Competí en 6 pruebas individuales y cuatro relevos. Era el máximo número de pruebas permitidas, además de la limitación de que uno no podía nadar más de 2 pruebas individuales por sesión. El Nacional tenía 4 sesiones: viernes de noche, sábado de mañana, sábado de noche, domingo de mañana. No era obligatorio inscribirse en las 6 pruebas, pero era la forma de contribuir con más puntos al equipo, que se había fijado el desafío de ganar el campeonato destronando a ACJ (Asociación Cristiana de Jóvenes) que lo había ganado las nueve ocasiones anteriores. Lamentablemente y pese al esfuerzo de todos, quedamos segundos, otra vez, a cien puntos de diferencia 1600 y pico a 1500 y pico.
A alguna de ustedes le habrá llamado la atención en el párrafo anterior el nombre del equipo rival, y me estará tildando de traidora, pues resulta evidente que ACJ es el YMCA local! Si, es verdad que nadé 5 años en el YMCA, pero nunca para el YMCA.
Desde que comencé a entrenar en Montevideo, hoy hace un mes y medio, el estilo que mejor se me daba era libre. Gané muchísima resistencia en libre de tanto entrenar día tras día. Bajé mis tiempos y nunca me cansaba. Y el que peor nadaba, pese a mis antecedentes, era pecho. Es que pecho es el estilo que más ha evolucionado desde que yo era chica y pechista. Y no le he podido aún agarrar el golpe a la nueva técnica. Pero como me iba a inscribir en 6 pruebas, una de las que elegí fue 50 pecho. No 100, ni 200. 50. Por otro lado, me inscribí en muchas de libre: 50, 100, 200 y 800 y la de 200 combinado, que es mi preferida, aunque no tengo aún suficiente fuerza para nadar bien esa prueba.
Lo que no había calculado es que TODO el mundo nada libre. Hay mucha gente inscrita y quienes hacen triatlon o aguas abiertas son libristas. Para la próxima cambio de estrategia.
En cambio donde saqué medalla de oro y gané con una ventaja de 4 segundos (que es mucha distancia) fue en 50 pecho, la prueba de mi infancia. Con estilo de los años 70 le di al máximo de mis fuerzas. Parece que otra vez vuelvo a ser pechista, aunque ahora me tocará aprender la técnica moderna.
En todas las de libre saqué plata. Y en el combinado individual gané bronce. En las tres postas donde alcancé medalla me llevé una de cada color. La cuarta posta llegamos cuartos por 2 centésimas de segundo, y los tres primeros también estuvieron centésimas de segundo separados. O sea que fue por puesta de mano!
jueves, 17 de octubre de 2013
El Equipo
Mi concuñada Maria Cecilia escribió un comentario en una foto de mi equipo en Facebook. "Que suerte poder tener esa oportunidad de estar en un equipo.. disfrútala."
Si, Maria Cecilia! Tienes toda la razón, tengo mucha suerte y lo estoy disfrutando intensamente!
Competir en un torneo de natación es una experiencia sin par. No conozco otro ámbito donde uno esté tan expuesto --en todo sentido-. Una se pasea sin pudor en un traje de baño ceñido y chancletas, y para la partida te agachas y levantas el culo hasta escuchar la señal para saltar al agua. Cada cual va por su andarivel y es cien por ciento responsable de su desempeño. No hay donde esconderse. Al final una pantalla inmensa revela el tiempo que hiciste y el lugar que quedaste. Y hayas llegado última, primera o en la mitad, te sales de la pileta y regresas, otra vez semidesnuda pero ahora chorreando agua, a sentarte.
El estrés de esa experiencia sería insoportable si uno no estuviera cobijado por un equipo en donde todos están participando para sumar puntos para el campeonato, que es la meta general, más allá de las marcas y medallas que uno pueda ganar en las pruebas individuales o postas. Cuando cualquier miembro del equipo sale de la piscina tras su carrera, siempre hay unos manos esperándolo para el "high five" o un abrazo y un beso acá donde hombres y mujeres se saludan y despiden besándose. No importa si ganaste la de oro o quedaste último, el equipo te acoge y te alienta.
Las carreras duran unos pocos minutos --las cortas unos pocos segundos-, y el resto del tiempo te pasas sentado junto a tus compañeros de equipo, charlando, y si son uruguayos, pasándose el mate de mano en mano. Son muchísimas horas. Por ejemplo el sábado, la competencia comenzó a las 8 de la mañana hasta las 2 de la tarde, y de las 6 de la tarde hasta la 1 de la mañana. Hay algunos que se conocen desde hace años y otros con quienes nunca cruzaste palabra. La dinámica es especial, porque como comentó alguno del equipo con algo de amargura, en un equipo no somos amigos, somos compañeros. A mi en cambio esto me parece algo positivo. Se viven momentos intensos juntos y después cada cual se va por su lado. No compartimos problemas personales y todos nos tratamos con amabilidad.
Además, nadar en un equipo master ya te distingue del común mortal. Somos todos adultos, y es una decisión personal la de dedicar tantas horas y tanto esfuerzo para entrenar y competir. Permítanme recordarles que cuando una está nadando, no puedes charlar ni quedarte quieta porque te hundes y tragas agua. A veces el agua está fría y con frecuencia una se golpea contra los compañeros que van en sentido contrario o contra el andarivel o la pared. Durante el entrenamiento uno se esfuerza tanto que termina sin aliento, y en un santiamén tienes que volver a salir para la próxima repetición. Y esto cada día. Y el entrenador te corrige los errores en público. Debe de haber un perfil sicológico del nadador. No lo conozco y no tengo las herramientas para hacerlo. Mi entrenador contaba que tenían una señora francesa que entrenaba en Biguá y nadaba muy bien, pero la primera vez que fue a una competencia sufrió tanta ansiedad que nunca volvió a entrenar natación.
Si, Maria Cecilia! Tienes toda la razón, tengo mucha suerte y lo estoy disfrutando intensamente!
Competir en un torneo de natación es una experiencia sin par. No conozco otro ámbito donde uno esté tan expuesto --en todo sentido-. Una se pasea sin pudor en un traje de baño ceñido y chancletas, y para la partida te agachas y levantas el culo hasta escuchar la señal para saltar al agua. Cada cual va por su andarivel y es cien por ciento responsable de su desempeño. No hay donde esconderse. Al final una pantalla inmensa revela el tiempo que hiciste y el lugar que quedaste. Y hayas llegado última, primera o en la mitad, te sales de la pileta y regresas, otra vez semidesnuda pero ahora chorreando agua, a sentarte.
El estrés de esa experiencia sería insoportable si uno no estuviera cobijado por un equipo en donde todos están participando para sumar puntos para el campeonato, que es la meta general, más allá de las marcas y medallas que uno pueda ganar en las pruebas individuales o postas. Cuando cualquier miembro del equipo sale de la piscina tras su carrera, siempre hay unos manos esperándolo para el "high five" o un abrazo y un beso acá donde hombres y mujeres se saludan y despiden besándose. No importa si ganaste la de oro o quedaste último, el equipo te acoge y te alienta.
Las carreras duran unos pocos minutos --las cortas unos pocos segundos-, y el resto del tiempo te pasas sentado junto a tus compañeros de equipo, charlando, y si son uruguayos, pasándose el mate de mano en mano. Son muchísimas horas. Por ejemplo el sábado, la competencia comenzó a las 8 de la mañana hasta las 2 de la tarde, y de las 6 de la tarde hasta la 1 de la mañana. Hay algunos que se conocen desde hace años y otros con quienes nunca cruzaste palabra. La dinámica es especial, porque como comentó alguno del equipo con algo de amargura, en un equipo no somos amigos, somos compañeros. A mi en cambio esto me parece algo positivo. Se viven momentos intensos juntos y después cada cual se va por su lado. No compartimos problemas personales y todos nos tratamos con amabilidad.
Además, nadar en un equipo master ya te distingue del común mortal. Somos todos adultos, y es una decisión personal la de dedicar tantas horas y tanto esfuerzo para entrenar y competir. Permítanme recordarles que cuando una está nadando, no puedes charlar ni quedarte quieta porque te hundes y tragas agua. A veces el agua está fría y con frecuencia una se golpea contra los compañeros que van en sentido contrario o contra el andarivel o la pared. Durante el entrenamiento uno se esfuerza tanto que termina sin aliento, y en un santiamén tienes que volver a salir para la próxima repetición. Y esto cada día. Y el entrenador te corrige los errores en público. Debe de haber un perfil sicológico del nadador. No lo conozco y no tengo las herramientas para hacerlo. Mi entrenador contaba que tenían una señora francesa que entrenaba en Biguá y nadaba muy bien, pero la primera vez que fue a una competencia sufrió tanta ansiedad que nunca volvió a entrenar natación.
Las nadadoras de mi equipo
Somos alrededor de 16 mujeres nadadoras master del Biguá. A muchas no las veo sino en las competencias porque entrenan de mañana o de noche. Al mediodía vamos 3 ó 4 de un promedio de 12 nadadores.
La mayor se llama Margarita, tiene 72 años. Margarita tuvo hace un año un accidente espantoso en moto y quedó con problemas de memoria y dificultades en la vista (los ojos desalineados verticalmente), pero le encanta nadar y competir. Recién comenzó este año y todavía no domina la técnica, pero entrena dos días a la semana sin falta y según me ha contado, hace también gimnasia acuática dos veces a la semana, que es lo que hacen las viejitas del club.
