lunes, 30 de septiembre de 2013

Las veredas montevideanas

Acera. Vereda. Andén. Calzada. Le pregunté a un par de jóvenes a la altura de la calle Ellauri cómo le dicen a la superficie en donde estábamos caminando. Vereda, dijeron.

Las veredas acá son como una interminable cobija de retazos. Supongo que la ordenanza es que cada propietario es responsable de su porción de vereda. No sólo hay trayectos en buen estado y otros llenos de huecos, sino que las formas, colores y modelos de adoquines varían según el gusto del dueño de casa y los año de las reparaciones. Nadie pone un milímetro de material más de lo que le corresponde, ni coordina con el vecino. Lo que sí es inusual ver es una calzada de puro cemento, como la gran mayoría de las ciudades de mundo. Acá gustan los adoquines.

Continúa el Festival de Cine

Me siento muy afortunada. Anoche vi una película noruega (Kon-Tiki), esta tarde una francesa (Le Prenom) y de noche una italiana (Cesare deve Morire). Mañana he elegido una danesa (la de mi secret boyfriend Mads Mikkelsen) y una española (Blancanieves).

A partir del miércoles el asunto se complica porque la feria del libro es por otro barrio. Es posible que a primera hora de la tarde vaya a ver una británica (The Angel's Share), después vaya a la feria del libro a dos lanzamientos (uno es del libro Maracaná, y estará presente Alcides Ghiggia que debe estar bien mayorcito y ya no ha de meter muchos goles), después puede que me de una vueltita por la entrega del premio nacional de literatura de este año para después irme a toda carrera de vuelta al cine. Creo que voy a romper el record de Wilson Kipsang (claro que el corriendo y yo en bus y taxi). 

Feria del Libro!

Voy a colapsar! Resulta que mañana comienza la Feria Internacional del Libro con una nutrida agenda de presentaciones, conferencias, clases magistrales, etc. No sé cómo me voy a arreglar! Y yo que pensaba que mi vida acá no podía ser más entretenida, ahora salen festivales de cine y ferias de libro. Qué emocionante!

Festival de Cine!

Esta semana voy a estar ocupadísima. Comenzó el festival anual del cine de Montevideo y me he perdido tres días, por lo que tendré que planificar cuidadosamente mi agenda hasta el próximo domingo para poder ver la mayor cantidad de filmes, sin descuidar mis otras ocupaciones: prepararme para el campeonato de natación y poner comida en la mesa para que L y yo no nos muramos de inanición durante la ausencia de J, el único miembro de nuestra expedición que es ordenado en temas nutricionales.

Tengo delante el catálogo con los 55 largometrajes y 25 películas cortas. Me voy a concentrar en ver la mayor cantidad de los primeros. Se proyectan en tres cines: El Casablanca, que me queda a cinco cuadras, el del Shopping de Punta Carretas, que queda a dos y el Montevideo Shopping, donde hay que ir en auto o bus.

Me compré una cuponera que me permite ver diez películas por 750 pesos, menos de 4 dólares por filme. Tengo que meditar si priorizo diez pelis o si la estrategia es ver todas las que pueda. La jornada comienza a las 15 horas.

EL viernes leí en El Observador, sin poner mucha atención, que se inauguraba el festival con la película Gravedad, de Alfonso Cuarón. He estado saturada de cine y hace tiempo que no veía nada que me diera ganas de ir, pero creo que la palabra "festival" espabiló el gusano cinéfilo que habita en mi corazón (o mi cerebro. No, no es triquinosis). 

Esta noche, al regreso del aeropuerto, pasé por el Casablanca por puro impulso y la señorita de la taquilla me entregó el catálogo y la programación. Compré mi entrada para Kon-Tiki para las 22:20 y regresé al departamento a parquear el coche y hacer tiempo (en realidad a estudiar la literatura del festival y pensar el plan de ataque). 

Kon-Tiki me pareció buenísima! La recomiendo sin reservas. Salí encantada! Mañana mis elegidas son dos películas italianas y una franco-belga. Ya les contaré cuántas vi.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Basura y Reciclaje

Yo no esperaba que hubiera mucho reciclaje de desperdicios en Uruguay. Y en realidad no hay ninguno significativo de parte del consumidor. En las calles hay unas cuantas estructuras para recibir pilas y he visto otras para latas. En el supermercado dicen que uno puede devolver las bolsas y también tienen una máquina para recibir botellas, pero el día que fui con botellas que había comprado en ese mismo local, no me recibió ninguna de las mías y las eché a la basura. En los colegios reúnen tapas de plástico para reciclar, pero solo pueden ser de refrescos y agua.

