ventiladores en stock. Pa! (como dicen acá para expresar sorpresas desagradables). Un vendedor me dijo que todo el día esperaban un camión con más ventiladores, pero que vaya después de las 20 horas a ver si llegaba. En otra tienda vendían un aparato intrigante: un híbrido entre ventilador y acondicionador, que funciona con agua y que se pone dentro de la habitación a enfriar, pero que tiene que colocarse delante de una ventana abierta para que salga el aire caliente que echa por detrás. No me convenció. Además no había uno de muestra, así que no podía evaluar cuánto ruido hace, para ver si el heredero del oído de Mozart lo iba a permitir. Porque aparte de temerle al chiflón, a J el ruido que hace cualquier aparato le parece insoportable.

Así que tengo la ventana de la habitación lo suficientemente abierta para que entre alguna brisa compasiva pero no lo suficiente para invitar a pasar a esas palomas gordas que pululan por estos lares. Ya he oído a Annabelle informarme muchas veces que los únicos seres que vuelan de noche son los murciélagos, pero como no tengo frutas en la cama, a menos que aparezca un vampiro, no creo que corra riesgos.

El jueves regresa J de Punta. Se fue con A a recibir la casa que hemos alquilado esta segunda quincena de diciembre para pasar navidad allá. El sábado nos vamos todos, incluidos unos sobrinos de J que vienen de visita. Hago votos porque la brisa en Punta esté alborotada.

Decantares

Anoche me fui con Daniela, mi compañera de natación, a escuchar un concierto de coro. Resultó muy diferente de lo que me imaginaba, que eran temas navideños y quizás algún número del Mesías de Handel. 

La ubicación del recital debió servirme de pista. Fue en la cripta de la Iglesia de San Francisco. Un lugar con una acústica inmejorable por los techos abovedados y la ausencia de puertas o ventanas. La música elegida era triste y sombría, casi todo en latín, alemán o italiano, con alguna pieza de un requiem, un paternoster y el número final fue nada menos que Oh Shenandoah, que es muy linda pero como para cortarse la venas.

El coro se llama Decantares y tiene una historia interesante. Lo fundó hace unos seis años un profesor de música del Colegio Alemán local, que tendría muchas ganas de tener coro profesional propio, porque también es profesor de alemán y de matemáticas, aparte de director musical del colegio. De un coro de padres de familia eligió a las 12 mejores voces y formó Decantares, que fue el coro elegido para representar a Uruguay en el primer concierto de coros que se presentaba en el Teatro Solís en 30 años.

Las piezas eran bellísimas y la interpretación impecable. Hubo dos solos, uno de una soprano joven con una voz angelical y uno del director, que es un tenor lírico excelente. El público era mitad germánico (entre los apellidos de los coristas: Müssnich, Nordmann, Mosler, Kutscher, Tüllman, Brinckhaus), mitad uruguayo. 

La noche fue histórica porque era la última presentación de este coro de cámara. El director, Michael Cordes, se regresa a Alemania en estos días. Al final del concierto hubo abrazos y lágrimas y tanta desazón que no hubo quién me venda un CD del grupo que el director había promocionado durante el concierto y que estaban en unas cajas abiertas al alcance de cualquier amigo de lo ajeno.

Michael Cordes me dejó con la boca abierta. No solo por su voz exquisita, sino porque en otra pieza tocaba unos solos con una flauta dulce, en alguna otra dirigió mientras cantaba en el coro y estoy segura de que si hubiera tenido otro par de manos, también hubiera tocado el piano que acompañaba al coro. Su pasión desmedida por la música que hace con este coro lo hacía parecer incandescente. Creo que tiene unos 40 años, quién sabe si menos y me hubiera gustado saber si es soltero, porque me parece el alma gemela de la Adriana.

Durante el concierto pensaba que hay personas que para alcanzar la paz espiritual necesitan hacer yoga o meditar. Pamplinas! Escuchando música clásica en vivo es posible sentir una calma que vacía la mente de inquietudes y el pecho de angustias. Y cuando se trata de la voz humana en armonía, quien se abandona a escucharla puede llegar al estado de felicidad total.  

Los Sosa

Vivo en la calle Julio Maria Sosa. He escuchado a más de una persona decir que es la calle más linda de Montevideo. Es una calle que en sus tres cuadras de extensión tiene un parterre precioso con palmas, pasto y postes de luz ornamentales. De un lado de la calle está el club de golf, del otro, una retahíla de edificios de vivienda. No hay un solo local comercial ni es ruta de autobuses, por eso es tranquila; y además le llega una brisa muy agradable que comienza marina y se cuela por las copas de los árboles de la cancha de golf.

A diferencia de los nombres de otras calles de la ciudad, no me entró curiosidad de averiguar quién fue Julio Maria, hasta que en mi radio tanguera escuché al presentador anunciar que el tango que acababa de concluir era interpretado por "el varón del tango: Julio Sosa." Este apodo me causó hilaridad y secretamente desee que fuera el mismo Julio Sosa de mi calle. No pudo ser. Julio Maria fue un político del partido colorado que en alguna pelea se escindió del coloradismo para formar el Partido Colorado por la Tradición. Pésimo nombre, aunque pueda que sus intenciones hayan sido las de volver a las raíces del coloradismo, que es el liberalismo puro, en su época la opción política progresista. 

La biografía de don Julio Maria toma un giro más interesante porque fue presidente de Peñarol entre 1921 y 1928. Su gestión en el club fue extraordinaria: causó una crisis en el fútbol uruguayo cuando Peñarol, entonces amateur, jugó un partido amistoso internacional contra Racing de Avellaneda, seguramente sin autorización de la Asociación, de la cual fue expulsado, por lo que don Julio Maria formó la Federación y continuó ganando campeonatos a diestra y siniestra, y organizó la primera gira de Peñarol por Europa, lo que podría haber sido la semilla para el primer mundial de fútbol, que fue dónde? En Uruguay!

Sosa dejó la presidencia de Peñarol en 1928 y salió muy bien, pues lo nombraron primer presidente honorario del club. Cabe la posibilidad de que se haya lanzado de cabeza a organizar el mundial del 30 y la milagrosa construcción del Estadio Centenario, que se hizo en solo 9 meses. Si estas especulaciones son ciertas, no les llamará la atención conocer que don Julio Maria falleció en 1931, un hombre joven a los 52 años. Sigo con mi fantasía y declaro que Sosa murió de agotamiento, pero feliz de haber gestionado eventos deportivos tan trascendentales.

Para terminar, debo reportar que el varón del tango murió también muy joven, demasiado joven, a los 38 años, en un aparatoso accidente de auto en Buenos Aires. Uruguayo también, fue una estrella del tango en Argentina. Dicen las malas, perversas lenguas, que al varón del tango lo encontraron en el coche estrellado vestido de mujer. Julio Sosa tiene también una calle montevideana en su honor, más corta aún que la de Julio Maria, con solo dos manzanas de extensión. Ahora que la ubiqué en el mapa, debo tomar la decisión de si la voy a conocer algún día, porque la comparación con la calle más linda puede ser triste. Triste como un tango.