Tres compañeras son médicas: Ana es intensivista, Iva es internista y Camila es cardióloga. Ellas entrenan por la mañana. A Iva es a quien conozco más porque ella va los lunes al entrenamiento del mediodía cuando corre competencias de 10 kilómetros, que se hacen con mucha frecuencia acá por la rambla los fines de semana. Ana fue estrella de la natación juvenil en Uruguay y todavía es excelente. Ambas compiten en la categoría 45-49. Iva es buenísima en carreras largas, porque con todo lo que entrena para correr, tiene una resistencia infinita para nadar. Su marido compite en triatlón, y su hijo, Nicolás de 11 años, es nadador (nunca me olvidaré de Nicolás, pues después de la competencia de los 60 minutos, Iva trajo de vuelta a 3 y paró a recoger a Nicolás, quien se subió al auto y nos dio besos a los 3 desconocidos y contestó todas nuestras preguntas con aplomo).
Daniela es una fiera en el agua y una mujer con mucha personalidad fuera de ella. Ella es de las que pasa a mi categoría el año que viene, lo que me hará cambiar de estrategia y elegir las pruebas donde ella no nada, porque sus tiempos son mucho mejores que los míos en libre y mariposa. Ella fue fundadora de la Liga Master y ha sido dirigente varias veces. No solo eso, es patrocinadora de la Liga, que en sus carteles anuncia: Optica Garese. Daniela es optómetra y tiene 3 locales en la ciudad.
Florencia es a quien más conozco. Entrena conmigo tres mediodías a la semana, y a veces sube a lo del preparador físico. Los otros días juega tennis. Tiene 40 años y el cuerpo más bonito que he visto fuera de un concurso internacional de belleza. Es altísima y no es una estaca, tiene sus curvas y sus músculos. Es pechista, y recién comenzó a nadar hace un año, después de haber competido cuando era niña. Ella no trabaja, por eso puede ir al club en horas laborables.
Valeria es morocha y bajita, con una cara muy linda y una voz ronca y agradable. Es profesora de spinning del club. Tiene treinta y pico de años y, como muchos de su profesión trabaja en varios sitios así que pasa ocupadísima y a la carrera siempre. Es espaldista y recién compitió por primera vez en el Nacional de la semana pasada. Ella entrena al medio día, los martes y jueves.
Isabel, de 39, es también profesora de gimnasio, pero ella es propietaria de un gimnasio en su barrio, donde emplea 17 personas. Entrena los medio días y recién comenzó a nadar en serio en Abril de este año, pero es tan buena y tan fuerte y tan rápida que hubiera pensado que había sido nadadora de toda la vida. Además es muy cariñosa y me encanta.
Entre las que entrenan por la mañana y conozco poco está Paula, que es argentina e ingeniera industrial. Es muy simpática y me ha caído muy bien. También está Matilde, de 50, que comenzó a nadar ahora de adulta y entrena solo hace un par de meses y sin embargo participó en el Nacional en postas y 50 libre (todavía no sabe nadar estilos), lo cual indica que es una mujer muy valiente.
Las otras nadadoras son jovencitas de menos de 30 años y me imagino que por estudios y trabajo entrenan por la mañana o la noche y apenas las conozco.
La mayor se llama Margarita, tiene 72 años. Margarita tuvo hace un año un accidente espantoso en moto y quedó con problemas de memoria y dificultades en la vista (los ojos desalineados verticalmente), pero le encanta nadar y competir. Recién comenzó este año y todavía no domina la técnica, pero entrena dos días a la semana sin falta y según me ha contado, hace también gimnasia acuática dos veces a la semana, que es lo que hacen las viejitas del club.
Tres compañeras son médicas: Ana es intensivista, Iva es internista y Camila es cardióloga. Ellas entrenan por la mañana. A Iva es a quien conozco más porque ella va los lunes al entrenamiento del mediodía cuando corre competencias de 10 kilómetros, que se hacen con mucha frecuencia acá por la rambla los fines de semana. Ana fue estrella de la natación juvenil en Uruguay y todavía es excelente. Ambas compiten en la categoría 45-49. Iva es buenísima en carreras largas, porque con todo lo que entrena para correr, tiene una resistencia infinita para nadar. Su marido compite en triatlón, y su hijo, Nicolás de 11 años, es nadador (nunca me olvidaré de Nicolás, pues después de la competencia de los 60 minutos, Iva trajo de vuelta a 3 y paró a recoger a Nicolás, quien se subió al auto y nos dio besos a los 3 desconocidos y contestó todas nuestras preguntas con aplomo).
Daniela es una fiera en el agua y una mujer con mucha personalidad fuera de ella. Ella es de las que pasa a mi categoría el año que viene, lo que me hará cambiar de estrategia y elegir las pruebas donde ella no nada, porque sus tiempos son mucho mejores que los míos en libre y mariposa. Ella fue fundadora de la Liga Master y ha sido dirigente varias veces. No solo eso, es patrocinadora de la Liga, que en sus carteles anuncia: Optica Garese. Daniela es optómetra y tiene 3 locales en la ciudad.
Florencia es a quien más conozco. Entrena conmigo tres mediodías a la semana, y a veces sube a lo del preparador físico. Los otros días juega tennis. Tiene 40 años y el cuerpo más bonito que he visto fuera de un concurso internacional de belleza. Es altísima y no es una estaca, tiene sus curvas y sus músculos. Es pechista, y recién comenzó a nadar hace un año, después de haber competido cuando era niña. Ella no trabaja, por eso puede ir al club en horas laborables.
Valeria es morocha y bajita, con una cara muy linda y una voz ronca y agradable. Es profesora de spinning del club. Tiene treinta y pico de años y, como muchos de su profesión trabaja en varios sitios así que pasa ocupadísima y a la carrera siempre. Es espaldista y recién compitió por primera vez en el Nacional de la semana pasada. Ella entrena al medio día, los martes y jueves.
Isabel, de 39, es también profesora de gimnasio, pero ella es propietaria de un gimnasio en su barrio, donde emplea 17 personas. Entrena los medio días y recién comenzó a nadar en serio en Abril de este año, pero es tan buena y tan fuerte y tan rápida que hubiera pensado que había sido nadadora de toda la vida. Además es muy cariñosa y me encanta.
Entre las que entrenan por la mañana y conozco poco está Paula, que es argentina e ingeniera industrial. Es muy simpática y me ha caído muy bien. También está Matilde, de 50, que comenzó a nadar ahora de adulta y entrena solo hace un par de meses y sin embargo participó en el Nacional en postas y 50 libre (todavía no sabe nadar estilos), lo cual indica que es una mujer muy valiente.
Las otras nadadoras son jovencitas de menos de 30 años y me imagino que por estudios y trabajo entrenan por la mañana o la noche y apenas las conozco.
Algunas compañeras en esta foto: (alguien siempre estaba compitiendo o en el vestuario)
En la fila de adelante, Margarita y Daniela, atrás de Daniela está Camila; cerca de Camila está Valeria; hacia la izquierda de la foto están, semi-tapadas, Ana y más atrás Iva; yo estoy atrás de la foto, con gorra, y a mi lado, Isabel. Ah! y acabo de localizar a Matilde, semi-tapada detrás de uno con camiseta celeste. Mauricio, el entrenador, está a la izquierda, detrás del que tiene camiseta de bandera británica.
Club Biguá de Villa Biarritz
No sé si ya les conté que mi club se llama Biguá, y que queda en un barrio muy lindo y cerca de casa que se llama Villa Biarritz. El barrio rodea un parque y el club queda dentro del parque.
El biguá es un pelícano de esta zona. Yo no le veo pinta de pato, pero a los del club le dicen los patos, y mi equipo de natación es el Masterpato. Hay tres grupos: uno se entrena a las 7 de la mañana, otros al medio día, y otros a las 8 de la noche. Los entrenamientos duran hora y media. Tenemos además un preparador físico disponible dos días a la semana en el gimnasio del club. Yo voy de lunes a viernes al medio día y además trabajo con el preparador físico. Los sábados se juntan los nadadores de los tres grupos, pero es a las 8 de la mañana y será un milagro si alguna vez me despierto para ir a ese entrenamiento.
Nuestro entrenador se llama Mauricio. Es un joven alto de 35 años, fue campeón de Uruguay y todavía puede ganar competencias sin entrenar, de lo bien que nada y lo fuerte que es. Aunque algunos compañeros dicen que es malgeniado, a mi me ha parecido una maravilla, el mejor maestro que he tenido en la vida. Sus indicaciones son precisas y excelentes y es capaz de motivarme a darlo todo en los entrenamientos. Me acogió en el equipo inmediatamente y ya la primera semana de entrenamiento quería que vaya a una competencia en Salto, a 5 horas de acá, pero yo tenía entradas para la sinfónica y para Joshua Bell, así que no fui. Sin embargo, unas semanas después participé en el desafío de los 60 minutos, una posta como banda sin fin donde los 5 integrantes del equipo seguíamos nadando 100 metros a toda marcha uno después del otro hasta que se terminara la hora, el equipo con más piscinas nadadas ganaba. Y mi equipo ganó en nuestra categoría. Allí es donde me gané el primer trofeo de la vida y me quedé enganchada con las competencias, espero que para siempre. En los Estados Unidos he estado entrenando natación desde hace cinco años, pero sin competir, y la verdad es que era como un hobby más que como un deporte.
En este equipo me siento como Jason Street cuando comienza a jugar murderball en la primera temporada de Friday Night Lights. Me falta mucho pero las ganas me desbordan!
Yo no soy de las buenas del equipo, pero como en mi categoría (50-54) no compiten muchas mujeres, tengo la oportunidad de hacer un buen papel en las competencias. Tengo estudiadas a mis rivales de los otros clubes, y también a las buenas de la categoría siguiente que ya cumplen 50 el año 2014 y pasarán a mi categoría el 1 de enero.
En los cuatro años que espero vivir en este país, quiero seguir nadando y compitiendo. Es demasiado entretenido!