En otras palabras, todo se va al mismo basurero. En casi cada cuadra, ocupando el espacio de un carro estacionado, hay un recipiente de metal que podría confundirse con una casa de perro para una familia de gran daneses, si es que hubiera un plan de vivienda masiva para gran daneses. Ahí es donde se bota la basura. Y ahí es donde se realiza el único reciclaje en la ciudad.

Hay siempre minadores de basura con la cabeza y medio cuerpo metidos en esos basureros. Los veo sacar botellas y cajas, pero tampoco he observado su trabajo con mucha atención. Se trasladan de basurero en basurero en carretas tiradas por caballos flacos (mulas?) que van repletas de costales ya llenos con los estropicios de algún barrio. Me gustaría pensar que estos minadores reciben buena plata por lo que rescatan de los basureros. Creo que no. Son el ejercito que separa la basura de lo rescatable. Mis respetos!

Por otro lado hay empleados municipales que barren las calles y, no se si ellos u otros, recogen la mierda de perro y las ratas muertas. Andan en grupos pequeños, a pie, con sendas escobas. Alguna vez vi el camión que retira los desperdicios de los recipientes esos inmensos, pero no me detuve a mirar el procedimiento. En todo caso, la ciudad se mantiene bastante limpia (excepto que hay más perros defecando que barrederos recogiendo, así que hagan las cuentas). En el parque de Villa Biarritz, donde está la pileta, hay una feria de alimentos los martes y una feria de hippies los sábados. Dejan el pobre parque hecho una pena, pero a las 4 de la tarde está otra vez impecable.  

jueves, 26 de septiembre de 2013

Cómo conducir un auto en Montevideo y sobrevivir

Esa es la pregunta que me hago cada vez que saco el Mini. Así como peatona observaba que no hay pasos de zebra, como conductora debo reportar que es raro encontrar signos de pare. Aparentemente hay una regla secreta que algunos saben, y otros no, de cuál calle tiene la preferencia. Si alguien la conoce, le ruego contactarme por este medio. 

Otro problema es que la mayoría de las calles es de una sola vía. Entiendo que será porque las calles son estrechas y hay coches parqueados que las estrechan aún mas.Lo lógico sería que una calle fuera de una vía para un lado y la siguiente para el otro. Pero no! A veces hay tres seguidas para el mismo lado, y cuando uno agarra la cuarta, cuando llega a la esquina tampoco puede ir a dónde uno precisaba y se acabó la calle. Es decir, un verdadero laberinto.

Como ya anoté antes, los carriles son meras sugerencias y no hay problema de conducir ocupando dos. Creo que los autos acá tienen atrofiadas las luces direccionales, porque no he visto a nadie señalar que va a virar. 

Prefiero ser peatona.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Cena-Reunión de la Natación

Anoche fuimos convocados por Mauricio, nuestro entrenador, al salón-parrillero del club. La invitación era a las 21:30, lo cual ya me hizo pensar que iba a morirme de hambre, por dos motivos: los orientales son muy impuntuales y el parrillero es a leña, es decir que a menos que el menú fuera huevos fritos y ensalada, nos tocaría esperar por la comida.

Yo me ofrecí a comprar las bebidas, y cuando llegué a las 20:30 a entregarlas, me pidieron que compre helados, así que me fui a Freddo (yum al cuadrado) y gasté todo el efectivo que me entregaron (dulce de leche, chocolate Freddo y vainilla).

La pasamos muy bien, todos los del equipo son muy cálidos. Comimos, bebimos, nos reímos, nos pusimos serios y al final nos tomamos fotos.

Lo que más me impresionó fue que dos de los nadadores, Javier y Andrés, estuvieron desde las 9 de la noche hasta las 12:30 haciendo pizzas. Desde la masa. De pie ante ese parrillero a leña, insólito. Y las pizzas estaban deli, no salían dos con la misma combinación de ingredientes! Rosi, una brasileña alegre y encantadora como todos los brasileños que conozco (excepto Rita, ella es una intelectual seria!), hizo caipirinhas, que yo nunca había probado y me gustaron tanto que me tomé dos bien despachados (esta mañana lo lamenté.

El propósito de la reunión era concretar lo del campeonato nacional el Maldonado en tres semanas, y definir la estrategia del equipo, que es tratar de ganarlo. Para ello es necesario que los nadadores naden las seis pruebas individuales que se permiten y todas las postas posibles para sumar puntos. Por ejemplo, yo me voy a inscribir en los 800 libres, que es una tortura acuática tipo waterboarding, pero tengo más probabilidades de sacar puntos para el club en esa prueba (donde pocas nadadoras de mi edad se inscriben) que en los 100 libres, donde todo el mundo se lanza al agua!