Disculpas por la Pausa

Desde que me fui a Paris la segunda quincena de octubre, prácticamente he dejado este blog en suspenso. No crean que no he estado tratando de entender el por qué. Por un lado, ya les conté todas las grandes impresiones que tuve en los primeros tres meses acá. Si algo falta, será para pintarlo con un pincel más fino, para bordarlo con un punto más apretado. Por otro lado, es posible que esas vacaciones me llenaron la cabeza de otras imágenes, sonidos e ideas que al regreso me hicieron sentir que lo de acá pasó a ser una agradable rutina, no una aventura. Espero no haber perdido del todo la capacidad de asombro, la curiosidad por aprender y entender al Uruguay y al uruguayo, y que ustedes todavía tengan paciencia con mis relatos. He guardado para ustedes y comenzaré de inmediato a narrarles mis impresiones de mis más recientes vivencias en Montevideo, el confín del mundo, la última parada antes de la Antártida. 
  

sábado, 7 de diciembre de 2013

Hamlet Ruso

El 5 de diciembre asistí al estreno del Ballet Hamlet Ruso en el Teatro Sodre de Montevideo, donde se presenta la sinfónica, y montan las óperas y los ballets. Es un auditorio moderno, muy grande y con plena visibilidad del escenario desde todos los asientos, a diferencia del Teatro Solís que es antiguo, íntimo y con muchos asientos con visibilidad obstruida. 

Se trata de una coreografía de los años 60 del ruso Boris Eifman, cuya obra no conocía. Eifman, nacido en el 46, es un coreógrafo revolucionario. Sus ballets son famosos porque combinan argumentos clásicos, con la exquisitez técnica de los bailarines rusos, con elementos visuales y de movimiento totalmente contemporáneos. El resultado es alucinante.

martes, 3 de diciembre de 2013

Karaoke

Estoy con los dientes destemplados. En alguna casa o departamento de la vecindad hay una fiesta y están haciendo karaoke. Creo que han arrendado el equipo de amplificación que usan para conciertos de rock, porque el volúmen es ensordecedor, máxime porque son los cantantes más desafinados del mundo. Se incrementa mi respeto por los concursantes de American Idol y The Voice, ya que temo que el 99% de los humanos cantamos tan feo como mis vecinos!

Tengo que confesar que a pesar de que me he desconectado de toda la cultura popular norteamericana, sigo pendiente de The Voice, a pesar de que detesto a Xtina. Lo bueno es que como no lo veo en vivo, puedo adelantar cada vez que ella toma la palabra. 

lunes, 18 de noviembre de 2013

Museo de Artes Visuales

Una de las más agradables sorpresas que me tenía mi pequeño barrio es que en su extremo norte, a unas seis cuadras del departamento queda el Museo Nacional de Artes Visuales. Yo todavía no conozco todos los museos de la ciudad, pero creo que no me equivoco cuando digo que el MNAV es la mejor pinacoteca de Montevideo y de Uruguay. 

El espacio es muy lindo, una edificación me parece de principios de los años setenta. Tiene una sala principal muy amplia donde está la colección permanente, y después hay otros cuatro espacios para exposiciones temporales, uno de los cuales es una sala amplísima con linda vista al Parque Rodó. Además hay una biblioteca de arte que no he curioseado aún pero entiendo que es abierta al público de 1 a 5 de martes a domingo. El museo funciona de 2 a 7 de martes a domingo. 

Como para mí el arte uruguayo es completamente nuevo, he recorrido la colección con atención. Tiene varios Blanes, tanto de Juan Manuel como de Pedro, los más famosos pintores de acá. Además me alegró ver una buena cantidad de mujeres representadas en la colección, lo que no pasa en otros museos nacionales. Entre las muestras temporales he visto cosas geniales y otras menos. Pero me encanta ir, porque nunca hay nadie, porque puedo ir a pie, porque es un espacio muy agradable.

El miércoles me di cuenta de que desde que me fui a Paris no había regresado al MNAV. Había ido a comprar la comida a donde Gonzalo y le pedí que me la tenga porque tenía que dar una "vuelta." Fui rapidito al museo y cuando entré casi me desplomo. La colección permanente había sido retirada en su totalidad y había un frenesí de movimiento y construcción en esa sala. No me quedó otra que ir a reclamar a la guardia de seguridad de la entrada (nunca hay nadie más) quien me contó que estaban preparando una exposición de fotografía que estaría instalada varios meses. Qué suerte que estoy en tan buen estado físico, porque si no me hubiera dado un derrame cerebral. No estoy nada contenta con esa barbaridad estética. Cada vez que me acuerdo me vuelvo a indignar!

domingo, 17 de noviembre de 2013

Ancap

Montevideo: la ciudad con las gasolineras con mejor vista. Es increíble. Las gasolineras de Ancap, la empresa estatal, están ubicadas en terrenos que en otras latitudes se reservan para monumentos o para hoteles de lujo. A lo largo de la rambla, todas las Ancap tienen inmejorable vista al mar. 

Además acá es prohibido ponerse uno mismo la gasolina, así que hay un enjambre de servidores públicos en cada estación de servicio. Como todo el mundo por acá, los que ponen gasolina son muy educados y amables y uno va con gusto a llenar el tanque.

Ayer, camino a Punta del Este, paramos en una Ancap a la vera del camino. Mientras el funcionario llenaba el tanque con super (lo que a J lo confundió, porque no podía entender que super es la gasolina más corriente) y J fue a conocer los servicios higiénicos, yo fui  a comprar provisiones (chips, sodas y aguas: la gasolina para los ocupantes vehiculares).

Fue entonces cuando sufrí uno de los pocos shocks culturales desde que vine a vivir al sur: en la gasolinera venden trago! No había dado dos pasos dentro de la tienda cuando me crucé con un señor que salía muy contento empuñando una inmensa lata de cerveza. Pocos metros más adentro, una percha completa de vinos a disposición de los conductores, y detrás de la cajera, alcohol etílico de variadas descripciones y procedencias. 

Será que yo he estado tan inmersa en el tema de defensa de conductores ebrios que esta mezcla de gasolina con alcohol me ha parecido una bomba. De pronto es común en todos lados. Pero una corriente fría me recorrió la espalda y me sentí vulnerable como pasajera en una carretera donde los conductores tienen la tentación del alcohol tan cerca del volante.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Adiós, mi querido NPR

Una de las cosas que más me apenó dejar atrás de mi vida norteamericana, aparte de mi añorada familia, fue la radio. Allá manejaba un promedio de dos horas diarias los siete días de la semana, y sola, en el carro, escuchaba radio. Cuando lo agarraba entre las 10 a las 12 del mediodía, siempre ESPN radio, donde disfrutaba las ocurrencias y neurosis del inefable Tony Kornheiser. En cualquier otro horario, escuchaba con interés, curiosidad y reverencia la radio pública, NPR, posiblemente la mejor estación de radio del planeta tierra y me atrevería a decir hasta del universo. J, que no tolera la voz hablada en muchos ámbitos (a veces hasta lo encuentro mirando partidos de fútbol con la tele en mute), solo escuchaba la estación de música clásica, la WETA, que es también excelente, y donde encontramos muchos hallazgos musicales que corríamos a comprar en Amazon o que les tocaron a ustedes en las wish list de navidad y cumpleaños.

