jueves, 17 de octubre de 2013

El Equipo

Mi concuñada Maria Cecilia escribió un comentario en una foto de mi equipo en Facebook. "Que suerte poder tener esa oportunidad de estar en un equipo.. disfrútala."
Si, Maria Cecilia! Tienes toda la razón, tengo mucha suerte y lo estoy disfrutando intensamente!

Competir en un torneo de natación es una experiencia sin par. No conozco otro ámbito donde uno esté tan expuesto --en todo sentido-. Una se pasea sin pudor en un traje de baño ceñido y chancletas, y para la partida te agachas y levantas el culo hasta escuchar la señal para saltar al agua. Cada cual va por su andarivel y es cien por ciento responsable de su desempeño. No hay donde esconderse. Al final una pantalla inmensa revela el tiempo que hiciste y el lugar que quedaste. Y hayas llegado última, primera o en la mitad, te sales de la pileta y regresas, otra vez semidesnuda pero ahora chorreando agua, a sentarte.

El estrés de esa experiencia sería insoportable si uno no estuviera cobijado por un equipo en donde todos están participando para sumar puntos para el campeonato, que es la meta general, más allá de las marcas y medallas que uno pueda ganar en las pruebas individuales o postas. Cuando cualquier miembro del equipo sale de la piscina tras su carrera, siempre hay unos manos esperándolo para el "high five" o un abrazo y un beso acá donde hombres y mujeres se saludan y despiden besándose. No importa si ganaste la de oro o quedaste último, el equipo te acoge y te alienta. 

Las carreras duran unos pocos minutos --las cortas unos pocos segundos-, y el resto del tiempo te pasas sentado junto a tus compañeros de equipo, charlando, y si son uruguayos, pasándose el mate de mano en mano. Son muchísimas horas. Por ejemplo el sábado, la competencia comenzó a las 8 de la mañana hasta las 2 de la tarde, y de las 6 de la tarde hasta la 1 de la mañana. Hay algunos que se conocen desde hace años y otros con quienes nunca cruzaste palabra. La dinámica es especial, porque como comentó alguno del equipo con algo de amargura, en un equipo no somos amigos, somos compañeros. A mi en cambio esto me parece algo positivo. Se viven momentos intensos juntos y después cada cual se va por su lado. No compartimos problemas personales y todos nos tratamos con amabilidad. 

Además, nadar en un equipo master ya te distingue del común mortal. Somos todos adultos, y es una decisión personal la de dedicar tantas horas y tanto esfuerzo para entrenar y competir. Permítanme recordarles que cuando una está nadando, no puedes charlar ni quedarte quieta porque te hundes y tragas agua. A veces el agua está fría y con frecuencia una se golpea contra los compañeros que van en sentido contrario o contra el andarivel o la pared. Durante el entrenamiento uno se esfuerza tanto que termina sin aliento, y en un santiamén tienes que volver a salir para la próxima repetición. Y esto cada día. Y el entrenador te corrige los errores en público. Debe de haber un perfil sicológico del nadador. No lo conozco y no tengo las herramientas para hacerlo. Mi entrenador contaba que tenían una señora francesa que entrenaba en Biguá y nadaba muy bien, pero la primera vez que fue a una competencia sufrió tanta ansiedad que nunca volvió a entrenar natación.