Todavía tengo que elegir las otras pruebas que voy a nadar y tengo que reservar el hotel. Esta noche pedí por internet el traje de baño de lycra para la competencia. Ojalá que llegue a tiempo a casa de Angie para que Jesus me lo traiga (se va otra vez a Washington este domingo por una semana).

La Banca

Todavía mi cerebro se niega a procesar cómo funcionan los bancos en este país. La atención al público es de 13:00 a 17:00 de lunes a viernes. Eso ya me pareció raro. Y entonces tuve que ir a cambiar un cheque. Sólo hay una ventanilla! Si, una sola fila interminable y una sola persona cambiando cheques y aceptando depósitos. Y toda la retahila de uruguayos tranquilamente esperando, sin que nadie proteste o incendie el banco. Cuando llegué, había fácilmente 50 personas en la fila. Un italiano llegó después que yo y trató de convencer a algunos ciudadanos que lo dejen meterse en la fila, hasta que un guardia le dijo que eso no se podía hacer. El italiano dijo que tenía que irse al aeropuerto en ese instante y que tenía que cambiar ese cheque. El guardia lo hizo agarrar un tiquet como los de la carnicería y esperar que lo atienda el jefe de agencia. Esperó como media hora pero al final le cambiaron el cheque y no tuvo ni que acercarse a la ventanilla. A mi a esa altura ya me faltaban como 3 personas adelante. Espero que a nadie le sorprenda enterarse de que no voy a regresar al maldito banco si puedo evitarlo. 

domingo, 22 de septiembre de 2013

Primavera

Hoy llegó, por fin, la primavera. Si, hace frío y esta noche hasta llovió. Pero los días son un tris más largos. Y los árboles que hasta la semana pasada eran unos enjambres de ramas tristes, ya tienen hojas color verde nuevo. Ayer vi un arbusto de azaleas florecido. Hoy, en las afueras de Montevideo, me recibieron árboles con flores blancas.

Qué suerte la mía de haber vivido dos primaveras en un solo año. Creo que me he contagiado porque estoy viviendo una primavera personal.

sábado, 21 de septiembre de 2013

La Pulpería

Es una parrillada a dos cuadras de la casa. La Pulpería es el tipo de establecimiento para el cual se acuñó la frase: "es un hueco": Ocupa una esquina y adentro entran máximo 15 comensales arrejuntados en diferentes barras. en las ventanas de La Pulpería hay otras dos barras hacia la vereda donde unas ocho personas más pueden comer a la intemperie dándole la espalda a la calle. En días lindos, ponen tres mesas en la acera.

Nos ha llamado siempre la atención este lugar porque siempre que pasamos por allí está repleto y hay gente esperando para sentarse. Es como una multitud en torno a este huequito cuando todos los otros restaurantes del barrio están semivacíos. 

La respuesta, aquí no hay sorpresas, es que es bueno y barato. Yo venía con hambre para comerme un buey y pedí el asado, una porción de papas noisette (bolitas de papa crocantes por fuera y soufflé por dentro) y una copa de vino rosado. Las papas las terminé compartiendo con mis vecinitos de barra, dos niñitos african american (padre africano y madre gringa) con quienes charlé toda la comida. El niño mayor se llama William, está en segundo grado, y cuando le pregunté si se llamaba así por William Shakespeare, la mamá me dijo que el niño nació en mismo día que el bardo de Strattford-upon-Avon, así que lo pude sorprender diciéndole que su cumpleaños era el 23 de abril. También le mostré en mi Kindle que estaba leyendo Timon of Athens, escrito por su tocayo.

Tendré que regresar a La Pulpería con J,  ya tendré ocasión de conocer al staff, ya que esta vez me entretuve con los dos chiquitos.

Mi primer trofeo!

Finalmente se concretó el equipo para el Desafio 60 Minutos en el Club Olimpia esta tarde. Participamos 3 equipos de Biguá: uno de promedio 32 años, uno de promedio 40 años y el mio, de promedio 60 anos. Yo era la más joven de mi equipo, el mayor era de 76 años. Compitieron 19 equipos en cinco categorías por edad.

El desafío consistía en turnarse a nadar 100 metros en una posta constante que terminaba al transcurrir una hora reloj. Yo era la número 3 de mi equipo y tengo un número 3 escrito en marcador grueso indeleble en el antebrazo derecho, que espero desaparezca algún día próximo. Cada equipo tenía cuatro nadadores titulares y uno suplente, que iba quinto pero solo podía nadar por lo menos un turno menos que los titulares. Ah! Y cada equipo tenía que tener por lo menos una mujer.