Acá manejo muy poco. Prefiero caminar, y justo vivo en un barrio donde todo se puede hacer a pie. Además me tienen un poco asustada los reportes de que el delito de moda en la ciudad es romper una ventana del auto para robar cualquier cosa adentro, pero yo prefiero que me asalten a mano armada y no me rompan la ventana del coche, así que mini se queda en el garaje siempre que sea posible prescindir de él.

Entonces, en mis contadas salidas motorizadas, he descubierto tres interesantes opciones radiales. En FM, hay solo una estación potable, el resto es espantoso. La radio buena se llama Babel, es del Estado, y como su nombre lo indica, todo el día toca música instrumental de todas partes del mundo y de excelente factura. Construye con sonido una hermosa torre de Babel. 

Pero mis dos radios favoritas están al comienzo del dial de la AM. La única estación de música clásica es la muy bien llamada "Clásica 650." La programación es muy buena, pero esta radio del Estado con tanto pedigrí debería estar en FM, donde la calidad del sonido es notablemente superior. En mi carro, detrás de las joyas de Beethoven y Brahms se filtran sonidos de otra estación. Lamentable! Ante este problema fastidioso, hice un hallazgo: la 580, Radio Clarín, donde cada dos horas pasan media hora de Carlos Gardel. El resto de la programación son tangos en otras voces y algunas medias horas de música folklórica, pero la obsesión por Gardel me parece extraordinaria. Yo casi cada vez que la encendía me tocaba Gardel y como me pareció esto tan extraño, fui a la página web a tratar de descifrar este misterio. Allí lo confirmé. Ellos programan 100 canciones diarias de Gardel. Y agregan que sólo usan las 500 grabaciones de mejor calidad, por lo que repiten las canciones cada 5 días. Yo hasta ahora no solo no he escuchado ninguna repetida, sino que ni siquiera he escuchado ningún tango conocido! Ahí se nota mi ignorancia general sobre esta música que me gusta tanto, porque me conmueven sus melodías y me divierten sus letras. Así que ahora mi radio está fija en Clarín, y cuando ponen los segmentos de folklóricas, cambio a Clásica o a Babel.



Rio de la Plata

Por más yo me niegue a aceptar que el inmenso cuerpo de agua que veo desde los ventanales de mi living-comedor sea el Río de la Plata, el lunes, por vez primera me sorprendí de ver a mi mar con pinta de río. Estaba de color arcilla. Millas y millas marinas en todas las direcciones teñidas de tierra arcillosa arrastradas desde los campos por las lluvias de los días anteriores a mi vuelta a Montevideo. Desde el martes, ya se volvió a disfrazar de mar.

El Hospital Británico

Todavía no descubro por qué, pero a todos los internacionales nos recomiendan, no, nos conminan a que vayamos al Británico para nuestros grandes y pequeños problemas de salud. De pronto es el único que atiende a personas que pagan por la consulta, ya que los otros hospitales y clínicas y hasta las ambulancias son solo para afiliados a ese hospital o ese servicio de ambulancias. En todo caso el Británico es un hospital muy bueno, elegante, y basado únicamente en mis dos experiencias, hay un requisito de belleza física de los médicos que ahí trabajan.

Primero me hice atender con la doctora Maité Moldes, ginecóloga. Esto era una condición previa para obtener el carnet obligatorio de salud con aptitud física, sin el que no podía inscribirme en el club para nadar. La doctora es joven, guapa, habla inglés, es muy competente y muy agradable. Además acá en Uruguay todo el mundo te tutea, nadie se trata de usted. No solo eso, se tratan de nombre (Hola Maria. Mirá Maria). Y los consultorios no tienen escritorio, solo una mesa contra la pared donde tienen la compu y el paciente se sienta casi al lado del doctor, es un ambiente muy íntimo. 

Ayer me fui a revisar mi oído de Beethoven, que se me quedó tapado desde el vuelo Paris-Madrid. Me atendió el doctor Matías Lopez-Paullier, igualmente joven, buenmozo (mucho más guapo que McDreamy, el paradigma de la guapeza de los médicos de Hollywood), inteligente, competente y simpático. Y lo que más me gustó es que no me prohibió la piscina, lo que yo temía que pasara. Me dio una montaña de medicamentos y me dijo que tardaría cerca de un mes en drenar naturalmente el oído tapado y por lo tanto ese tiempo en recuperar mi audición. 

lunes, 4 de noviembre de 2013

Chapuzones

Qué alegría volver hoy a la piscina! Qué delicioso estar otra vez en el agua! Y con qué cariño inesperado que me recibieron mis compañeros y compañeras! La natación es en el fondo un deporte tan solitario, que sin un equipo alrededor de uno, sería insoportable practicarlo. 

sábado, 2 de noviembre de 2013

Volver, con la frente marchita...

He estado fuera dos semanas. En Paris, la ciudad más hermosa de todas, sin competencia. Fue una fiesta para mis ojos. Disfruté intensamente cada momento, y por primera vez en un viaje, comí muy muy bien. 

Yo siempre como cualquier cosa rápida y barata cuando viajo, nunca me ha parecido algo importante. Tampoco es que como McDonalds, aunque visito sus baños. En este viaje hicimos con J una buena comida al día, en restaurantes de comida tradicional francesa, esos que hay en cada barrio, casi en cada cuadra. Algunas comidas fueron extraordinarias, otras solo buenas, pero es infinitamente mejor que comer solo sánduches y frutas y crepes. 

Lo que aburre es vivir de una maleta. Especialmente de una maleta diminuta como la mía, donde cada prenda hay que pensarla para que forme parte de varios atuendos. Y por ejemplo, en una aceptación a mis limitaciones físicas, solo llevé los zapatos puestos, unos sneakers comodísimos con sus sendas plantillas ortopédicas. Digamos que fui una fucking gringa caminando por Paris, como las que yo siempre he criticado. 

Caminé mucho, más de lo que mis fuerzas me permitían. Me empecé a sentir mal en el vuelo a europa y se convirtió en una infección viral de garganta muy complicada que me noqueó y que hasta ahora no puedo superar completamente. Pero no iba a dejar que el dolor y la enfermedad me aguaran el viaje, así que me dediqué a comprar drogas en las farmacias de Paris. Siquiera cien euros en productos varios de la industria farmacéutica gala: jarabes, grageas, pastillas, sachets, gotas... hasta que finalmente descubrí lo que ya saben multitudes: que lo único que sirve para aliviar los estragos de un virus es tomar puntualmente acetamiophen (paracetamol en Paris, con la erre gutural) y descansar. (Por si acaso, no crean que saqué un título de médico online, es que J ya había estado la semana anterior al viaje siete horas en la emergencia del hospital porque no aguantaba el dolor de garganta y le hicieron todas las pruebas, por eso sabíamos que era un virus).

