sábado, 5 de octubre de 2013

Gravedad

NOTA: Esta reseña no contiene spoilers, pero conociendo a mis hipersensibles lectores, si quieren pueden reservar la lectura de este página para después de ver la peli.

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El jueves por la noche fui a ver Gravedad, la aclamada película de Alfonso Cuarón. Era parte del festival del cine de Montevideo, y los ecos de su fama han llegado hasta este recoveco del planeta, porque la sala estaba repleta. Esta era mi octava película del festival, y fue para la única que estuve a punto de no poder conseguir boleto. Cuando por fin llegué a la taquilla, quedaban asientos solo en la primera fila y unas cuantas laterales arriba, contra la pared, una de las cuales yo arranché. (Acá en muchos cines se vende asientos numerados)

Salí algo preocupada porque creo que estoy tan sola en mi opinión de la película como el personaje de Sandra Bullock en el espacio. Sin entrar en spoilers ni discusiones del argumento, y admitiendo que la primera toma, que según leí dura 17 minutos, es extraordinaria, varias cosas me fastidiaron muchísimo. 

La que más me llamó a mí misma la atención fue que me irritó el personaje de George Clooney. Yo suspiro por George Clooney como cualquiera, y suelo encontrar irresistible su encanto, combinación de belleza, inteligencia y picardía, pero esta actuación me pareció que era Clooney actuando de Clooney. No vi una construcción de su personaje, solo un calentado de lo que ha hecho mil veces: Danny Ocean con traje espacial. Me resisto a aceptar que Clooney se convierta en una sombra de si mismo, Me pareció que en esta película renunció a ser actor para convertirse en schtick, cruel destino que suelen corren muchos actores cuya originalidad misma los hace famosos, por ejemplo Jack Nicholson y ahora hasta Robert de Niro (mierda, no van a dejar entrar a ningún cine, después de estas blasfemias!).

Por otro lado, hay un backstory de uno de los personajes principales que me pareció innecesario, artificioso y manipulador. Francamente ridículo. Como no me dejé enganchar por ese elemento, la película terminó no conmoviéndome. Y filme que no me conmueve, que me deja fría, va en la lista de las que no me gustan.

En torno a los efectos especiales, todas las escenas de exteriores (y esto si que es el exterior del exterior: la nada) son excelentes. La verdad es que si tuve que regular mi respiración varias veces porque sentía que me estaba quedando también sin oxígeno. Y mi cuerpo reaccionaba con espasmos y movimientos involuntarios cuando la astronauta se golpeaba contra el exterior de las naves y estaciones espaciales. En cambio unas escenas interiores de incendio me parecieron francamente inverosímiles. 

La fotografía me pareció maravillosa y creo que el manejo de la cámara trasmite esa realidad fascinante que nos cuesta entender como terrícolas, que en el espacio no hay arriba ni abajo. Yo amo a Emmanuel Lubezki, el querido Chivo, cuya cinematografía me deslumbra siempre, especialmente cuando trabaja con Terrence Malick, y en esta película está impecable y creo que le eleva el nivel. 

Bueno, cuando la vean, me comentan, porque acá no tengo interlocutores.