El equipo con promedio 32 años quedó segundo en su categoría, y los otros dos GANAMOS! Fue una experiencia hermosa, emocionante, divertida y encima repartieron pequeños trofeos a los integrantes de los equipos ganadores. El mío descansa en mi mesa de noche.

Yo nunca me había ganado un trofeo! Ahora tengo más ganas aún de entrenar con más ahínco. He sido siempre vaga para los entrenamientos. Soy cumplida pero no me esfuerzo, porque me lo he tomado como una diversión y un espacio de vida social entre nadadores, que son mi gente al fin. Ahora que la natación es mi ocupación principal, estoy poniéndole muchas ganas y haciéndolo bien.

En tres semanas es el campeonato nacional de masters en Maldonado. Ya les contaré cómo me va.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Clear eyes. Full hearts. Can't lose.

Ya me enganché. Me está encantando!

El Bar Lobo

Es mi restaurante favorito del barrio. Queda a tres cuadras de la casa hacia el otro lado del Bulevar Artigas, en la calle Coronel Mora, donde queda la peluquería, el Abitab, y es el camino a la pileta y al cine Casablanca, donde pasan películas que no son de Hollywood. 

El sommelier del Bar Lobo, Ismael, es quien me hizo hincha de Peñarol. Se ha convertido en un buen amigo. Hace que nos atiendan como si fuéramos VIP. Hoy hizo abrir una botella de Merlot que no estaba entre las que ofrecían por copa porque sabe que a mi sólo me gusta el vino suave. A L le gusta el ceviche del Bar Lobo. J siempre pide el asado. Además fue Ismael el que nos explicó que el asado es el plato típico uruguayo y que deben traerlo con los trece pedazos de costilla. Yo siempre pido morcilla. Una de sal y otra de dulce. Sublime!

Los peatones

Acá hasta los ateos nos persignamos antes de cruzar la calle! Los montevideanos manejan como unos sicópatas. Consideran que los semáforos, signos de pare y lineas para demarcar los carriles en la vía son meras sugerencias. Además hay pocos semáforos, lo cual es el ideal de J, que cada vez que instalaban un nuevo semáforo en Montgomery County quería que enviara una carta quejándome. Claro, para los conductores es fastidioso detenerse en un semáforo si no vienen vehículos de otras direcciones, pero acá se atraviesan las bocacalles zumbando y viran a la derecha o izquierda sin importar si cruzan peatones. 

Sin embargo hay una maravillosa, extraordinaria excepción: en toda la ciudad hay unos cuantos, digamos que yo he visto solo dos, pasos de zebra. Están marcados en lugares absolutamente arbitrarios, es decir en la mitad de una cuadra cualquiera. Pero uno pone un pie en el paso de zebra y autos, buses y camiones paran en seco. Es de no creer! 

Lo sabía!

Ya descubrí los responsables (aparte de los perros), de que Montevideo este regado de mierda. Son los paseadores de perros, unos hombres gigantescos y malencarados que llevan diez perros a la vez. Los he contado. 

Una vez pillé a un perro suelto bajando el fundillo para defecar y le grité: no! Y el perro se asustó y espero que le haya dado estreñimiento. 

Esta vez iba camino a la pileta (todos los caminos conducen a la pileta...) y estaba justo atrás de un paseador y los diez perros. Me estaba fijando lo lindos que eran estos perros --quienes me conocen saben que soy una admiradora de la verdadera belleza canina- cuando un golden retriever hizo parar a toda la jauría porque le dieron ganas. Pues delante del paseador, sus nueve colegas y yo, dobló las rodillas de atrás y depositó una mierda tan amarilla como su pelaje. 

Yo seguí caminando pero arriesgando la tortícolis porque quería saber si recogía o no recogía. Evidentemente no recogió. Aja! Me dije, llegué a la raíz del problema. Yo si me preguntaba como una sociedad tan educada como la uruguaya podía ser tan indiferente con este gravísimo problema social (según mi particular definición, claro). Ojo que no solo son los paseadores los únicos que no recogen, pero de que no recogen, no recogen!

jueves, 19 de septiembre de 2013

Joshua Bell

Desde mi primer viaje acá en Junio sabía que se presentaba Joshua Bell en el Sodre el 8 de setiembre. Después de haberlo visto el año pasado en Washington tenía inmensas ganas de verlo otra vez. Es maravilloso. Yo he visto en concierto a Anna Sophie Mutter y a Hilary Hahn y no se acercan siquiera a la magia que sale del violín y del alma de este músico. 

Además nació en Bloomington unos años después que yo y su padre era profesor de IU, así que siento ese vínculo adicional.