Lo que no pude caminar, lo hice en bus de linea. Ya en mi viaje pasado a Paris aprendí a tomar buses en contra del instinto de tomar metro, un método de transporte muchísimo más eficiente. Pero la vista en bus es infinitamente mejor, y una se evita navegar escaleras y túneles. Y debo reportar para las que han viajado conmigo, que por primera vez, una tarde y noche salí sin mapa!!! (si, tres signos de admiración). Fue una experiencia liberadora, pero no creo que voy a liberarme tanto, me gusta saber donde estoy y planificar mis siguientes pasos, que le vamos a hacer. Acá en Montevideo, llevo el mapa siempre en la cartera. Para las lectoras de este blog que viven en países 4G, el mapa es un rezago de la antigüedad, pero mi realidad sigue siendo un baile entre lo analógico y lo digital, créanlo o no.

Ya para el miércoles de esta semana, estaba lista para volver a casa. J se había regresado el sábado, y aunque confieso que viajar sola es delicioso, llega un momento en el que la cabeza está demasiado llena de ideas y sensaciones inexpresadas.

Anoche, luego de pasar 24 horas en Madrid, la mayoría de las cuales estuve enclaustrada en el Museo del Prado, entregada a la felicidad absoluta, me embarqué en esas latas de sardinas a las que le decimos aviones, por eso de que vuelan por el aire y atraviesan océanos. Pasé trece horas incómoda y con los oídos muy afectados por cada cambio de presión, sin que el chicle ayudara en nada. Solo la lectura de Alice Munro y de un librito que compré en el Prado sobre Velásquez apasiguaron la claustrofobia.

Montevideo me recibió con una niebla espesa, que tuvo a dos avionzotes sobrevolando la ciudad. Al salir de la aduana me esperaba entre la multitud el rostro sonriente de J. El clima sigue sombrío y la niebla se ha tragado mi vista al mar. Este fin de semana será de recogimiento. Por un lado, el cerebro necesita procesar todo lo acumulado en los últimos quince días. Por otro, tengo que recuperarme: del cansancio de viajar y de la maldita enfermedad. Ya me reconciliaré con Montevideo, que comprendo que puede estar resentida por mi ausencia.




jueves, 17 de octubre de 2013

Mis Medallas

Competí en 6 pruebas individuales y cuatro relevos. Era el máximo número de pruebas permitidas, además de la limitación de que uno no podía nadar más de 2 pruebas individuales por sesión. El Nacional tenía 4 sesiones: viernes de noche, sábado de mañana, sábado de noche, domingo de mañana. No era obligatorio inscribirse en las 6 pruebas, pero era la forma de contribuir con más puntos al equipo, que se había fijado el desafío de ganar el campeonato destronando a ACJ (Asociación Cristiana de Jóvenes) que lo había ganado las nueve ocasiones anteriores. Lamentablemente y pese al esfuerzo de todos, quedamos segundos, otra vez, a cien puntos de diferencia 1600 y pico a 1500 y pico. 

A alguna de ustedes le habrá llamado la atención en el párrafo anterior el nombre del equipo rival, y me estará tildando de traidora, pues resulta evidente que ACJ es el YMCA local! Si, es verdad que nadé 5 años en el YMCA, pero nunca para el YMCA. 

Desde que comencé a entrenar en Montevideo, hoy hace un mes y medio, el estilo que mejor se me daba era libre. Gané muchísima resistencia en libre de tanto entrenar día tras día. Bajé mis tiempos y nunca me cansaba. Y el que peor nadaba, pese a mis antecedentes, era pecho. Es que pecho es el estilo que más ha evolucionado desde que yo era chica y pechista. Y no le he podido aún agarrar el golpe a la nueva técnica. Pero como me iba a inscribir en 6 pruebas, una de las que elegí fue 50 pecho. No 100, ni 200. 50. Por otro lado, me inscribí en muchas de libre: 50, 100, 200 y 800 y la de 200 combinado, que es mi preferida, aunque no tengo aún suficiente fuerza para nadar bien esa prueba.

Lo que no había calculado es que TODO el mundo nada libre. Hay mucha gente inscrita y quienes hacen triatlon o aguas abiertas son libristas. Para la próxima cambio de estrategia.

En cambio donde saqué medalla de oro y gané con una ventaja de 4 segundos (que es mucha distancia) fue en 50 pecho, la prueba de mi infancia. Con estilo de los años 70 le di al máximo de mis fuerzas. Parece que otra vez vuelvo a ser pechista, aunque ahora me tocará aprender la técnica moderna. 

En todas las de libre saqué plata. Y en el combinado individual gané bronce. En las tres postas donde alcancé medalla me llevé una de cada color. La cuarta posta llegamos cuartos por 2 centésimas de segundo, y los tres primeros también estuvieron centésimas de segundo separados. O sea que fue por puesta de mano!

El Equipo

Mi concuñada Maria Cecilia escribió un comentario en una foto de mi equipo en Facebook. "Que suerte poder tener esa oportunidad de estar en un equipo.. disfrútala."
Si, Maria Cecilia! Tienes toda la razón, tengo mucha suerte y lo estoy disfrutando intensamente!

Competir en un torneo de natación es una experiencia sin par. No conozco otro ámbito donde uno esté tan expuesto --en todo sentido-. Una se pasea sin pudor en un traje de baño ceñido y chancletas, y para la partida te agachas y levantas el culo hasta escuchar la señal para saltar al agua. Cada cual va por su andarivel y es cien por ciento responsable de su desempeño. No hay donde esconderse. Al final una pantalla inmensa revela el tiempo que hiciste y el lugar que quedaste. Y hayas llegado última, primera o en la mitad, te sales de la pileta y regresas, otra vez semidesnuda pero ahora chorreando agua, a sentarte.

El estrés de esa experiencia sería insoportable si uno no estuviera cobijado por un equipo en donde todos están participando para sumar puntos para el campeonato, que es la meta general, más allá de las marcas y medallas que uno pueda ganar en las pruebas individuales o postas. Cuando cualquier miembro del equipo sale de la piscina tras su carrera, siempre hay unos manos esperándolo para el "high five" o un abrazo y un beso acá donde hombres y mujeres se saludan y despiden besándose. No importa si ganaste la de oro o quedaste último, el equipo te acoge y te alienta. 

Las carreras duran unos pocos minutos --las cortas unos pocos segundos-, y el resto del tiempo te pasas sentado junto a tus compañeros de equipo, charlando, y si son uruguayos, pasándose el mate de mano en mano. Son muchísimas horas. Por ejemplo el sábado, la competencia comenzó a las 8 de la mañana hasta las 2 de la tarde, y de las 6 de la tarde hasta la 1 de la mañana. Hay algunos que se conocen desde hace años y otros con quienes nunca cruzaste palabra. La dinámica es especial, porque como comentó alguno del equipo con algo de amargura, en un equipo no somos amigos, somos compañeros. A mi en cambio esto me parece algo positivo. Se viven momentos intensos juntos y después cada cual se va por su lado. No compartimos problemas personales y todos nos tratamos con amabilidad. 

