El 5 de diciembre asistí al estreno del Ballet Hamlet Ruso en el Teatro Sodre de Montevideo, donde se presenta la sinfónica, y montan las óperas y los ballets. Es un auditorio moderno, muy grande y con plena visibilidad del escenario desde todos los asientos, a diferencia del Teatro Solís que es antiguo, íntimo y con muchos asientos con visibilidad obstruida.
Se trata de una coreografía de los años 60 del ruso Boris Eifman, cuya obra no conocía. Eifman, nacido en el 46, es un coreógrafo revolucionario. Sus ballets son famosos porque combinan argumentos clásicos, con la exquisitez técnica de los bailarines rusos, con elementos visuales y de movimiento totalmente contemporáneos. El resultado es alucinante.