El auditorio del SODRE estaba repleto. Conseguimos unas entradas en la tertulia (el segundo piso) en la penúltima fila. Debo aclarar que el auditorio estaba lleno de cabecitas blancas. J y yo bajábamos el promedio de edad. Pero, que se le va a hacer. Siempre me pregunto por qué la audiencia de música clásica es gente vieja. Y la respuesta, a mi parecer, no es que es música para viejos sino que se requiere madurez para apreciar la calidad de la cosas. Creo que durante la juventud uno explora muchas cosas, pero en la madurez uno se limita a consumir lo que verdaderamente le gusta, y se desentiende de lo demás. Es un tipo de especialización estética. Se que estoy haciendo una gran generalización y que hay jóvenes que aman la música clásica y veteranos que solo escuchan baladas, pero esa es mi explicación y se abre el debate...

Joshua estuvo a la altura de todas mis expectativas. Recomiendo a todo el mundo que si alguna vez tienen la oportunidad de escucharlo en vivo, no se lo pierdan. Es indescriptible!

La Ferreteria

En los bajos de la Torre Patria queda la ferretería G&C. Gustavo y Cristina son sus propietarios y están ahí de lunes a viernes de 9 a 19 y los sábados hasta el medio día. El local es pequeño pero la atención es tan extraordinaria que si no tienen lo que uno busca, seguro que en realidad uno no lo necesita. Son una pareja de 50 y tantos. Gustavo es alto y pelado y tiene los ojos claros. Cristina, rubia, menuda y atractiva, es una mujer encantadora. J dice que ella es el cerebro de la operación. Detrás de su mostrador, y uno al lado del otro, Gustavo y Cristina tratan de resolver los problemas concretos de sus clientes. Es una especie de lluvia de ideas con discusión y en cualquier momento, uno u otro va a la trastienda y en un santiamén trae un objeto que puede resolver el asunto. A veces hay otros parroquianos que también opinan y sugieren. Yo trato de no comprar en ningún otro almacén cualquier cosa que podría comprarle a Gustavo y Cristina. 

Ovejas del mundo uníos!

Treinta y cuatro mil trescientas ovejas murieron de frío en Uruguay esta semana. A las pobres las acababan de trasquilar cuando llegó este temporal de vientos huracanados y lluvia helada. Ellas dan su lana para que otros se abriguen y las pobres quedan desnuditas. Qué injusticia!

Sigue la rata muerta ahí tirada!

No me había fijado donde estaba la difunta y hoy estuve a un paso de pisarla! Ya recójanla por favor!

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Música y familia

El miércoles pasado fui al auditorio Nelly Goitiño del SODRE a un espectáculo al que llegué por la fuerza de su solo nombre: "Motetes a Doble Coro de los Bach." Motetes? Doble Coro? Cuáles Bach?

Resulta que Johann Sebastian no fue el primer, ni el segundo, ni siquiera el tercer Bach músico de su familia. El programa incluía composiciones de tíos abuelos, tíos y primos, y Johann Sebastian, en este programa, era el más jovencito.

Desconocía también la música policoral, e ignoraba el término motete. El director del espectáculo estudió dirección de coros en Italia y fundó allá un coro donde solo se cantaban composiciones de Johann Sebastian. Ahora tiene un coro de musica barroca. Para este espectáculo eran ocho cantantes, cuatro por coro, con voces muy lindas y un trio de cello, violone y órgano. 

Poco después de tomar asiento se sentó a mi lado un señor mayor con su señora. Era el padre de la soprano de uno de los coros, y se deshacía hablándome de su hija, la menor de cuatro y única niña. La señora me pedía disculpas y lo codeaba para que ya no me molestara. Yo le pedí que me señale a su hija cuando salga a escena para poder distinguirla. Durante el concierto estuvo callado y más bien pasivo, comparado con otro veterano justo delante de mí, que se paraba a aplaudir después de cada motete, e incluso pidió a gritos el tema que quería para el encore, y el director lo complació. Sospecho que sería padre de algún otro integrante del coro o la orquesta, o hasta padre del mismísimo director!

Durante el intermedio, se volteó mi vecino hacia su esposa y le preguntó: Qué será lo que van a gritar en la segunda parte del concierto?

  

No hay suficientes taxis!

Buena suerte encontrando un taxi en Montevideo en hora pico. O cuando llueve. Y ni intentarlo cuando juega Peñarol o la Celeste. 