El biguá es un pelícano de esta zona. Yo no le veo pinta de pato, pero a los del club le dicen los patos, y mi equipo de natación es el Masterpato. Hay tres grupos: uno se entrena a las 7 de la mañana, otros al medio día, y otros a las 8 de la noche. Los entrenamientos duran hora y media. Tenemos además un preparador físico disponible dos días a la semana en el gimnasio del club. Yo voy de lunes a viernes al medio día y además trabajo con el preparador físico. Los sábados se juntan los nadadores de los tres grupos, pero es a las 8 de la mañana y será un milagro si alguna vez me despierto para ir a ese entrenamiento.
Nuestro entrenador se llama Mauricio. Es un joven alto de 35 años, fue campeón de Uruguay y todavía puede ganar competencias sin entrenar, de lo bien que nada y lo fuerte que es. Aunque algunos compañeros dicen que es malgeniado, a mi me ha parecido una maravilla, el mejor maestro que he tenido en la vida. Sus indicaciones son precisas y excelentes y es capaz de motivarme a darlo todo en los entrenamientos. Me acogió en el equipo inmediatamente y ya la primera semana de entrenamiento quería que vaya a una competencia en Salto, a 5 horas de acá, pero yo tenía entradas para la sinfónica y para Joshua Bell, así que no fui. Sin embargo, unas semanas después participé en el desafío de los 60 minutos, una posta como banda sin fin donde los 5 integrantes del equipo seguíamos nadando 100 metros a toda marcha uno después del otro hasta que se terminara la hora, el equipo con más piscinas nadadas ganaba. Y mi equipo ganó en nuestra categoría. Allí es donde me gané el primer trofeo de la vida y me quedé enganchada con las competencias, espero que para siempre. En los Estados Unidos he estado entrenando natación desde hace cinco años, pero sin competir, y la verdad es que era como un hobby más que como un deporte.
En este equipo me siento como Jason Street cuando comienza a jugar murderball en la primera temporada de Friday Night Lights. Me falta mucho pero las ganas me desbordan!
Yo no soy de las buenas del equipo, pero como en mi categoría (50-54) no compiten muchas mujeres, tengo la oportunidad de hacer un buen papel en las competencias. Tengo estudiadas a mis rivales de los otros clubes, y también a las buenas de la categoría siguiente que ya cumplen 50 el año 2014 y pasarán a mi categoría el 1 de enero.
En los cuatro años que espero vivir en este país, quiero seguir nadando y compitiendo. Es demasiado entretenido!
lunes, 14 de octubre de 2013
El Nacional de Natación Master
La natación es un deporte extraordinario. Uno está inmerso en un elemento donde no es posible respirar. Si dejas de moverte te hundes. Es preciso controlar simultáneamente muchos músculos del cuerpo para poder desplazarte de la manera más eficiente posible y dosificar el aire y la energía para cubrir la distancia acordada. Cuando compites conoces el límite de tus fuerzas mientras tu cerebro te grita que estás cansado, que te duele todo, que no tienes suficiente aire, y tú ignoras esos gritos y te esfuerzas un poco más, mientras con la mirada periférica ubicas a tus rivales sin perder la posición de la cabeza y la esperanza de alcanzarlas o no dejarte alcanzar.
De todas las experiencias que viví este fin de semana, que creo que van a tomar varios capítulos, lo que más me conmovió fue ver nadar por primera vez a mi entrenador, Mauricio Zuasnabar. No fue por el hecho de que ganó todas sus pruebas, ni porque yo sabía que no había entrenado para el campeonato, sino porque la precisión, prolijidad y belleza de sus movimientos en el agua daban la impresión de que nadaba despacio y sin hacer esfuerzo, que el agua se abría para dejarlo pasar, mientras iba dejando atrás a todos sus competidores. Vi otros nadadores master excelentes, algunos de ellos fueron a olimpiadas y mundiales, pero en ellos aprecié la potencia, la garra, el talento. Mauricio nadando me hizo recordar el testimonio de mi papá cuando vio nadar en Guayaquil al extraordinario nadador japonés Hironoshin Furuhashi en los años 50. Es una historia que a mí me ha rondado la cabeza los últimos 38 años desde que la escuché por primera vez. Ahora yo tengo mi propio testimonio de un nadador cuyo dominio de la técnica lo convierte en un artista digno de ser visto y recordado.
El corolario es que ahora pondré muchísima más atención a cada indicación que me haga Mauricio, porque mi sueño es nadar como él!
De todas las experiencias que viví este fin de semana, que creo que van a tomar varios capítulos, lo que más me conmovió fue ver nadar por primera vez a mi entrenador, Mauricio Zuasnabar. No fue por el hecho de que ganó todas sus pruebas, ni porque yo sabía que no había entrenado para el campeonato, sino porque la precisión, prolijidad y belleza de sus movimientos en el agua daban la impresión de que nadaba despacio y sin hacer esfuerzo, que el agua se abría para dejarlo pasar, mientras iba dejando atrás a todos sus competidores. Vi otros nadadores master excelentes, algunos de ellos fueron a olimpiadas y mundiales, pero en ellos aprecié la potencia, la garra, el talento. Mauricio nadando me hizo recordar el testimonio de mi papá cuando vio nadar en Guayaquil al extraordinario nadador japonés Hironoshin Furuhashi en los años 50. Es una historia que a mí me ha rondado la cabeza los últimos 38 años desde que la escuché por primera vez. Ahora yo tengo mi propio testimonio de un nadador cuyo dominio de la técnica lo convierte en un artista digno de ser visto y recordado.
El corolario es que ahora pondré muchísima más atención a cada indicación que me haga Mauricio, porque mi sueño es nadar como él!
miércoles, 9 de octubre de 2013
Excelentes inventos
Esta tarde en Montevideo, en que el sol por fin se expresa primaveral y las copas de los árboles están quietas, concentradas en absorber toda la luz y el calor antes de que caiga la noche, quiero celebrar tres inventos.
El primero es el teléfono. Yo soy de las que aún no entiende cómo la voz se puede transmitir instantáneamente allende los mares. Es absolutamente mágico para mí y me recreo en la historia que me contaba la tía Angelita de su mamá, que cuando la llamaban al teléfono se iba a empolvar la cara, pensando que si la podían oír, por qué no la iban a poder ver. Bueno, ese invento mágico me dio la oportunidad hoy de hablar con Marta en Madrid. Me sorprendió lo animada que la encontré, aunque se queda sin aliento con frecuencia. Está luchando contra su enfermedad, haciendo todos los tratamientos y tomándose un día a la vez. Y por supuesto preocupándose de sus nietas, a algunas de las cuales les deben de haber picado las orejas.
El segundo es el avión. Otro inexplicable fruto de la pura magia que permite que una máquina gigantesca llena de gente y equipaje pueda no solo sostenerse en el aire sino llevarlo a uno al otro lado del mundo en unas incómodas y ruidosas horas. Ese invento me permitirá visitar a Marta a fin de mes, luego de pasar una semana en Paris con Jesús, que va a hacer una presentación en una conferencia sobre educación. Poder ir a la ciudad más bella que conozco, de vacaciones inmerecidas, y después ir a acompañar unos días a una persona que quiero mucho, me hace muy feliz.
El tercer invento sé exactamente cómo se hace. Es el licuado multifrutas en agua. Ahí está dicho todo, pero su fórmula no captura la delicia del producto final, que es mucho mejor que la suma de sus partes. He desarrollado una dependencia al licuado multifrutas en agua. Para disimular mi adicción, voy a tres diferentes lugares a pedirlo, para que no me vean muy seguido en ninguno. Además me he impuesto que sólo lo puedo tomar justo después de entrenar natación, y es lo único que pido. Lo tomo ya sea en Café Martinez (U$85), Porto Vanila ($95), o La Pasiva (U$125). El del Martinez es un vaso normal, el de Porto Vanila es un vaso tamaño milkshake, y el de La Pasiva es una jarra con un vaso. Hoy fui a La Pasiva.
El primero es el teléfono. Yo soy de las que aún no entiende cómo la voz se puede transmitir instantáneamente allende los mares. Es absolutamente mágico para mí y me recreo en la historia que me contaba la tía Angelita de su mamá, que cuando la llamaban al teléfono se iba a empolvar la cara, pensando que si la podían oír, por qué no la iban a poder ver. Bueno, ese invento mágico me dio la oportunidad hoy de hablar con Marta en Madrid. Me sorprendió lo animada que la encontré, aunque se queda sin aliento con frecuencia. Está luchando contra su enfermedad, haciendo todos los tratamientos y tomándose un día a la vez. Y por supuesto preocupándose de sus nietas, a algunas de las cuales les deben de haber picado las orejas.
El segundo es el avión. Otro inexplicable fruto de la pura magia que permite que una máquina gigantesca llena de gente y equipaje pueda no solo sostenerse en el aire sino llevarlo a uno al otro lado del mundo en unas incómodas y ruidosas horas. Ese invento me permitirá visitar a Marta a fin de mes, luego de pasar una semana en Paris con Jesús, que va a hacer una presentación en una conferencia sobre educación. Poder ir a la ciudad más bella que conozco, de vacaciones inmerecidas, y después ir a acompañar unos días a una persona que quiero mucho, me hace muy feliz.
El tercer invento sé exactamente cómo se hace. Es el licuado multifrutas en agua. Ahí está dicho todo, pero su fórmula no captura la delicia del producto final, que es mucho mejor que la suma de sus partes. He desarrollado una dependencia al licuado multifrutas en agua. Para disimular mi adicción, voy a tres diferentes lugares a pedirlo, para que no me vean muy seguido en ninguno. Además me he impuesto que sólo lo puedo tomar justo después de entrenar natación, y es lo único que pido. Lo tomo ya sea en Café Martinez (U$85), Porto Vanila ($95), o La Pasiva (U$125). El del Martinez es un vaso normal, el de Porto Vanila es un vaso tamaño milkshake, y el de La Pasiva es una jarra con un vaso. Hoy fui a La Pasiva.
lunes, 7 de octubre de 2013
Los Porteros
Hemos tenido muchísima suerte con los porteros del edificio. Cuando llegamos, eran Héctor de 6 a 14, Ruben de 14 a 22, Alfredo de 22 a 6 y Adalberto en todos los días y horas que los otros tenían libre. Ahora Adalberto fue promovido a jefe de porteros de varios edificios (incluido éste) y recién comenzó una señora, que se ve no tiene experiencia en este trabajo.
