Es una parrillada a dos cuadras de la casa. La Pulpería es el tipo de establecimiento para el cual se acuñó la frase: "es un hueco": Ocupa una esquina y adentro entran máximo 15 comensales arrejuntados en diferentes barras. en las ventanas de La Pulpería hay otras dos barras hacia la vereda donde unas ocho personas más pueden comer a la intemperie dándole la espalda a la calle. En días lindos, ponen tres mesas en la acera.
Nos ha llamado siempre la atención este lugar porque siempre que pasamos por allí está repleto y hay gente esperando para sentarse. Es como una multitud en torno a este huequito cuando todos los otros restaurantes del barrio están semivacíos.
La respuesta, aquí no hay sorpresas, es que es bueno y barato. Yo venía con hambre para comerme un buey y pedí el asado, una porción de papas noisette (bolitas de papa crocantes por fuera y soufflé por dentro) y una copa de vino rosado. Las papas las terminé compartiendo con mis vecinitos de barra, dos niñitos african american (padre africano y madre gringa) con quienes charlé toda la comida. El niño mayor se llama William, está en segundo grado, y cuando le pregunté si se llamaba así por William Shakespeare, la mamá me dijo que el niño nació en mismo día que el bardo de Strattford-upon-Avon, así que lo pude sorprender diciéndole que su cumpleaños era el 23 de abril. También le mostré en mi Kindle que estaba leyendo Timon of Athens, escrito por su tocayo.
Tendré que regresar a La Pulpería con J, ya tendré ocasión de conocer al staff, ya que esta vez me entretuve con los dos chiquitos.