Aparentemente se trata de que la contingentación de taxis es de 23 unidades por cada 100 mil habitantes. Lo común es alrededor de entre 150 y 200 taxis por cada 100.000 habitantes. Pero acá el sindicato es fuerte y no quieren que se les dañe el mercado. (Entre paréntesis, nunca había ni visto la palabra contingentación hasta el día de hoy)

En cambio pedir un taxi desde casa es un placer. Uno levanta el teléfono, marca 141 y una computadora te informa en cuantos minutos llegará la unidad y cuál es su número (cada taxi tiene un número único pintado en su carrocería). Mientras la computadora ubica el taxi, ponen música de espera, pero cuando lo encuentra, casi siempre dice que llega en 3 minutos, así que una tiene que salir disparada a buscar la cartera y bajar a encontrarlo.

Si se pide por celular hay un paso adicional. La computadora ya sabe que ese celular vive en la dirección de la casa que tienen en el sistema. Así que pide que confirme si el taxi es a esa dirección. Nunca lo he llamado de otro sitio, pero me imagino que ahí si habrá que hablar con un ser humano.

Las carreras de taxi no son baratas y la mayoría de taxis es incómodo y viejo. J es cliente frecuente. Yo prefiero tomar omnibus a menos que vaya con retraso.

La primera rata

La vi cuando caminaba a la natación. En plena acera, al lado de un árbol. Flaca y muerta. Su pelo era como la panza de Platero. Su cola larga, pelada y gris. Curiosamente su cara estaba oculta bajo un pedazo suelto de adoquín. La mire por un segundo o dos, pero no puedo quitármela de la cabeza. Lamentablemente está en la calle Coronel Mora, que uso todos los dias. Al regreso de la pileta me vine por la Ellauri. Ojalá que alguien la recoja pronto. 

Aves

Montevideo está invadido de palomas. Son gordas e impasibles y se creen las dueñas de la ciudad. Sin ningún respeto por el decoro o la propiedad horizontal, usan los alféizares de las ventanas de nuestros dormitorios como letrina. Y nos espían. 

Centenares de loros se han adueñado del Parque Rodó. Sus bandadas se mueven entre las copas de los árboles en raudas nubes verdes. Hacen tanta bullaranga que parece que estuvieran hablando a gritos. Serán turistas brasileños o estarán acá para quedarse? 
  

El Shopping

A tres cuadras del apartamento queda el Shopping de Punta Carretas. Es un centro comercial de tiendas lujosas, donde hay además un supermercado, restaurantes, cines y cajeros automáticos. Su particularidad es que fue antes la penitenciaria de Punta Carretas, en donde estuvo internado y de donde se fugó alguna vez el actual presidente José Mujica. De la estructura del penal queda muy poco, apenas lo que los arquitectos consideraron que tenía valor estético.

Cuando recién llegamos, íbamos al Shopping todos los días. Comíamos con frecuencia en La Pasiva, que es un restaurante de cadena que sirve porciones inmensas de un menú muy variado. También era infaltable la visita al supermercado con nombre musical: Disco. Frecuentamos además el kiosko de Antel, donde compramos los chips pre-pago de los celulares, porque conseguir un plan de celular acá tiene multitud de requisitos que al principio no completábamos. Fuimos varias veces a la farmacia, hasta que un día una dependienta se portó muy antipática con J y le retiramos nuestra clientela.

Yo ahora trato de ir al Shopping lo menos posible. Y cuando voy, sólo es al subsuelo, donde está el Disco, la Pasiva y el cajero. Lo que me molesta del lugar es que siempre estoy desorientada adentro. Es por culpa de las escaleras. Hay que dar vueltas para encontrar las de subida y las de bajada están aún más escondidas. Me imagino que el concepto del diseño es que los compradores pasen frente a la mayor cantidad de vidrieras y se aminen a entrar a los locales. Esa manipulación me produce irritación y ganas de salir corriendo. 


lunes, 16 de septiembre de 2013

Master Patos

Estoy nadando todos los días. Como digo más en serio que en broma, es mi ocupación. Mi club se llama Biguá, que es un pato de por acá. Queda en un barrio muy cerquita de casa que se llama Villa Biarritz. En el centro del parque está el club y la calle que le da la vuelta al parque se llama Leyenda Patria, que es el nombre de calle que más me ha llamado la atención en Montevideo. En este parque hay una sección de juegos infantiles donde no me sorprendería encontrar a Mafalda y su pandilla. 

Inscribirse en el club es complicado: hay que pagar una matrícula carísima más los 6 primero meses de pensión por adelantado. Además no se puede ingresar sin tener "carnet de salud con aptitud física" que es una institución oriental que merece su propio escrito aparte.