Los primeros cuatro no solo son amables y educados, sino que han tenido cada uno varios detalles con nosotros que se han ganado mi aprecio y afecto. Héctor y Ruben, que están en horas diurnas, siempre están muy bien vestidos, de traje y corbata. Héctor, cuando hace limpieza, se pone otra ropa más informal pero no menos elegante. En cambio Alfredo, el de la noche es vampirezco de apariencia: pálido, despeinado, con el cigarrillo colgando de la mano. No sé si él escogió la noche o la noche lo eligió a él.
Por un lado me alegré que le hayan dado un ascenso a Adalberto, pero también me dio pena no verlo ahora casi nunca. De vez en cuando lo veo hablando con los porteros o chequeando asuntos del edificio.
Hay otros personajes que no son de mi agrado, que están vinculados con la firma que construyó y creo que administra el edificio. Los veo pulular de vez en cuando por acá, porque el edificio todavía tiene detalles por terminar, como un parqueadero que desemboca a la Maggiolo pero que a nosotros no nos afecta de ninguna manera. Y no me queda la menor duda de que mis porteros queridos le pasan información a esta gente sobre nosotros (creo que sigo afectada por la película Barbara, que vi el jueves pasado en el festival, y trataba sobre la Alemania "democrática" donde la policía secreta era siniestra y tenía todo el mundo informándole sobre las idas y venidas de vecinos y colegas).
Yo he estado observando para entender cuáles son las funciones de los porteros. Hay un lobby pequeñito que tienen inmaculado, Héctor pasa la brilladora por el piso a cada rato. Afuera hay dos piletas ornamentales, que se ensucian cada vez que sopla el viento porque les caen hojas, así que eso también tienen que limpiar. Además la cerca que da a la calle es de vidrio, lo que imagino requiere cantidades de cuidado. Y le abren la puerta a todas las personas que vienen al edificio. Nosotros tenemos un teléfono al que llaman desde abajo, pero solo podemos charlar, no podemos abrir la puerta desde acá arriba.
De lo que he visto, las dos labores preferidas de los porteros son: abrir las puertas del garaje con el control remoto, en una verdadera batalla con los conductores que siempre queremos abrir las puertas con nuestro propio control remoto, pero ellos están atentos para ganarnos en cada ocasión. La otra cosa que les encanta es ir a repartir las facturas que llegan de luz, gas, DirecTV, teléfono, etc. Las meten debajo de la puerta del departamento.
También adivino cuáles son las funciones que menos les gustan: estar sentados en su escritorio "mirando a Montevideo pasar y pasar" (parafraseando a Piero), y llevar la basura desde un receptáculo verde donde dejamos las bolsas los habitantes de los departamentos, hasta la esquina donde están los contenedores de basura esos que describí en un escrito anterior. A mi ni me gusta bajar mi basura al receptáculo verde, menos a ellos llevarla a la esquina. Yo sospecho que solo Héctor, que es el más acomedido, lleva la basura a la esquina, los otros seguro que pretenden que no vieron a nadie bajarla.
Así como Héctor es el más trabajador y elegante, Ruben es el más sociable. Lo veo hablando siempre con condóminos, trabajadores y hasta visitas. Esta noche, cuando regresé de un entrenamiento, lo encontré en gran charla con el novio de L, y pensé que era mi oportunidad para ganarle abriendo la puerta, pero no, imposible. Ganó otra vez.
Los primeros cuatro no solo son amables y educados, sino que han tenido cada uno varios detalles con nosotros que se han ganado mi aprecio y afecto. Héctor y Ruben, que están en horas diurnas, siempre están muy bien vestidos, de traje y corbata. Héctor, cuando hace limpieza, se pone otra ropa más informal pero no menos elegante. En cambio Alfredo, el de la noche es vampirezco de apariencia: pálido, despeinado, con el cigarrillo colgando de la mano. No sé si él escogió la noche o la noche lo eligió a él.
Por un lado me alegré que le hayan dado un ascenso a Adalberto, pero también me dio pena no verlo ahora casi nunca. De vez en cuando lo veo hablando con los porteros o chequeando asuntos del edificio.
Hay otros personajes que no son de mi agrado, que están vinculados con la firma que construyó y creo que administra el edificio. Los veo pulular de vez en cuando por acá, porque el edificio todavía tiene detalles por terminar, como un parqueadero que desemboca a la Maggiolo pero que a nosotros no nos afecta de ninguna manera. Y no me queda la menor duda de que mis porteros queridos le pasan información a esta gente sobre nosotros (creo que sigo afectada por la película Barbara, que vi el jueves pasado en el festival, y trataba sobre la Alemania "democrática" donde la policía secreta era siniestra y tenía todo el mundo informándole sobre las idas y venidas de vecinos y colegas).
Yo he estado observando para entender cuáles son las funciones de los porteros. Hay un lobby pequeñito que tienen inmaculado, Héctor pasa la brilladora por el piso a cada rato. Afuera hay dos piletas ornamentales, que se ensucian cada vez que sopla el viento porque les caen hojas, así que eso también tienen que limpiar. Además la cerca que da a la calle es de vidrio, lo que imagino requiere cantidades de cuidado. Y le abren la puerta a todas las personas que vienen al edificio. Nosotros tenemos un teléfono al que llaman desde abajo, pero solo podemos charlar, no podemos abrir la puerta desde acá arriba.
De lo que he visto, las dos labores preferidas de los porteros son: abrir las puertas del garaje con el control remoto, en una verdadera batalla con los conductores que siempre queremos abrir las puertas con nuestro propio control remoto, pero ellos están atentos para ganarnos en cada ocasión. La otra cosa que les encanta es ir a repartir las facturas que llegan de luz, gas, DirecTV, teléfono, etc. Las meten debajo de la puerta del departamento.
También adivino cuáles son las funciones que menos les gustan: estar sentados en su escritorio "mirando a Montevideo pasar y pasar" (parafraseando a Piero), y llevar la basura desde un receptáculo verde donde dejamos las bolsas los habitantes de los departamentos, hasta la esquina donde están los contenedores de basura esos que describí en un escrito anterior. A mi ni me gusta bajar mi basura al receptáculo verde, menos a ellos llevarla a la esquina. Yo sospecho que solo Héctor, que es el más acomedido, lleva la basura a la esquina, los otros seguro que pretenden que no vieron a nadie bajarla.
Así como Héctor es el más trabajador y elegante, Ruben es el más sociable. Lo veo hablando siempre con condóminos, trabajadores y hasta visitas. Esta noche, cuando regresé de un entrenamiento, lo encontré en gran charla con el novio de L, y pensé que era mi oportunidad para ganarle abriendo la puerta, pero no, imposible. Ganó otra vez.
La Playa de Pocitos
Desde que conozco a J, está obsesionado con el mar. A pesar de que nació en la mitad de la cordillera de los Andes, él siempre quiere estar cerca del mar, caminar por la playa, mirar el horizonte. Sus recuerdos de Puerto Colombia, donde veraneaba cuando era niño, son los que describe con más colorido detalle.
Acá en Montevideo, ni siquiera consideró alquilar un departamento que no tuviera vista al mar, y desde que nos instalamos, el paseo obligado es a caminar a la playa de Pocitos.
Pocitos es una bahía con una playa muy ancha, una rambla donde conviven corredores, caminantes, paseantes y ciclistas, una calle de cuatro a seis carriles y una fila sólida de edificios de departamentos con un promedio de diez pisos. Los edificios continúan algunas calles hacia el norte, pero todavía quedan algunas casas antiguas que permiten imaginar cómo habrá sido Pocitos antes de los edificios: primero un balneario retirado del centro de Montevideo donde venir a descansar, después un gran barrio residencial y cuando ya la urbe se expandió, un barrio comercial y residencial con una de las más agradables playas urbanas que conozco.
Caminar de punta a punta la playa de Pocitos por la arena toma 2100 pasos de ida y otros tanto de vuelta. De ahí a nuestro departamento son 3000 más. Es decir que el paseo completo son 10 mil pasos. En un par de horas, a paso tranquilo, se hace todo el trayecto.
Cuando sale el sol, siempre hay gente tendida, y alguno que otro bañista muy valiente, no por las olas, que son bastante suaves, sino por el agua helada. En Pocitos he visto los perros más lindos de la ciudad, pero ya saben lo que viene ahora: también hay que ir mirando para esquivar la mierda de perro. Además, como en la mayoría de las playas, la gente bota basura, y me parece que no hay suficiente gente limpiándola. Cuando estuvimos en Puerto Rico en Febrero, en Ocean Park, sin duda la mejor playa urbana del planeta tierra, habían unos tractores que varias veces al día pasaban peinando la arena, que estaba siempre impoluta. Esos aparatos no los he visto por acá y hacen mucha falta.
La gente que conozco se queja de que cuando se pone lindo el clima, la playa de Pocitos se llena de pueblo, lo cual es el comentario más clasista y horroroso, porque implica a) que la playa es sólo de los que viven por ahí y no de todos los habitantes de la ciudad; b) que quienes no viven por ahí contaminan visualmente la playa porque no son elegantes y bellos como los habitantes de Pocitos y c) que los habitantes de Pocitos no se pueden mezclar en la playa con los no habitantes, menos bellos, de los barrios sin playa de la ciudad.