Además, nadar en un equipo master ya te distingue del común mortal. Somos todos adultos, y es una decisión personal la de dedicar tantas horas y tanto esfuerzo para entrenar y competir. Permítanme recordarles que cuando una está nadando, no puedes charlar ni quedarte quieta porque te hundes y tragas agua. A veces el agua está fría y con frecuencia una se golpea contra los compañeros que van en sentido contrario o contra el andarivel o la pared. Durante el entrenamiento uno se esfuerza tanto que termina sin aliento, y en un santiamén tienes que volver a salir para la próxima repetición. Y esto cada día. Y el entrenador te corrige los errores en público. Debe de haber un perfil sicológico del nadador. No lo conozco y no tengo las herramientas para hacerlo. Mi entrenador contaba que tenían una señora francesa que entrenaba en Biguá y nadaba muy bien, pero la primera vez que fue a una competencia sufrió tanta ansiedad que nunca volvió a entrenar natación. 

Las nadadoras de mi equipo

Somos alrededor de 16 mujeres nadadoras master del Biguá. A muchas no las veo sino en las competencias porque entrenan de mañana o de noche. Al mediodía vamos 3 ó 4 de un promedio de 12 nadadores. 

La mayor se llama Margarita, tiene 72 años. Margarita tuvo hace un año un accidente espantoso en moto y quedó con problemas de memoria y dificultades en la vista (los ojos desalineados verticalmente), pero le encanta nadar y competir. Recién comenzó este año y todavía no domina la técnica, pero entrena dos días a la semana sin falta y según me ha contado, hace también gimnasia acuática dos veces a la semana, que es lo que hacen las viejitas del club.

Tres compañeras son médicas: Ana es intensivista, Iva es internista y Camila es cardióloga. Ellas entrenan por la mañana. A Iva es a quien conozco más porque ella va los lunes al entrenamiento del mediodía cuando corre competencias de 10 kilómetros, que se hacen con mucha frecuencia acá por la rambla los fines de semana. Ana fue estrella de la natación juvenil en Uruguay y todavía es excelente. Ambas compiten en la categoría 45-49. Iva es buenísima en carreras largas, porque con todo lo que entrena para correr, tiene una resistencia infinita para nadar. Su marido compite en triatlón, y su hijo, Nicolás de 11 años, es nadador (nunca me olvidaré de Nicolás, pues después de la competencia de los 60 minutos, Iva trajo de vuelta a 3 y paró a recoger a Nicolás, quien se subió al auto y nos dio besos a los 3 desconocidos y contestó todas nuestras preguntas con aplomo).  

Daniela es una fiera en el agua y una mujer con mucha personalidad fuera de ella. Ella es de las que pasa a mi categoría el año que viene, lo que me hará cambiar de estrategia y elegir las pruebas donde ella no nada, porque sus tiempos son mucho mejores que los míos en libre y mariposa. Ella fue fundadora de la Liga Master y ha sido dirigente varias veces. No solo eso, es patrocinadora de la Liga, que en sus carteles anuncia: Optica Garese. Daniela es optómetra y tiene 3 locales en la ciudad.

Florencia es a quien más conozco. Entrena conmigo tres mediodías a la semana, y a veces sube a lo del preparador físico. Los otros días juega tennis. Tiene 40 años y el cuerpo más bonito que he visto fuera de un concurso internacional de belleza. Es altísima y no es una estaca, tiene sus curvas y sus músculos. Es pechista, y recién comenzó a nadar hace un año, después de haber competido cuando era niña. Ella no trabaja, por eso puede ir al club en horas laborables.

Valeria es morocha y bajita, con una cara muy linda y una voz ronca y agradable. Es profesora de spinning del club. Tiene treinta y pico de años y, como muchos de su profesión trabaja en varios sitios así que pasa ocupadísima y a la carrera siempre. Es espaldista y recién compitió por primera vez en el Nacional de la semana pasada. Ella entrena al medio día, los martes y jueves.

Isabel, de 39, es también profesora de gimnasio, pero ella es propietaria de un gimnasio en su barrio, donde emplea 17 personas. Entrena los medio días y recién comenzó a nadar en serio en Abril de este año, pero es tan buena y tan fuerte y tan rápida que hubiera pensado que había sido nadadora de toda la vida. Además es muy cariñosa y me encanta.

Entre las que entrenan por la mañana y conozco poco está Paula, que es argentina e ingeniera industrial. Es muy simpática y me ha caído muy bien. También está Matilde, de 50, que comenzó a nadar ahora de adulta y entrena solo hace un par de meses y sin embargo participó en el Nacional en postas y 50 libre (todavía no sabe nadar estilos), lo cual indica que es una mujer muy valiente.

Las otras nadadoras son jovencitas de menos de 30 años y me imagino que por estudios y trabajo entrenan por la mañana o la noche y apenas las conozco.


Algunas compañeras en esta foto: (alguien siempre estaba compitiendo o en el vestuario)
En la fila de adelante, Margarita y Daniela, atrás de Daniela está Camila; cerca de Camila está Valeria; hacia la izquierda de la foto están, semi-tapadas, Ana y más atrás Iva; yo estoy atrás de la foto, con gorra, y a mi lado, Isabel. Ah! y acabo de localizar a Matilde, semi-tapada detrás de uno con camiseta celeste. Mauricio, el entrenador, está a la izquierda, detrás del que tiene camiseta de bandera británica.

Club Biguá de Villa Biarritz

No sé si ya les conté que mi club se llama Biguá, y que queda en un barrio muy lindo y cerca de casa que se llama Villa Biarritz. El barrio rodea un parque y el club queda dentro del parque. 

El biguá es un pelícano de esta zona. Yo no le veo pinta de pato, pero a los del club le dicen los patos, y mi equipo de natación es el Masterpato. Hay tres grupos: uno se entrena a las 7 de la mañana, otros al medio día, y otros a las 8 de la noche. Los entrenamientos duran hora y media. Tenemos además un preparador físico disponible dos días a la semana en el gimnasio del club. Yo voy de lunes a viernes al medio día y además trabajo con el preparador físico. Los sábados se juntan los nadadores de los tres grupos, pero es a las 8 de la mañana y será un milagro si alguna vez me despierto para ir a ese entrenamiento.

Nuestro entrenador se llama Mauricio. Es un joven alto de 35 años, fue campeón de Uruguay y todavía puede ganar competencias sin entrenar, de lo bien que nada y lo fuerte que es. Aunque algunos compañeros dicen que es malgeniado, a mi me ha parecido una maravilla, el mejor maestro que he tenido en la vida. Sus indicaciones son precisas y excelentes y es capaz de motivarme a darlo todo en los entrenamientos. Me acogió en el equipo inmediatamente y ya la primera semana de entrenamiento quería que vaya a una competencia en Salto, a 5 horas de acá, pero yo tenía entradas para la sinfónica y para Joshua Bell, así que no fui. Sin embargo, unas semanas después participé en el desafío de los 60 minutos, una posta como banda sin fin donde los 5 integrantes del equipo seguíamos nadando 100 metros a toda marcha uno después del otro hasta que se terminara la hora, el equipo con más piscinas nadadas ganaba. Y mi equipo ganó en nuestra categoría. Allí es donde me gané el primer trofeo de la vida y me quedé enganchada con las competencias, espero que para siempre. En los Estados Unidos he estado entrenando natación desde hace cinco años, pero sin competir, y la verdad es que era como un hobby más que como un deporte.

En este equipo me siento como Jason Street cuando comienza a jugar murderball en la primera temporada de Friday Night Lights. Me falta mucho pero las ganas me desbordan!

