Primero me hice atender con la doctora Maité Moldes, ginecóloga. Esto era una condición previa para obtener el carnet obligatorio de salud con aptitud física, sin el que no podía inscribirme en el club para nadar. La doctora es joven, guapa, habla inglés, es muy competente y muy agradable. Además acá en Uruguay todo el mundo te tutea, nadie se trata de usted. No solo eso, se tratan de nombre (Hola Maria. Mirá Maria). Y los consultorios no tienen escritorio, solo una mesa contra la pared donde tienen la compu y el paciente se sienta casi al lado del doctor, es un ambiente muy íntimo.
Ayer me fui a revisar mi oído de Beethoven, que se me quedó tapado desde el vuelo Paris-Madrid. Me atendió el doctor Matías Lopez-Paullier, igualmente joven, buenmozo (mucho más guapo que McDreamy, el paradigma de la guapeza de los médicos de Hollywood), inteligente, competente y simpático. Y lo que más me gustó es que no me prohibió la piscina, lo que yo temía que pasara. Me dio una montaña de medicamentos y me dijo que tardaría cerca de un mes en drenar naturalmente el oído tapado y por lo tanto ese tiempo en recuperar mi audición.