sábado, 21 de diciembre de 2013

Ladrones

Al primer ladrón lo vi en plena rambla en hora pico. Yo estaba esperando que la luz se ponga verde para sacar el pie del freno cuando vi que J se agitó. Yo al ladrón lo vi unos segundos, quizás él me miró también, y mientras mi carro aceleraba, el ladrón pasó por detrás, toreando el tráfico. Había estado a punto de romperle la ventanilla de atrás al auto que estaba al lado del nuestro. J vio todo. La conductora y casi víctima nunca se enteró de la que se salvó porque la luz se puso en verde en el momento crucial. Desde entonces intento estar más al tanto de lo que pasa en la calle, especialmente cuando estoy parada en un semáforo. Una suele asilarse del mundo cuando está dentro del auto con las ventanas cerradas y Gardel cantando a todo pulmón por la radio.

Hoy salíamos de la Pulpería, J, A y yo. Nos encaminábamos hacia al departamento cuando escuchamos a un hombre gritando: paren al ladrón. El ladrón, un flaco con zapatos deportivos, corría con gran zancada, la víctima y su amigo corría detrás. Venían los tres directamente hacia nosotros. La víctima nos increpó. No se queden ahí parados, por favor ayúdenme. Nosotros nos quedamos paralizados. A tres metros de nosotros el ladrón lanzó un celular cambió ligeramente el rumbo para evitarnos y siguió su carrera. La víctima recogió su teléfono y regresó con el amigo por donde había venido. A nosotros nos dio risa. Risa nerviosa por nuestros reflejos lentos, nuestra renuencia a involucrarnos, nuestra pequeña cobardía. No todos tenemos madera de héroes.