Yo no soy de las buenas del equipo, pero como en mi categoría (50-54) no compiten muchas mujeres, tengo la oportunidad de hacer un buen papel en las competencias. Tengo estudiadas a mis rivales de los otros clubes, y también a las buenas de la categoría siguiente que ya cumplen 50 el año 2014 y pasarán a mi categoría el 1 de enero.

En los cuatro años que espero vivir en este país, quiero seguir nadando y compitiendo. Es demasiado entretenido!


lunes, 14 de octubre de 2013

El Nacional de Natación Master

La natación es un deporte extraordinario. Uno está inmerso en un elemento donde no es posible respirar. Si dejas de moverte te hundes. Es preciso controlar simultáneamente muchos músculos del cuerpo para poder desplazarte de la manera más eficiente posible y dosificar el aire y la energía para cubrir la distancia acordada. Cuando compites conoces el límite de tus fuerzas mientras tu cerebro te grita que estás cansado, que te duele todo, que no tienes suficiente aire, y tú ignoras esos gritos y te esfuerzas un poco más, mientras con la mirada periférica ubicas a tus rivales sin perder la posición de la cabeza y la esperanza de alcanzarlas o no dejarte alcanzar. 

De todas las experiencias que viví este fin de semana, que creo que van a tomar varios capítulos, lo que más me conmovió fue ver nadar por primera vez a mi entrenador, Mauricio Zuasnabar. No fue por el hecho de que ganó todas sus pruebas, ni porque yo sabía que no había entrenado para el campeonato, sino porque la precisión, prolijidad y belleza de sus movimientos en el agua daban la impresión de que nadaba despacio y sin hacer esfuerzo, que el agua se abría para dejarlo pasar, mientras iba dejando atrás a todos sus competidores. Vi otros nadadores master excelentes, algunos de ellos fueron a olimpiadas y mundiales, pero en ellos aprecié la potencia, la garra, el talento. Mauricio nadando me hizo recordar el testimonio de mi papá cuando vio nadar en Guayaquil al extraordinario nadador japonés Hironoshin Furuhashi en los años 50. Es una historia que a mí me ha rondado la cabeza los últimos 38 años desde que la escuché por primera vez. Ahora yo tengo mi propio testimonio de un nadador cuyo dominio de la técnica lo convierte en un artista digno de ser visto y recordado.

El corolario es que ahora pondré muchísima más atención a cada indicación que me haga Mauricio, porque mi sueño es nadar como él!

Cosecha


miércoles, 9 de octubre de 2013

Excelentes inventos

Esta tarde en Montevideo, en que el sol por fin se expresa primaveral y las copas de los árboles están quietas, concentradas en absorber toda la luz y el calor antes de que caiga la noche, quiero celebrar tres inventos.

El primero es el teléfono. Yo soy de las que aún no entiende cómo la voz se puede transmitir instantáneamente allende los mares. Es absolutamente mágico para mí y me recreo en la historia que me contaba la tía Angelita de su mamá, que cuando la llamaban al teléfono se iba a empolvar la cara, pensando que si la podían oír, por qué no la iban a poder ver. Bueno, ese invento mágico me dio la oportunidad hoy de hablar con Marta en Madrid. Me sorprendió lo animada que la encontré, aunque se queda sin aliento con frecuencia. Está luchando contra su enfermedad, haciendo todos los tratamientos y tomándose un día a la vez. Y por supuesto preocupándose de sus nietas, a algunas de las cuales les deben de haber picado las orejas.

El segundo es el avión. Otro inexplicable fruto de la pura magia que permite que una máquina gigantesca llena de gente y equipaje pueda no solo sostenerse en el aire sino llevarlo a uno al otro lado del mundo en unas incómodas y ruidosas horas. Ese invento me permitirá visitar a Marta a fin de mes, luego de pasar una semana en Paris con Jesús, que va a hacer una presentación en una conferencia sobre educación. Poder ir a la ciudad más bella que conozco, de vacaciones inmerecidas, y después ir a acompañar unos días a una persona que quiero mucho, me hace muy feliz.

El tercer invento sé exactamente cómo se hace. Es el licuado multifrutas en agua. Ahí está dicho todo, pero su fórmula no captura la delicia del producto final, que es mucho mejor que la suma de sus partes. He desarrollado una dependencia al licuado multifrutas en agua. Para disimular mi adicción, voy a tres diferentes lugares a pedirlo, para que no me vean muy seguido en ninguno. Además me he impuesto que sólo lo puedo tomar justo después de entrenar natación, y es lo único que pido. Lo tomo ya sea en Café Martinez (U$85), Porto Vanila ($95), o La Pasiva (U$125). El del Martinez es un vaso normal, el de Porto Vanila es un vaso tamaño milkshake, y el de La Pasiva es una jarra con un vaso. Hoy fui a La Pasiva.

lunes, 7 de octubre de 2013

Los Porteros

Hemos tenido muchísima suerte con los porteros del edificio. Cuando llegamos, eran Héctor de 6 a 14, Ruben de 14 a 22, Alfredo de 22 a 6 y Adalberto en todos los días y horas que los otros tenían libre. Ahora Adalberto fue promovido a jefe de porteros de varios edificios (incluido éste) y recién comenzó una señora, que se ve no tiene experiencia en este trabajo. 

Los primeros cuatro no solo son amables y educados, sino que han tenido cada uno varios detalles con nosotros que se han ganado mi aprecio y afecto. Héctor y Ruben, que están en horas diurnas, siempre están muy bien vestidos, de traje y corbata. Héctor, cuando hace limpieza, se pone otra ropa más informal pero no menos elegante. En cambio Alfredo, el de la noche es vampirezco de apariencia: pálido, despeinado, con el cigarrillo colgando de la mano. No sé si él escogió la noche o la noche lo eligió a él. 

Por un lado me alegré que le hayan dado un ascenso a Adalberto, pero también me dio pena no verlo ahora casi nunca. De vez en cuando lo veo hablando con los porteros o chequeando asuntos del edificio.

Hay otros personajes que no son de mi agrado, que están vinculados con la firma que construyó y creo que administra el edificio. Los veo pulular de vez en cuando por acá, porque el edificio todavía tiene detalles por terminar, como un parqueadero que desemboca a la Maggiolo pero que a nosotros no nos afecta de ninguna manera. Y no me queda la menor duda de que mis porteros queridos le pasan información a esta gente sobre nosotros (creo que sigo afectada por la película Barbara, que vi el jueves pasado en el festival, y trataba sobre la Alemania "democrática" donde la policía secreta era siniestra y tenía todo el mundo informándole sobre las idas y venidas de vecinos y colegas). 

Yo he estado observando para entender cuáles son las funciones de los porteros. Hay un lobby pequeñito que tienen inmaculado, Héctor pasa la brilladora por el piso a cada rato. Afuera hay dos piletas ornamentales, que se ensucian cada vez que sopla el viento porque les caen hojas, así que eso también tienen que limpiar. Además la cerca que da a la calle es de vidrio, lo que imagino requiere cantidades de cuidado. Y le abren la puerta a todas las personas que vienen al edificio. Nosotros tenemos un teléfono al que llaman desde abajo, pero solo podemos charlar, no podemos abrir la puerta desde acá arriba. 