En fin, ya conoceremos otras playas, más lindas, más salvajes, más grandes, más elegantes y más alejadas de la ciudad. Pero Pocitos será siempre donde nos van a encontrar cualquier tardecita de fin de semana.
Acá en Montevideo, ni siquiera consideró alquilar un departamento que no tuviera vista al mar, y desde que nos instalamos, el paseo obligado es a caminar a la playa de Pocitos.
Pocitos es una bahía con una playa muy ancha, una rambla donde conviven corredores, caminantes, paseantes y ciclistas, una calle de cuatro a seis carriles y una fila sólida de edificios de departamentos con un promedio de diez pisos. Los edificios continúan algunas calles hacia el norte, pero todavía quedan algunas casas antiguas que permiten imaginar cómo habrá sido Pocitos antes de los edificios: primero un balneario retirado del centro de Montevideo donde venir a descansar, después un gran barrio residencial y cuando ya la urbe se expandió, un barrio comercial y residencial con una de las más agradables playas urbanas que conozco.
Caminar de punta a punta la playa de Pocitos por la arena toma 2100 pasos de ida y otros tanto de vuelta. De ahí a nuestro departamento son 3000 más. Es decir que el paseo completo son 10 mil pasos. En un par de horas, a paso tranquilo, se hace todo el trayecto.
Cuando sale el sol, siempre hay gente tendida, y alguno que otro bañista muy valiente, no por las olas, que son bastante suaves, sino por el agua helada. En Pocitos he visto los perros más lindos de la ciudad, pero ya saben lo que viene ahora: también hay que ir mirando para esquivar la mierda de perro. Además, como en la mayoría de las playas, la gente bota basura, y me parece que no hay suficiente gente limpiándola. Cuando estuvimos en Puerto Rico en Febrero, en Ocean Park, sin duda la mejor playa urbana del planeta tierra, habían unos tractores que varias veces al día pasaban peinando la arena, que estaba siempre impoluta. Esos aparatos no los he visto por acá y hacen mucha falta.
La gente que conozco se queja de que cuando se pone lindo el clima, la playa de Pocitos se llena de pueblo, lo cual es el comentario más clasista y horroroso, porque implica a) que la playa es sólo de los que viven por ahí y no de todos los habitantes de la ciudad; b) que quienes no viven por ahí contaminan visualmente la playa porque no son elegantes y bellos como los habitantes de Pocitos y c) que los habitantes de Pocitos no se pueden mezclar en la playa con los no habitantes, menos bellos, de los barrios sin playa de la ciudad.
En fin, ya conoceremos otras playas, más lindas, más salvajes, más grandes, más elegantes y más alejadas de la ciudad. Pero Pocitos será siempre donde nos van a encontrar cualquier tardecita de fin de semana.
domingo, 6 de octubre de 2013
Sigo confundida
Yo entiendo que el propósito de adelantar la hora en los relojes es para que el día sea más largo. Además me parece una idea genial y como nunca me despierto temprano, no me importa para nada que amanezca más tarde.
Pero este súbito, inesperado y aislado cambio de hora en Uruguay me tiene desencajada. Encima acabo de mirar y ni Argentina, ni Brasil cambian la hora. O sea que Uruguay es como una isla, flotando en el Atlántico en su propio huso horario. No puedo ni imaginar cómo se sienten los venezolanos, que tienen media hora de diferencia con el resto de los países, aparte de las horas enteras que naturalmente los separan.
Trato de reconciliar mi nueva hora con la de todos ustedes, y tiemblo al pensar que en menos de un mes, en Washington van a retrasar una hora los relojes.
Tampoco estoy segura a qué hora tengo que ir a recoger a J mañana al aeropuerto.
Soy una mujer a caballo entre dos siglos, y ya medio siglo antes que yo aparezca, Einstein probó que el tiempo es relativo. En este momento añoro la certeza del tiempo absoluto.
Pero este súbito, inesperado y aislado cambio de hora en Uruguay me tiene desencajada. Encima acabo de mirar y ni Argentina, ni Brasil cambian la hora. O sea que Uruguay es como una isla, flotando en el Atlántico en su propio huso horario. No puedo ni imaginar cómo se sienten los venezolanos, que tienen media hora de diferencia con el resto de los países, aparte de las horas enteras que naturalmente los separan.
Trato de reconciliar mi nueva hora con la de todos ustedes, y tiemblo al pensar que en menos de un mes, en Washington van a retrasar una hora los relojes.
Tampoco estoy segura a qué hora tengo que ir a recoger a J mañana al aeropuerto.
Soy una mujer a caballo entre dos siglos, y ya medio siglo antes que yo aparezca, Einstein probó que el tiempo es relativo. En este momento añoro la certeza del tiempo absoluto.
El Padre de Gardel
Anoche canjeé los dos últimos cupones del festival de cine. Me fui a ver Barbara, una película alemana que había lamentado perderme en Washington, porque solo la daban en el West End (Mr. Tony me comprendería). Me gustó mucho.
La otra película era en la misma sala, pero una hora después. Era un documental, uruguayo, con el título El Padre de Gardel. Antes de comenzar, un señor se paró al frente y dijo unas palabras sobre la película. Dijo que este era el estreno mundial del filme y que estaban presentes en el auditorio miembros del equipo técnico y miembros de la familia Escayola, y que al día siguiente habría un estreno similar en la ciudad de Tacuarembó, donde vive la mayoría de la familia Escayola. Cuando terminó de hablar, una señora del público le preguntó: "Señor, cuál es su vínculo con la película?" "Soy el director!" (Aplausos). Y después se vino a sentar dos puestos a mi derecha. Resulta que me había sentado en medio de un grupo vinculado bien con la peli o con la familia del Coronel Escayola. El resultado es que estuve muy metida en el filme, porque mis vecinos reconocían lugares y personas antes de que los identificaran en la pantalla. No me molestó para nada esta narración adicional y anticipada, más bien me pareció entrañable.
Y no me cabe la más mínima duda de que Carlos Gardel, el morocho del abasto, nació en Tacuarembó, Uruguay, hijo ilegítimo del Coronel Carlos Escayola, caudillo local y de su cuñada Maria Lelia Oliva, de 13 años.
La otra película era en la misma sala, pero una hora después. Era un documental, uruguayo, con el título El Padre de Gardel. Antes de comenzar, un señor se paró al frente y dijo unas palabras sobre la película. Dijo que este era el estreno mundial del filme y que estaban presentes en el auditorio miembros del equipo técnico y miembros de la familia Escayola, y que al día siguiente habría un estreno similar en la ciudad de Tacuarembó, donde vive la mayoría de la familia Escayola. Cuando terminó de hablar, una señora del público le preguntó: "Señor, cuál es su vínculo con la película?" "Soy el director!" (Aplausos). Y después se vino a sentar dos puestos a mi derecha. Resulta que me había sentado en medio de un grupo vinculado bien con la peli o con la familia del Coronel Escayola. El resultado es que estuve muy metida en el filme, porque mis vecinos reconocían lugares y personas antes de que los identificaran en la pantalla. No me molestó para nada esta narración adicional y anticipada, más bien me pareció entrañable.
Y no me cabe la más mínima duda de que Carlos Gardel, el morocho del abasto, nació en Tacuarembó, Uruguay, hijo ilegítimo del Coronel Carlos Escayola, caudillo local y de su cuñada Maria Lelia Oliva, de 13 años.
Saltó el reloj!
Hoy estoy desorientada. La culpa la tienen los relojes. El del Bose, que miro cuando me despierto, dice una hora. El microondas tiene la misma que el Bose. Pero el celular está adelantado una hora. La televisión y la computadora lo mismo. Puta, parece que hay cambio de hora en Uruguay y nadie me avisó. He perdido una hora del domingo, una hora de mi vida. Intentaré superar esta crisis.
sábado, 5 de octubre de 2013
Gravedad
NOTA: Esta reseña no contiene spoilers, pero conociendo a mis hipersensibles lectores, si quieren pueden reservar la lectura de este página para después de ver la peli.
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El jueves por la noche fui a ver Gravedad, la aclamada película de Alfonso Cuarón. Era parte del festival del cine de Montevideo, y los ecos de su fama han llegado hasta este recoveco del planeta, porque la sala estaba repleta. Esta era mi octava película del festival, y fue para la única que estuve a punto de no poder conseguir boleto. Cuando por fin llegué a la taquilla, quedaban asientos solo en la primera fila y unas cuantas laterales arriba, contra la pared, una de las cuales yo arranché. (Acá en muchos cines se vende asientos numerados)
Salí algo preocupada porque creo que estoy tan sola en mi opinión de la película como el personaje de Sandra Bullock en el espacio. Sin entrar en spoilers ni discusiones del argumento, y admitiendo que la primera toma, que según leí dura 17 minutos, es extraordinaria, varias cosas me fastidiaron muchísimo.
La que más me llamó a mí misma la atención fue que me irritó el personaje de George Clooney. Yo suspiro por George Clooney como cualquiera, y suelo encontrar irresistible su encanto, combinación de belleza, inteligencia y picardía, pero esta actuación me pareció que era Clooney actuando de Clooney. No vi una construcción de su personaje, solo un calentado de lo que ha hecho mil veces: Danny Ocean con traje espacial. Me resisto a aceptar que Clooney se convierta en una sombra de si mismo, Me pareció que en esta película renunció a ser actor para convertirse en schtick, cruel destino que suelen corren muchos actores cuya originalidad misma los hace famosos, por ejemplo Jack Nicholson y ahora hasta Robert de Niro (mierda, no van a dejar entrar a ningún cine, después de estas blasfemias!).
