Cuando recién llegamos, íbamos al Shopping todos los días. Comíamos con frecuencia en La Pasiva, que es un restaurante de cadena que sirve porciones inmensas de un menú muy variado. También era infaltable la visita al supermercado con nombre musical: Disco. Frecuentamos además el kiosko de Antel, donde compramos los chips pre-pago de los celulares, porque conseguir un plan de celular acá tiene multitud de requisitos que al principio no completábamos. Fuimos varias veces a la farmacia, hasta que un día una dependienta se portó muy antipática con J y le retiramos nuestra clientela.
Yo ahora trato de ir al Shopping lo menos posible. Y cuando voy, sólo es al subsuelo, donde está el Disco, la Pasiva y el cajero. Lo que me molesta del lugar es que siempre estoy desorientada adentro. Es por culpa de las escaleras. Hay que dar vueltas para encontrar las de subida y las de bajada están aún más escondidas. Me imagino que el concepto del diseño es que los compradores pasen frente a la mayor cantidad de vidrieras y se aminen a entrar a los locales. Esa manipulación me produce irritación y ganas de salir corriendo.