De lo que he visto, las dos labores preferidas de los porteros son: abrir las puertas del garaje con el control remoto, en una verdadera batalla con los conductores que siempre queremos abrir las puertas con nuestro propio control remoto, pero ellos están atentos para ganarnos en cada ocasión. La otra cosa que les encanta es ir a repartir las facturas que llegan de luz, gas, DirecTV, teléfono, etc. Las meten debajo de la puerta del departamento. 

También adivino cuáles son las funciones que menos les gustan: estar sentados en su escritorio "mirando a Montevideo pasar y pasar" (parafraseando a Piero), y llevar la basura desde un receptáculo verde donde dejamos las bolsas los habitantes de los departamentos, hasta la esquina donde están los contenedores de basura esos que describí en un escrito anterior. A mi ni me gusta bajar mi basura al receptáculo verde, menos a ellos llevarla a la esquina. Yo sospecho que solo Héctor, que es el más acomedido, lleva la basura a la esquina, los otros seguro que pretenden que no vieron a nadie bajarla.

Así como Héctor es el más trabajador y elegante, Ruben es el más sociable. Lo veo hablando siempre con condóminos, trabajadores y hasta visitas. Esta noche, cuando regresé de un entrenamiento, lo encontré en gran charla con el novio de L, y pensé que era mi oportunidad para ganarle abriendo la puerta, pero no, imposible. Ganó otra vez.

La Playa de Pocitos

Desde que conozco a J, está obsesionado con el mar. A pesar de que nació en la mitad de la cordillera de los Andes, él siempre quiere estar cerca del mar, caminar por la playa, mirar el horizonte. Sus recuerdos de Puerto Colombia, donde veraneaba cuando era niño, son los que describe con más colorido detalle.

Acá en Montevideo, ni siquiera consideró alquilar un departamento que no tuviera vista al mar, y desde que nos instalamos, el paseo obligado es a caminar a la playa de Pocitos.

Pocitos es una bahía con una playa muy ancha, una rambla donde conviven corredores, caminantes, paseantes y ciclistas, una calle de cuatro a seis carriles y una fila sólida de edificios de departamentos con un promedio de diez pisos. Los edificios continúan algunas calles hacia el norte, pero todavía quedan algunas casas antiguas que permiten imaginar cómo habrá sido Pocitos antes de los edificios: primero un balneario retirado del centro de Montevideo donde venir a descansar, después un gran barrio residencial y cuando ya la urbe se expandió, un barrio comercial y residencial con una de las más agradables playas urbanas que conozco.

Caminar de punta a punta la playa de Pocitos por la arena toma 2100 pasos de ida y otros tanto de vuelta. De ahí a nuestro departamento son 3000 más. Es decir que el paseo completo son 10 mil pasos. En un par de horas, a paso tranquilo, se hace todo el trayecto. 

Cuando sale el sol, siempre hay gente tendida, y alguno que otro bañista muy valiente, no por las olas, que son bastante suaves, sino por el agua helada. En Pocitos he visto los perros más lindos de la ciudad, pero ya saben lo que viene ahora: también hay que ir mirando para esquivar la mierda de perro. Además, como en la mayoría de las playas, la gente bota basura, y me parece que no hay suficiente gente limpiándola. Cuando estuvimos en Puerto Rico en Febrero, en Ocean Park, sin duda la mejor playa urbana del planeta tierra, habían unos tractores que varias veces al día pasaban peinando la arena, que estaba siempre impoluta. Esos aparatos no los he visto por acá y hacen mucha falta. 

La gente que conozco se queja de que cuando se pone lindo el clima, la playa de Pocitos se llena de pueblo, lo cual es el comentario más clasista y horroroso, porque implica a) que la playa es sólo de los que viven por ahí y no de todos los habitantes de la ciudad; b) que quienes no viven por ahí contaminan visualmente la playa porque no son elegantes y bellos como los habitantes de Pocitos y c) que los habitantes de Pocitos no se pueden mezclar en la playa con los no habitantes, menos bellos, de los barrios sin playa de la ciudad. 

En fin, ya conoceremos otras playas, más lindas, más salvajes, más grandes, más elegantes y más alejadas de la ciudad. Pero Pocitos será siempre donde nos van a encontrar cualquier tardecita de fin de semana.

domingo, 6 de octubre de 2013

Sigo confundida

Yo entiendo que el propósito de adelantar la hora en los relojes es para que el día sea más largo. Además me parece una idea genial y como nunca me despierto temprano, no me importa para nada que amanezca más tarde.

Pero este súbito, inesperado y aislado cambio de hora en Uruguay me tiene desencajada. Encima acabo de mirar y ni Argentina, ni Brasil cambian la hora. O sea que Uruguay es como una isla, flotando en el Atlántico en su propio huso horario. No puedo ni imaginar cómo se sienten los venezolanos, que tienen media hora de diferencia con el resto de los países, aparte de las horas enteras que naturalmente los separan.

Trato de reconciliar mi nueva hora con la de todos ustedes, y tiemblo al pensar que en menos de un mes, en Washington van a retrasar una hora los relojes. 

Tampoco estoy segura a qué hora tengo que ir a recoger a J mañana al aeropuerto. 

Soy una mujer a caballo entre dos siglos, y ya medio siglo antes que yo aparezca, Einstein probó que el tiempo es relativo. En este momento añoro la certeza del tiempo absoluto.

El Padre de Gardel

Anoche canjeé los dos últimos cupones del festival de cine. Me fui a ver Barbara, una película alemana que había lamentado perderme en Washington, porque solo la daban en el West End (Mr. Tony me comprendería). Me gustó mucho. 

La otra película era en la misma sala, pero una hora después. Era un documental, uruguayo, con el título El Padre de Gardel. Antes de comenzar, un señor se paró al frente y dijo unas palabras sobre la película. Dijo que este era el estreno mundial del filme y que estaban presentes en el auditorio miembros del equipo técnico y miembros de la familia Escayola, y que al día siguiente habría un estreno similar en la ciudad de Tacuarembó, donde vive la mayoría de la familia Escayola. Cuando terminó de hablar, una señora del público le preguntó: "Señor, cuál es su vínculo con la película?" "Soy el director!" (Aplausos). Y después se vino a sentar dos puestos a mi derecha. Resulta que me había sentado en medio de un grupo vinculado bien con la peli o con la familia del Coronel Escayola. El resultado es que estuve muy metida en el filme, porque mis vecinos reconocían lugares y personas antes de que los identificaran en la pantalla. No me molestó para nada esta narración adicional y anticipada, más bien me pareció entrañable. 

Y no me cabe la más mínima duda de que Carlos Gardel, el morocho del abasto, nació en Tacuarembó, Uruguay, hijo ilegítimo del Coronel Carlos Escayola, caudillo local y de su cuñada Maria Lelia Oliva, de 13 años. 

Saltó el reloj!