Por otro lado, hay un backstory de uno de los personajes principales que me pareció innecesario, artificioso y manipulador. Francamente ridículo. Como no me dejé enganchar por ese elemento, la película terminó no conmoviéndome. Y filme que no me conmueve, que me deja fría, va en la lista de las que no me gustan.
En torno a los efectos especiales, todas las escenas de exteriores (y esto si que es el exterior del exterior: la nada) son excelentes. La verdad es que si tuve que regular mi respiración varias veces porque sentía que me estaba quedando también sin oxígeno. Y mi cuerpo reaccionaba con espasmos y movimientos involuntarios cuando la astronauta se golpeaba contra el exterior de las naves y estaciones espaciales. En cambio unas escenas interiores de incendio me parecieron francamente inverosímiles.
La fotografía me pareció maravillosa y creo que el manejo de la cámara trasmite esa realidad fascinante que nos cuesta entender como terrícolas, que en el espacio no hay arriba ni abajo. Yo amo a Emmanuel Lubezki, el querido Chivo, cuya cinematografía me deslumbra siempre, especialmente cuando trabaja con Terrence Malick, y en esta película está impecable y creo que le eleva el nivel.
Bueno, cuando la vean, me comentan, porque acá no tengo interlocutores.
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El jueves por la noche fui a ver Gravedad, la aclamada película de Alfonso Cuarón. Era parte del festival del cine de Montevideo, y los ecos de su fama han llegado hasta este recoveco del planeta, porque la sala estaba repleta. Esta era mi octava película del festival, y fue para la única que estuve a punto de no poder conseguir boleto. Cuando por fin llegué a la taquilla, quedaban asientos solo en la primera fila y unas cuantas laterales arriba, contra la pared, una de las cuales yo arranché. (Acá en muchos cines se vende asientos numerados)
Salí algo preocupada porque creo que estoy tan sola en mi opinión de la película como el personaje de Sandra Bullock en el espacio. Sin entrar en spoilers ni discusiones del argumento, y admitiendo que la primera toma, que según leí dura 17 minutos, es extraordinaria, varias cosas me fastidiaron muchísimo.
La que más me llamó a mí misma la atención fue que me irritó el personaje de George Clooney. Yo suspiro por George Clooney como cualquiera, y suelo encontrar irresistible su encanto, combinación de belleza, inteligencia y picardía, pero esta actuación me pareció que era Clooney actuando de Clooney. No vi una construcción de su personaje, solo un calentado de lo que ha hecho mil veces: Danny Ocean con traje espacial. Me resisto a aceptar que Clooney se convierta en una sombra de si mismo, Me pareció que en esta película renunció a ser actor para convertirse en schtick, cruel destino que suelen corren muchos actores cuya originalidad misma los hace famosos, por ejemplo Jack Nicholson y ahora hasta Robert de Niro (mierda, no van a dejar entrar a ningún cine, después de estas blasfemias!).
Por otro lado, hay un backstory de uno de los personajes principales que me pareció innecesario, artificioso y manipulador. Francamente ridículo. Como no me dejé enganchar por ese elemento, la película terminó no conmoviéndome. Y filme que no me conmueve, que me deja fría, va en la lista de las que no me gustan.
En torno a los efectos especiales, todas las escenas de exteriores (y esto si que es el exterior del exterior: la nada) son excelentes. La verdad es que si tuve que regular mi respiración varias veces porque sentía que me estaba quedando también sin oxígeno. Y mi cuerpo reaccionaba con espasmos y movimientos involuntarios cuando la astronauta se golpeaba contra el exterior de las naves y estaciones espaciales. En cambio unas escenas interiores de incendio me parecieron francamente inverosímiles.
La fotografía me pareció maravillosa y creo que el manejo de la cámara trasmite esa realidad fascinante que nos cuesta entender como terrícolas, que en el espacio no hay arriba ni abajo. Yo amo a Emmanuel Lubezki, el querido Chivo, cuya cinematografía me deslumbra siempre, especialmente cuando trabaja con Terrence Malick, y en esta película está impecable y creo que le eleva el nivel.
Bueno, cuando la vean, me comentan, porque acá no tengo interlocutores.
viernes, 4 de octubre de 2013
Lista para el Nacional
En una semana comienza el nacional de Masters. Es prácticamente solo nacional en nombre, porque vienen clubes de Chile, Brasil y Argentina, aparte de los extranjeros que competimos en los clubes orientales.
Hasta hoy, 45 nadadores de mi club se habían anotado para participar. Lo ideal es que cada nadador se inscriba en seis pruebas individuales y todos los relevos necesarios para darle al club la mayor cantidad de puntos, tomando en consideración que solo los primeros ocho de cada competencia ganan puntos. El objetivo es grupal, no individual.
Estas son las pruebas en las que yo me atreví a inscribirme: el viernes por la noche 800 metros libres. El sábado por la mañana 50 metros pecho y 100 metros libre. El sábado por la noche 200 metros combinado individual y 50 metros libre. El domingo por la mañana 200 libre.
J ha decidido que me va a acompañar, y mis intentos por disuadirlo hasta ahora han sido ignorados. Le he explicado que es aburridísimo, y que además yo voy a pasar tiempo en la piscina y con el equipo, dejándolo solo.
Me he preparado a consciencia, por primera vez en la vida. Como ya he dicho antes, he sido una vaga para entrenar, porque lo he hecho siempre por divertirme, sin ponerme presiones ni expectativas. Cuando sentía dolor o cansancio, pues bajaba el ritmo. Ahora, en cambio, he llegado a conocer los límites de mi capacidad física; termino los entrenamientos agotada y me despierto cada día con algún músculo adolorido, me imagino que por el trabajo en la sala (así le dicen al gimnasio los chéveres), que incluye pesas y máquinas.
Estoy encantada de poder volver a competir tras 35 años. No estoy nada nerviosa ni ansiosa porque lo único que aspiro es a terminar cada prueba y solo voy a poder nadar tan rápido y tan largo como me lo permita mi cuerpo. La competencia en la que participé hace dos semanas me demostró que estoy preparada, en buen estado físico. He revisado los tiempos que han hecho en competencias de este año las otras mujeres de mi categoría y en cada prueba hay siquiera dos que son mucho mejores que yo. Bring it on!
Hasta hoy, 45 nadadores de mi club se habían anotado para participar. Lo ideal es que cada nadador se inscriba en seis pruebas individuales y todos los relevos necesarios para darle al club la mayor cantidad de puntos, tomando en consideración que solo los primeros ocho de cada competencia ganan puntos. El objetivo es grupal, no individual.
Estas son las pruebas en las que yo me atreví a inscribirme: el viernes por la noche 800 metros libres. El sábado por la mañana 50 metros pecho y 100 metros libre. El sábado por la noche 200 metros combinado individual y 50 metros libre. El domingo por la mañana 200 libre.
J ha decidido que me va a acompañar, y mis intentos por disuadirlo hasta ahora han sido ignorados. Le he explicado que es aburridísimo, y que además yo voy a pasar tiempo en la piscina y con el equipo, dejándolo solo.
Me he preparado a consciencia, por primera vez en la vida. Como ya he dicho antes, he sido una vaga para entrenar, porque lo he hecho siempre por divertirme, sin ponerme presiones ni expectativas. Cuando sentía dolor o cansancio, pues bajaba el ritmo. Ahora, en cambio, he llegado a conocer los límites de mi capacidad física; termino los entrenamientos agotada y me despierto cada día con algún músculo adolorido, me imagino que por el trabajo en la sala (así le dicen al gimnasio los chéveres), que incluye pesas y máquinas.
Estoy encantada de poder volver a competir tras 35 años. No estoy nada nerviosa ni ansiosa porque lo único que aspiro es a terminar cada prueba y solo voy a poder nadar tan rápido y tan largo como me lo permita mi cuerpo. La competencia en la que participé hace dos semanas me demostró que estoy preparada, en buen estado físico. He revisado los tiempos que han hecho en competencias de este año las otras mujeres de mi categoría y en cada prueba hay siquiera dos que son mucho mejores que yo. Bring it on!
Quijote
Anoche fui a la feria del libro para una conferencia acerca de la aventura de leer el Quijote. El conferencista es un personaje muy interesante de acá: Marcelo Estefanell, exmiembro de los Tupamaros, que a comienzo de los 70, con solo 21 años, fue apresado y estuvo en la cárcel 13 años por su participación en la guerrilla. Estefanell se dedicó a leer, aprovechando la fortuna de que había una bien dotada biblioteca en la prisión. Y entre los 1600 libros que debe haber leído, se apasionó con el Quijote. En los últimos 10 años ha escrito dos libros sobre el Quijote y la lectura que hace Estefanell es extraordinaria. Cuenta que tuvo una epifanía cuando terminó la primera lectura y no se atrevió a compartirla. Entonces leyó los libros de la biblioteca de Alonso Quijano (lo cual me sorprende aún más que hayan tenido en la biblioteca de la cárcel) y volvió a leer el Quijote y ya se quedó enganchado para siempre.
Los libros que Estefanell escribió ya no circulan, pero después de la conferencia, camino a la casa pasé por una librería que había visto de libros usados. Jorge, el librero, me dice que esos dos tomos de Estefanell aparecen de vez en cuando y hace tres meses vendió uno. Tomó mis datos y me prometió que los siguientes que aparezcan son para mi. Voy a tener que apurarme con Shakespeare, porque me parece que el Quijote viene detrás.
Los libros que Estefanell escribió ya no circulan, pero después de la conferencia, camino a la casa pasé por una librería que había visto de libros usados. Jorge, el librero, me dice que esos dos tomos de Estefanell aparecen de vez en cuando y hace tres meses vendió uno. Tomó mis datos y me prometió que los siguientes que aparezcan son para mi. Voy a tener que apurarme con Shakespeare, porque me parece que el Quijote viene detrás.
Prohibido!