El lunes que me pude inscribir ya fui con mi maleta para nadar. Y a las pocas piscinas me fui dando cuenta de que un grupo se preparaba para comenzar una clase. Yo les pregunté si me podía unir al grupo y el entrenador, que se llama Mauricio me recibió con los brazos abiertos. Mauricio tiene 35 años, y su puesto en el club es entrenador de masters. Da una clase a las 7 de la mañana, otra al mediodia y otra a la noche. Uno puede ir cuando quiera. La clase dura una hora y media y es muy intensa. Los masters ocupamos 3 carriles de la piscina y el resto es para otras clases o para nadadores informales.

En promedio van unos 14 nadadores a las clases del mediodía, que son a las que yo asisto. La gran mayoría son varones menores de 40 años. Esos no me dan ni la hora. Pero todas las mujeres y los mayores de 40 son un encanto. Además, donde va una a conseguir amigas con nombres tan hermosos como Iva Bruzzone, Daniela Garese y Florencia Ferrari?

Dos días a la semana, los master tienen a su disposición un personal trainer, que se llama Daniel. El te hace un programa especial de acondicionamiento para natación. Me parece lo máximo! Uno sube al gimnasio después de ducharse y cambiarse y Daniel te imprime tu programa de ejercicios, repeticiones y pesos del día. Se quedan a esa hora unos 4 nadadores, otros van a otras horas y les imprimen el programa. Yo sigo muy dependiente de Daniel porque no conozco los ejercicios y me los tiene que demostrar todas las veces!

Lo más divertido de este grupo master es que todo está encaminado a competir. Tienen competencias todo el año. El mes que viene es el Nacional de Clubes, por eso les caí del cielo. El primer fin de semana que estuve practicando había una competencia en Salto, a la que no pude ir, y este fin de semana hay un "Desafio de 60 Minutos" que es una prueba por equipos donde cada uno de los cuatro nadadores del equipo nada 100 metros cada turno y el equipo que nade la mayor distancia en 60 minutos gana. Es por categorías, y a mi me pareció fácil así que me inscribí encantada, pero una compañera me dijo después que la prueba es durísima. Ayer uno de mi equipo le salió un inconveniente, así que vamos a ver si se concreta o no. Ya les contaré.

Mi Barrio

El barrio donde vivimos es muy tranquilo. Nuestra calle es el límite sur del barrio, porque más allá solo está el golf y después la rambla y el mar. Hacia el este, termina en el Bulevar Artigas, Hacia el oeste en la calle Herrera y Ressig donde están la facultad de ingeniería y el estadio Luis Franzini (de Defensor), y hacia el norte limita con el Parque Rodó. Son dos calles intermedias entre el Bulevar y la Herrera y Reissig: la Maggiolo y la Patria. El barrio tiene exactamente 21 manzanas. En las tres manzanas que dan al golf, hay puros edificios altos y lujosos. El resto del barrio es de residencias de clase media de uno o dos pisos, excepto por un edificio gigantesco que se llama torre Patria y es el centro comercial del barrio. En los bajos queda la ferretería, el centro de pagos, la carnicería y la frutería. Al lado de la frutería, el las siguientes casas o edificios quedan la tienda, la panadería y la farmacia. Siguiendo dos cuadras hacia Parque Rodó por la calle Patria queda el Amapola, donde compramos la comida preparada. Y siguiendo por la misma calle Patria hasta el parque llegas al museo de artes visuales: un museo en mi barrio! Se me desborda el corazón de la felicidad!

El Himno

Compré entradas para el partido Uruguay-Colombia por las eliminatorias del Mundial. La preparación para el juego constaba de tres puntos: Llevar una prenda celeste, Asegurarme de que J no hablara para que no sea detectado en filas enemigas y aprenderme el Himno Nacional. No hubo ningún problema con J, porque decidió que si le preguntaban diría que es panameño. El calentador de GW es exactamente del tono de celeste de la camiseta de Suarez, y el himno es maravilloso: Solo tiene dos oraciones que se repiten y repiten: 1. Orientales la Patria o la Tumba, libertad o con gloria morir. 2. Es el voto que el alma pronuncia, y que heróicos sabremos cumplir. A J le pareció muy fúnebre, porque la segunda frase la escuchaba como "heróicos sabremos morir." Lo canté henchida de patriotismo y creo que me salió desafinado pero muy sentido.