Hoy estoy desorientada. La culpa la tienen los relojes. El del Bose, que miro cuando me despierto, dice una hora. El microondas tiene la misma que el Bose. Pero el celular está adelantado una hora. La televisión y la computadora lo mismo. Puta, parece que hay cambio de hora en Uruguay y nadie me avisó. He perdido una hora del domingo, una hora de mi vida. Intentaré superar esta crisis.

sábado, 5 de octubre de 2013

Gravedad

NOTA: Esta reseña no contiene spoilers, pero conociendo a mis hipersensibles lectores, si quieren pueden reservar la lectura de este página para después de ver la peli.

---

El jueves por la noche fui a ver Gravedad, la aclamada película de Alfonso Cuarón. Era parte del festival del cine de Montevideo, y los ecos de su fama han llegado hasta este recoveco del planeta, porque la sala estaba repleta. Esta era mi octava película del festival, y fue para la única que estuve a punto de no poder conseguir boleto. Cuando por fin llegué a la taquilla, quedaban asientos solo en la primera fila y unas cuantas laterales arriba, contra la pared, una de las cuales yo arranché. (Acá en muchos cines se vende asientos numerados)

Salí algo preocupada porque creo que estoy tan sola en mi opinión de la película como el personaje de Sandra Bullock en el espacio. Sin entrar en spoilers ni discusiones del argumento, y admitiendo que la primera toma, que según leí dura 17 minutos, es extraordinaria, varias cosas me fastidiaron muchísimo. 

La que más me llamó a mí misma la atención fue que me irritó el personaje de George Clooney. Yo suspiro por George Clooney como cualquiera, y suelo encontrar irresistible su encanto, combinación de belleza, inteligencia y picardía, pero esta actuación me pareció que era Clooney actuando de Clooney. No vi una construcción de su personaje, solo un calentado de lo que ha hecho mil veces: Danny Ocean con traje espacial. Me resisto a aceptar que Clooney se convierta en una sombra de si mismo, Me pareció que en esta película renunció a ser actor para convertirse en schtick, cruel destino que suelen corren muchos actores cuya originalidad misma los hace famosos, por ejemplo Jack Nicholson y ahora hasta Robert de Niro (mierda, no van a dejar entrar a ningún cine, después de estas blasfemias!).

Por otro lado, hay un backstory de uno de los personajes principales que me pareció innecesario, artificioso y manipulador. Francamente ridículo. Como no me dejé enganchar por ese elemento, la película terminó no conmoviéndome. Y filme que no me conmueve, que me deja fría, va en la lista de las que no me gustan.

En torno a los efectos especiales, todas las escenas de exteriores (y esto si que es el exterior del exterior: la nada) son excelentes. La verdad es que si tuve que regular mi respiración varias veces porque sentía que me estaba quedando también sin oxígeno. Y mi cuerpo reaccionaba con espasmos y movimientos involuntarios cuando la astronauta se golpeaba contra el exterior de las naves y estaciones espaciales. En cambio unas escenas interiores de incendio me parecieron francamente inverosímiles. 

La fotografía me pareció maravillosa y creo que el manejo de la cámara trasmite esa realidad fascinante que nos cuesta entender como terrícolas, que en el espacio no hay arriba ni abajo. Yo amo a Emmanuel Lubezki, el querido Chivo, cuya cinematografía me deslumbra siempre, especialmente cuando trabaja con Terrence Malick, y en esta película está impecable y creo que le eleva el nivel. 

Bueno, cuando la vean, me comentan, porque acá no tengo interlocutores.

viernes, 4 de octubre de 2013

Lista para el Nacional

En una semana comienza el nacional de Masters. Es prácticamente solo nacional en nombre, porque vienen clubes de Chile, Brasil y Argentina, aparte de los extranjeros que competimos en los clubes orientales. 

Hasta hoy, 45 nadadores de mi club se habían anotado para participar. Lo ideal es que cada nadador se inscriba en seis pruebas individuales y todos los relevos necesarios para darle al club la mayor cantidad de puntos, tomando en consideración que solo los primeros ocho de cada competencia ganan puntos. El objetivo es grupal, no individual.

Estas son las pruebas en las que yo me atreví a inscribirme: el viernes por la noche 800 metros libres. El sábado por la mañana 50 metros pecho y 100 metros libre. El sábado por la noche 200 metros combinado individual y 50 metros libre. El domingo por la mañana 200 libre. 

J ha decidido que me va a acompañar, y mis intentos por disuadirlo hasta ahora han sido ignorados. Le he explicado que es aburridísimo, y que además yo voy a pasar tiempo en la piscina y con el equipo, dejándolo solo. 

Me he preparado a consciencia, por primera vez en la vida. Como ya he dicho antes, he sido una vaga para entrenar, porque lo he hecho siempre por divertirme, sin ponerme presiones ni expectativas. Cuando sentía dolor o cansancio, pues bajaba el ritmo. Ahora, en cambio, he llegado a conocer los límites de mi capacidad física; termino los entrenamientos agotada y me despierto cada día con algún músculo adolorido, me imagino que por el trabajo en la sala (así le dicen al gimnasio los chéveres), que incluye pesas y máquinas.

Estoy encantada de poder volver a competir tras 35 años. No estoy nada nerviosa ni ansiosa porque lo único que aspiro es a terminar cada prueba y solo voy a poder nadar tan rápido y tan largo como me lo permita mi cuerpo. La competencia en la que participé hace dos semanas me demostró que estoy preparada, en buen estado físico. He revisado los tiempos que han hecho en competencias de este año las otras mujeres de mi categoría y en cada prueba hay siquiera dos que son mucho mejores que yo. Bring it on! 

Quijote

Anoche fui a la feria del libro para una conferencia acerca de la aventura de leer el Quijote. El conferencista es un personaje muy interesante de acá: Marcelo Estefanell, exmiembro de los Tupamaros, que a comienzo de los 70, con solo 21 años, fue apresado y estuvo en la cárcel 13 años por su participación en la guerrilla. Estefanell se dedicó a leer, aprovechando la fortuna de que había una bien dotada biblioteca en la prisión. Y entre los 1600 libros que debe haber leído, se apasionó con el Quijote. En los últimos 10 años ha escrito dos libros sobre el Quijote y la lectura que hace Estefanell es extraordinaria. Cuenta que tuvo una epifanía cuando terminó la primera lectura y no se atrevió a compartirla. Entonces leyó los libros de la biblioteca de Alonso Quijano (lo cual me sorprende aún más que hayan tenido en la biblioteca de la cárcel) y volvió a leer el Quijote y ya se quedó enganchado para siempre. 

Los libros que Estefanell escribió ya no circulan, pero después de la conferencia, camino a la casa pasé por una librería que había visto de libros usados. Jorge, el librero, me dice que esos dos tomos de Estefanell aparecen de vez en cuando y hace tres meses vendió uno. Tomó mis datos y me prometió que los siguientes que aparezcan son para mi. Voy a tener que apurarme con Shakespeare, porque me parece que el Quijote viene detrás.

Prohibido!

En algún recorrido en bus, L hizo un descubrimiento que yo documenté ayer: existe solo una conducta prohibida en el sistema de transporte público montevideano. Fumar, quizás? Comer, como en el de Washington? Escupir? Portar armas, será?



Me encanta que hayan usado el signo internacional de prohibido el mate, para cubrir cualquier posible barrera del idioma!