En algún recorrido en bus, L hizo un descubrimiento que yo documenté ayer: existe solo una conducta prohibida en el sistema de transporte público montevideano. Fumar, quizás? Comer, como en el de Washington? Escupir? Portar armas, será?
Me encanta que hayan usado el signo internacional de prohibido el mate, para cubrir cualquier posible barrera del idioma!
Me encanta que hayan usado el signo internacional de prohibido el mate, para cubrir cualquier posible barrera del idioma!
jueves, 3 de octubre de 2013
Mierda de Perro, Capítulo 38
Ayer me crucé con un paseador de perros. Llevaba a buen ritmo a cuatro hermosos perrotes cuando a un golden retriever le vinieron las malditas ganas de pujar. Dobló las rodillas de atrás y agachó el culo justo cuando yo le crucé al lado. El paseador lo trataba de halar para que no se retrase y yo estuve a punto de gritarle "no!" para que se quede trancado, pero creo que es demasiado esfuerzo de mi parte tratar de combatir este problema causándole estreñimiento a cada perro, así que no hice nada. Vi de reojo como caía el mojón y seguí caminando, pero me volteé (en realidad para hacerle mala cara al paseador), y no podía creer mis ojos cuando vi que el paseador sacaba lentamente una bolsita y se agachaba a recoger la mierda del perro. Yo ya iba como a 25 metros de distancia, y la cabeza se me volteaba como la de las barbies, porque mi cerebro quiso recoger esta imagen inédita.
Nombres Ilustres
Los uruguayos nunca desperdician la oportunidad de ponerle nombres importantes a calles, plazas y cualquier islote de cemento más ancho que una vereda normal. A esos los llaman espacios públicos o esplanadas y tienen su nombre y su letrero.
Las calles en la ciudad vieja tienen, por lo general, nombres cortos: Juncal, Piedras, Andes, Mercedes, Florida, Zabala, Cerrito. Retazos de un antaño menos pretencioso.
Ahora las calles tienen nombres tan largos que ocupan dos renglones de letrero. Mi calle, por ejemplo, se llama Julio Maria Sosa. Dan ganas de decir: vivo en la Sosa. Cuál Sosa? La Marcelino Sosa? La Agustín Sosa? No, la Julio María Sosa, frente al Golf, en Punta Carretas. Ta! (Si dices "ta" ya te dan la ciudadanía)
Y la ordenanza no contempla que la extensión del nombre de la calle no debería ser más que la calle misma. La de la esquina de mi casa se llama Ingeniero Carlos Maria Maggiolo. Tiene pocas cuadras: a razón de una y media por cada palabra de su nombre. Yo le digo la Maggiolo, porque nunca conocí un sólo Maggiolo, así que me imagino que no es un nombre común. O Ingeniero Maggiolo, por si acaso. La de la otra esquina de nuestro edificio se llama Patria. Así nomás. De pronto la simpleza del nombre ha sido la causa por la que la Patria se haya desarrollado vigorosamente (en términos de barrio chico) y la Ingeniero Carlos Maria Maggiolo sea una callecita adormilada.
Con los Herrera y los Blanes, hay tema aparte. Los dos Blanes: Juan Manuel y Pedro, fueron pintores. No son parientes. Y cada uno tiene su calle, Juan Manuel Blanes en Parque Rodó y Pedro Blanes Viale en Carrasco, para que no se anden confundiendo. Los Herrera tienen calles importantes: La Luis Alberto Herrera es un gran corredor comercial de la zona moderna de la ciudad. Ahí queda el Montevideo Shopping, que, como dirían en la prensa española, es el shopping emblemático de la ciudad. Por otro lado Julio Herrera y Reissig es el nombre de la calle de mi barrio donde está la facultad de ingeniería y el estadio Luis Franzini de Defensor. Todo el mundo la conoce. Y la Julio Herrera y Obes es una calle del centro de la ciudad que cruza con la 18 de Julio, la principal. Demasiados Herrera para una ciudad de millón y medio de almas!
Me inquietó saber si al Bulevar General José Artigas le había surgido competencia. José Gervasio Artigas Arnal fue el padre de la patria. Prócer inmortal. Protector de los Pueblos Libres. Y su calle es tan importante, tan ancha, tan larga, que he escuchado referirse a ella como "el bulevar," así nomás, lo cual me ha impactado. Hice una pequeña búsqueda en Google Maps de calles Artigas en Montevideo. Y, en efecto, encontré otra más. En en barrio muy marginal. Y a este Artigas marginal también, la historia no le ha recordado ni el nombre de pila, porque la calle se llama simplemente Artigas Sanchez. Sin embargo este hallazgo me trajo uno aún más fantástico: la confirmación de que acá no hay gesta menor ni pereza en inmortalizarla en un nombre de calle. La calle que hace esquina con la humilde Artigas Sanchez se llama: Mártires de la Industria Frigorífica.
Las calles en la ciudad vieja tienen, por lo general, nombres cortos: Juncal, Piedras, Andes, Mercedes, Florida, Zabala, Cerrito. Retazos de un antaño menos pretencioso.
Ahora las calles tienen nombres tan largos que ocupan dos renglones de letrero. Mi calle, por ejemplo, se llama Julio Maria Sosa. Dan ganas de decir: vivo en la Sosa. Cuál Sosa? La Marcelino Sosa? La Agustín Sosa? No, la Julio María Sosa, frente al Golf, en Punta Carretas. Ta! (Si dices "ta" ya te dan la ciudadanía)
Y la ordenanza no contempla que la extensión del nombre de la calle no debería ser más que la calle misma. La de la esquina de mi casa se llama Ingeniero Carlos Maria Maggiolo. Tiene pocas cuadras: a razón de una y media por cada palabra de su nombre. Yo le digo la Maggiolo, porque nunca conocí un sólo Maggiolo, así que me imagino que no es un nombre común. O Ingeniero Maggiolo, por si acaso. La de la otra esquina de nuestro edificio se llama Patria. Así nomás. De pronto la simpleza del nombre ha sido la causa por la que la Patria se haya desarrollado vigorosamente (en términos de barrio chico) y la Ingeniero Carlos Maria Maggiolo sea una callecita adormilada.
Con los Herrera y los Blanes, hay tema aparte. Los dos Blanes: Juan Manuel y Pedro, fueron pintores. No son parientes. Y cada uno tiene su calle, Juan Manuel Blanes en Parque Rodó y Pedro Blanes Viale en Carrasco, para que no se anden confundiendo. Los Herrera tienen calles importantes: La Luis Alberto Herrera es un gran corredor comercial de la zona moderna de la ciudad. Ahí queda el Montevideo Shopping, que, como dirían en la prensa española, es el shopping emblemático de la ciudad. Por otro lado Julio Herrera y Reissig es el nombre de la calle de mi barrio donde está la facultad de ingeniería y el estadio Luis Franzini de Defensor. Todo el mundo la conoce. Y la Julio Herrera y Obes es una calle del centro de la ciudad que cruza con la 18 de Julio, la principal. Demasiados Herrera para una ciudad de millón y medio de almas!
Me inquietó saber si al Bulevar General José Artigas le había surgido competencia. José Gervasio Artigas Arnal fue el padre de la patria. Prócer inmortal. Protector de los Pueblos Libres. Y su calle es tan importante, tan ancha, tan larga, que he escuchado referirse a ella como "el bulevar," así nomás, lo cual me ha impactado. Hice una pequeña búsqueda en Google Maps de calles Artigas en Montevideo. Y, en efecto, encontré otra más. En en barrio muy marginal. Y a este Artigas marginal también, la historia no le ha recordado ni el nombre de pila, porque la calle se llama simplemente Artigas Sanchez. Sin embargo este hallazgo me trajo uno aún más fantástico: la confirmación de que acá no hay gesta menor ni pereza en inmortalizarla en un nombre de calle. La calle que hace esquina con la humilde Artigas Sanchez se llama: Mártires de la Industria Frigorífica.
miércoles, 2 de octubre de 2013
La Feria del Libro
Necesito comenzar esta crónica confesando que nunca había ido a una feria de libros. La palabra feria me espanta. Evoca gentío y compras, dos conceptos desagradables. Esta tarde, después del cine me monté en el bus 117 (acá a los buses les dicen bondi. Habrá una palabra más simpática?) y me fui a la Intendencia Municipal de Montevideo con la intención de asistir a dos lanzamientos de libro.
Se reirán de mi sorpresa al encontrarme con una multitud de stands llenos de libros. Los stand no entraban todos en el lobby (gigantesco) de la intendencia, tan grande que hay una réplica idéntica de la Victoria de Samotracia con la misma base que la del Louvre. En la esplanada frente a la intendencia habían armado una carpas como las de Bryant Park Fashion Week donde aún más editoriales y librerías tienen sus stands.
Como yo soy tía de Lukas, yo no quería ver ningún libro que no fueran los dos que iba a comprar con el fin específico de que me los firmen los autores de los dos actos que había elegido. Tuve que preguntar y preguntar hasta encontrar el primero, y el segundo lo compré a la puerta del salón dorado, donde estaba programado el acto.
La primera presentación, en el salón rojo, fue de la tercera edición del libro Maracaná: La Historia Secreta, escrita por Atilio Garrido, un periodista. Lo que convocó al público --porque es difícil hacer la presentación de una tercera edición- era la presencia de Alcides Ghiggia, el autor del gol del triunfo de Uruguay en el Mundial de Brasil 1950, sin duda el punto más alto de la historia de este país. Contaba el autor que el gol de Ghiggia es el gol más importante de un mundial, porque si empataban, el mundial lo ganaba Brasil, según las reglas del campeonato de entonces. Ghiggia es el único sobreviviente del equipo titular de Uruguay en el 50 y está muy bien a sus 87 años. El acto entero fue una declaración de amor del auditorio a Ghiggia y Ghiggia narró su gol, y contestó preguntas del público y del autor.
