La institución donde trabaja J tiene una Asociación de Familias. Se reúne cada mes. Un desayuno fabuloso que cuando yo fui, duró de las 9:30 a las 13:30.
J no estaba muy convencido que me una a este grupo, le parecía que su enfoque de hacer obras sociales no es de mi estilo. Y eso es cierto, creo que el Estado debe asistir a los necesitados y que estas acciones puntuales le hacen más bien a quienes las realizan que a los destinatarios.
Pero tenía curiosidad de conocer a las señoras de Carrasco. Que no solo son vecinas sino que se ven entre ellas con frecuencia porque van todos los días al colegio de los niños.
La presidenta es la mujer del jefe. Y la reunión, la primera de este año escolar, fue en su casa. Yo fui en taxi, porque no tenía todavía el auto. Llegué estresada porque iba con algo de retraso, y como estaba en la agenda ("Bienvenida a las esposas de dos funcionarios nuevos en la representación, Sra. P. A. de C. y Sra. M. A. de D") no quería hacer el papelón de llegar tarde. Fui la primera. Y diez minutos después, llegó la otra bienvenida. De ahí se fueron anexando un grupo extraordinario de mujeres, que me hicieron pasar una de las mañanas más agradables que recuerdo.
Es que estas mujeres, que acá tienen poco más que hacer que choferear a los niños, son guapas, altas, preparadas y encantadoras. La presidenta, M, es arquitecta graduada en la UBA. La otra bienvenida, P, es médica patóloga, J tiene un PhD en sicología de Columbia, G es maestra parvularia, MC se jubiló de la institución y en esa calidad asiste a las reuniones de la Asociación. Esas destaco entre otras varias que no me tocaron cerca o que no eran tan extrovertidas.
La conversación estuvo riquísima, igual que la comida. Quedamos en reunirnos cada mes. La fecha fijada es la próxima semana en casa de P. Ojalá que no cambien la reunión, porque tengo ilusión de verlas.