domingo, 6 de octubre de 2013

Sigo confundida

Yo entiendo que el propósito de adelantar la hora en los relojes es para que el día sea más largo. Además me parece una idea genial y como nunca me despierto temprano, no me importa para nada que amanezca más tarde.

Pero este súbito, inesperado y aislado cambio de hora en Uruguay me tiene desencajada. Encima acabo de mirar y ni Argentina, ni Brasil cambian la hora. O sea que Uruguay es como una isla, flotando en el Atlántico en su propio huso horario. No puedo ni imaginar cómo se sienten los venezolanos, que tienen media hora de diferencia con el resto de los países, aparte de las horas enteras que naturalmente los separan.

Trato de reconciliar mi nueva hora con la de todos ustedes, y tiemblo al pensar que en menos de un mes, en Washington van a retrasar una hora los relojes. 

Tampoco estoy segura a qué hora tengo que ir a recoger a J mañana al aeropuerto. 

Soy una mujer a caballo entre dos siglos, y ya medio siglo antes que yo aparezca, Einstein probó que el tiempo es relativo. En este momento añoro la certeza del tiempo absoluto.