Yo temía que en cualquier momento sea detectada como intrusa dentro de ese espacio sagrado que es la celebración de las glorias deportivas uruguayas. Me alegra reportar que llegué al final del acto sin ser expulsada, y fui la segunda en la fila para conseguir el autógrafo de Ghiggia (que reproduzo abajo) y la primera (unica?) en conseguir el autógrafo del autor.
La segunda presentación fue de la novela ganadora del último premio nacional de literatura. El autor le pidió a otra autora que le haga preguntas y convierta la presentación en un conversatorio, lo cual resultó regio, porque la autora era un encanto, y el autor muy inteligente y ameno. Qué agradable e inusual es estar en presencia de personas inteligentes y elocuentes hablando de temas interesantes. Lo disfruté mucho y al final me puse en la fila, fui tercera, y felicité al autor por el acto, que califiqué de encantador. El me agradeció, tomó el libro que le ofrecía y me preguntó mi nombre: Cecilia, le dije.
Se reirán de mi sorpresa al encontrarme con una multitud de stands llenos de libros. Los stand no entraban todos en el lobby (gigantesco) de la intendencia, tan grande que hay una réplica idéntica de la Victoria de Samotracia con la misma base que la del Louvre. En la esplanada frente a la intendencia habían armado una carpas como las de Bryant Park Fashion Week donde aún más editoriales y librerías tienen sus stands.
Como yo soy tía de Lukas, yo no quería ver ningún libro que no fueran los dos que iba a comprar con el fin específico de que me los firmen los autores de los dos actos que había elegido. Tuve que preguntar y preguntar hasta encontrar el primero, y el segundo lo compré a la puerta del salón dorado, donde estaba programado el acto.
La primera presentación, en el salón rojo, fue de la tercera edición del libro Maracaná: La Historia Secreta, escrita por Atilio Garrido, un periodista. Lo que convocó al público --porque es difícil hacer la presentación de una tercera edición- era la presencia de Alcides Ghiggia, el autor del gol del triunfo de Uruguay en el Mundial de Brasil 1950, sin duda el punto más alto de la historia de este país. Contaba el autor que el gol de Ghiggia es el gol más importante de un mundial, porque si empataban, el mundial lo ganaba Brasil, según las reglas del campeonato de entonces. Ghiggia es el único sobreviviente del equipo titular de Uruguay en el 50 y está muy bien a sus 87 años. El acto entero fue una declaración de amor del auditorio a Ghiggia y Ghiggia narró su gol, y contestó preguntas del público y del autor.
Yo temía que en cualquier momento sea detectada como intrusa dentro de ese espacio sagrado que es la celebración de las glorias deportivas uruguayas. Me alegra reportar que llegué al final del acto sin ser expulsada, y fui la segunda en la fila para conseguir el autógrafo de Ghiggia (que reproduzo abajo) y la primera (unica?) en conseguir el autógrafo del autor.
La segunda presentación fue de la novela ganadora del último premio nacional de literatura. El autor le pidió a otra autora que le haga preguntas y convierta la presentación en un conversatorio, lo cual resultó regio, porque la autora era un encanto, y el autor muy inteligente y ameno. Qué agradable e inusual es estar en presencia de personas inteligentes y elocuentes hablando de temas interesantes. Lo disfruté mucho y al final me puse en la fila, fui tercera, y felicité al autor por el acto, que califiqué de encantador. El me agradeció, tomó el libro que le ofrecía y me preguntó mi nombre: Cecilia, le dije.
Demasiado!
El cine, cuando es bueno, es una experiencia extraordinaria. Será la combinación de la sala oscura, la pantalla grande, la imagen nítida, el sonido "surround," y las respiraciones acompasadas de la audiencia.
Esta noche la primera película me desgarró el corazón. No podía dejar de llorar y cuando no habían transcurridos ni 20 minutos estaba por salirme, pero ya había molestado a mucha gente para sentarme en la mitad de una fila. Cuando terminó el filme, me di cuenta de que todo el público estaba afectado. Un señor atrás de mí se levantó diciendo: "Esto fue un suplicio." La señora de al lado estaba esperando que se enciendan las luces para mirarme la cara, porque me había sentido sollozar dos horas. Y ya en la calle me choqué con otra señora que deambulaba sin ton ni son diciendo que quería llorar.
Pero la película me pareció excelente!
La segunda película, en el otro cine, fue interesante y bella. Blanco y negro, cine mudo, Andalucía, los toros. Digamos que me apasigüé por dos horas y ahora ya estoy lista para irme a la cama (ya es la una por acá). Buenas noches!
martes, 1 de octubre de 2013
Las Señoras de la Asociación
La institución donde trabaja J tiene una Asociación de Familias. Se reúne cada mes. Un desayuno fabuloso que cuando yo fui, duró de las 9:30 a las 13:30.
J no estaba muy convencido que me una a este grupo, le parecía que su enfoque de hacer obras sociales no es de mi estilo. Y eso es cierto, creo que el Estado debe asistir a los necesitados y que estas acciones puntuales le hacen más bien a quienes las realizan que a los destinatarios.
Pero tenía curiosidad de conocer a las señoras de Carrasco. Que no solo son vecinas sino que se ven entre ellas con frecuencia porque van todos los días al colegio de los niños.
La presidenta es la mujer del jefe. Y la reunión, la primera de este año escolar, fue en su casa. Yo fui en taxi, porque no tenía todavía el auto. Llegué estresada porque iba con algo de retraso, y como estaba en la agenda ("Bienvenida a las esposas de dos funcionarios nuevos en la representación, Sra. P. A. de C. y Sra. M. A. de D") no quería hacer el papelón de llegar tarde. Fui la primera. Y diez minutos después, llegó la otra bienvenida. De ahí se fueron anexando un grupo extraordinario de mujeres, que me hicieron pasar una de las mañanas más agradables que recuerdo.
Es que estas mujeres, que acá tienen poco más que hacer que choferear a los niños, son guapas, altas, preparadas y encantadoras. La presidenta, M, es arquitecta graduada en la UBA. La otra bienvenida, P, es médica patóloga, J tiene un PhD en sicología de Columbia, G es maestra parvularia, MC se jubiló de la institución y en esa calidad asiste a las reuniones de la Asociación. Esas destaco entre otras varias que no me tocaron cerca o que no eran tan extrovertidas.
La conversación estuvo riquísima, igual que la comida. Quedamos en reunirnos cada mes. La fecha fijada es la próxima semana en casa de P. Ojalá que no cambien la reunión, porque tengo ilusión de verlas.
J no estaba muy convencido que me una a este grupo, le parecía que su enfoque de hacer obras sociales no es de mi estilo. Y eso es cierto, creo que el Estado debe asistir a los necesitados y que estas acciones puntuales le hacen más bien a quienes las realizan que a los destinatarios.
Pero tenía curiosidad de conocer a las señoras de Carrasco. Que no solo son vecinas sino que se ven entre ellas con frecuencia porque van todos los días al colegio de los niños.
La presidenta es la mujer del jefe. Y la reunión, la primera de este año escolar, fue en su casa. Yo fui en taxi, porque no tenía todavía el auto. Llegué estresada porque iba con algo de retraso, y como estaba en la agenda ("Bienvenida a las esposas de dos funcionarios nuevos en la representación, Sra. P. A. de C. y Sra. M. A. de D") no quería hacer el papelón de llegar tarde. Fui la primera. Y diez minutos después, llegó la otra bienvenida. De ahí se fueron anexando un grupo extraordinario de mujeres, que me hicieron pasar una de las mañanas más agradables que recuerdo.
Es que estas mujeres, que acá tienen poco más que hacer que choferear a los niños, son guapas, altas, preparadas y encantadoras. La presidenta, M, es arquitecta graduada en la UBA. La otra bienvenida, P, es médica patóloga, J tiene un PhD en sicología de Columbia, G es maestra parvularia, MC se jubiló de la institución y en esa calidad asiste a las reuniones de la Asociación. Esas destaco entre otras varias que no me tocaron cerca o que no eran tan extrovertidas.
La conversación estuvo riquísima, igual que la comida. Quedamos en reunirnos cada mes. La fecha fijada es la próxima semana en casa de P. Ojalá que no cambien la reunión, porque tengo ilusión de verlas.
Correo de Voz
Hoy me encontré con la novedad de que mi teléfono celular anunciaba que tenía tres mensajes. Por otro lado, L no llegó en el bus del colegio, ni ha respondido a mis textos preguntándole, ya en el último de ellos, si debo llamar a la policía.
Esta es la primera vez que tengo correo de voz desde que llegué y, por supuesto, no sé como escucharlo. Busqué en la página web de Antel --sin éxito- y le pregunté a Google, que tampoco me dio la respuesta.
Sacudiéndome la vergüenza le escribí un correo electrónico a Alejandro, un compañero de natación y vecino de cuadra, que me había mencionado que es ingeniero en Antel. Me imaginé que él sabría y, en menos de un minuto me contestó con el número (*66).
Ya tengo mi propio IT support!
(Igual L no me ha contactado, pero creo que no voy a molestar a los señores policías con este particular...)
Esta es la primera vez que tengo correo de voz desde que llegué y, por supuesto, no sé como escucharlo. Busqué en la página web de Antel --sin éxito- y le pregunté a Google, que tampoco me dio la respuesta.
Sacudiéndome la vergüenza le escribí un correo electrónico a Alejandro, un compañero de natación y vecino de cuadra, que me había mencionado que es ingeniero en Antel. Me imaginé que él sabría y, en menos de un minuto me contestó con el número (*66).
Ya tengo mi propio IT support!
(Igual L no me ha contactado, pero creo que no voy a molestar a los señores policías con este particular...)
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