Este relato no pertenece en este blog, porque no tiene nada que ver con Montevideo, excepto que Shakespeare es mi actual obsesión. Así que le dedico a Shakespeare horas de lectura y reflexión que le quito a las aventuras que podría estar viviendo por la ciudad.
Aparte de esta actividad programada y estructurada hasta abril de 2016, esta semana tuve dos encuentros extracurriculares con Shakespeare. El primero fue cuando dándole vueltas a los canales de la tele me encontré con una de las primera escenas de Shakespeare in Love. Hace muchísimos años que no la veía y me sorprendió cuánto he aprendido sobre la vida y obra de Shakespeare en estos últimos dos años. Entendí innumerables referencias insertadas para el goce de expertos. Me quedé con la sensación de que hay otra montaña de chistes que solo entenderé cuando haya terminado este ciclo y me queda una cita pendiente con la película para entonces.
Mi segundo momento de nostalgia Shakespeareana fue la noticia de la muerte de Peter O'Toole. Aparte de recrearme en lo bello que era cuando hizo Lawrence de Arabia (ustedes saben que mi pecado es la estética), recordé una entrevista que le hizo una periodista de ATC de NPR hace unos años, cuando estaba promocionando su película Venus. Aparte de las historias y anécdotas de su vida, contadas con profunda inteligencia y sensibilidad, no sé por qué salió que siempre tenía a su lado los sonetos de Shakespeare, que los leía todo el tiempo y que incluso ya se los sabía de memoria, porque eran los compañeros de su vida.