Llueve

Llueve en Montevideo, sin parar, desde el viernes por la tarde. Es la lluvia más triste del mundo. Con un viento que llega aullando desde el mar. Que alborota la lluvia. El mar está escondido tras una pared de bruma. Los vidrios de las ventanas están cubiertos de gotas. Hace mucho frio.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Por fin ganó Peñarol

Esta tarde, bajo una lluvia imparable, en un partido que pocos valientes fueron a ver al Centenario, Peñarol ganó por primera vez en este campeonato. Con dos goles de Aguiar, que estaba descartado para jugar hoy por tener una tremenda gripe y uno de Jonathan Rodriguez, un debutante de 20 años que fue elegido figura del partido. El arquero suplente también debutó y tapó un penal. Peñarol sufrió medio partido al ver como su 3-0 se convirtió en 3-2. Yo lo vi bajo techo, por la tele en mi casa, y al final canté junto a la hinchada de la cancha, en voz muy bajita para que no se despierten los que estaban tomando la siesta: "Manya, mi buen amigo, esta campaña volveremo' a estar contigo, te alentaremo' de corazón, esta es tu hinchada que te quiere ver campión..." 

El Secreto del Buen Dormir

En el departamento, en cada dormitorio, al lado de cada cama hay un interruptor, que al activarse, baja o sube una cortina metálica que cuando está cerrada no deja pasar un solo rayo de luz. Es difícil de explicar lo agradable que es evitar el resplandor entre las 6 y la hora de levantarse. Cuando ya no queda otra, uno oprime por unos segundos el interruptor para que apenas se entreabra unos milímetros y así recibir el día despacito. 

Todo es Peñarol

En Montevideo debe haber más equipos de fútbol que en Londres. Pero todo el mundo es hincha de Peñarol. Desde que llegué el equipo no gana un solo juego pero eso a la gente lo tiene sin cuidado. Aparentemente sucede con frecuencia. Va de menos a más y termina ganando todo. Durante los partidos, la general de la Amsterdam canta y salta y emociona. Tienen cientos de cantos, y todo el Centenario se los sabe. Yo ya tengo una bufanda. Y gracias a algún cliente olvidadizo del Passenger, un paraguas de golf negro y amarillo que en cualquier dia de lluvia atrae todo tipo de cumplidos.

Concierto de la Sinfónica

Hoy íbamos a ir a un concierto de la sinfónica, pero Jesús estaba en cama con un resfrío y había que llevar a Lucia a una fiesta, así que cambiaron los planes. Al dejar a Lucia encendí la radio y como por acto de magia, comenzó la transmisión del concierto en vivo. Me encanta este país.

Mierda

Acá es difícil apreciar la ciudad mientras uno camina. Porque se debe mirar donde uno pisa. Hay mierda de perro por todos lados. De todos los tamaños, formas y colores. Me imagino que habrá barrenderos especialistas en mierda, porque los dueños de los perros no la recogen ni por casualidad.

Amapola

Queda en una esquina de la calle Patria, el eje de mis actividades en el barrio. Ha reemplazado al Balducci's como la cocina de la casa. Me encanta ir y charlar un ratito con Gonzalo, mientras cocina, y con Karina cuando está. Son una pareja joven, papás de Sara, de tres años, que toma clases de ballet los viernes. Gonzalo tenía un restaurant en Piriápolis, pero ahora tiene Amapola. El compra los ingredientes y cocina de 9 a 5. Karina empaca y cobra cuando no está llevando y trayendo a la niña. Esa es toda la operación. Cada plato cuesta $120 (US$6) y los postres $60. Nos encanta la comida. Trato de no ir con tanta frecuencia para no aburrirnos. Pero sospecho que somos ya importantes clientes.  

El Mar

Lo primero que hago cuando me levanto es ir a mirar el mar. Cada día tiene un color diferente. He visto el mar color petróleo. Lo he visto azul, color chocolate caliente, y todos los tonos posibles de gris, desde el acero hasta la plata. A veces la bruma se lo traga entero. Otras, es un espectáculo de rayos y centellas. En ocasiones es tranquilo como un espejo. Ayer las olas eran inmensas, y los surfistas hacían tabla y windsurf en plena ciudad. 

La verdad es que los vidrios de los ventanales están bastante sucios, pero en un octavo piso, me da vértigo pensar en sacar medio cuerpo por la ventana para limpiarlos. 

Por lo pronto, me encanta sentarme a mirar con binoculares los barcos que se acercan o alejan al puerto o van hacia Buenos Aires. Todos tienen que pasar frente a mi ventana. Cuando aviste el primer barco pirata, lo informaré por este medio.

Makeover

No me reconozco! La Maria de antes, de traje negro y zapatos de tacón, maquillada y prolija es ahora una mujer enpantalonada, con zapatos deportivos, el pelo corto y la cara lavada. 



Introducción

Hace un mes y medio llegué a Montevideo. A instalarme. Vine encantada. Traje demasiadas cosas y muy pocas de las que en realidad necesito. Me falta una cámara de fotos de verdad. Hasta que me llegue, espero que la memoria fije todas las imágenes que he estado acumulando. Mientras tanto, espero poder describir con palabras lo que he vivido y la felicidad que llena mis días.